Diferencias entre el Arminianismo Clásico – Reformado y el Arminianismo Wesleyano

Introducción

Ya en varias repetidas veces en el grupo de Molinistas y Arminianos, se me ha preguntado acerca de la diferencia entre el Arminianismo Clásico – Reformado y el Arminianismo Wesleyano y la Posición Media Pentecostal, y se me ocurrió hacer este artículo explicando cada una. Tengo un artículo muy parecido llamado, Introducción al Arminianismo, pero en este artículo, daré mas detalles sobre cada una de las posturas.

Arminiansimo Clásico – Reformado

Es el arminianismo tal cual lo propusieron Jacobo Arminio (1560 – 1609), y los Remostrantes, en su Documento de Protesta de 1610, en respuesta a la acusación de herejía por parte de Francisco Gomarus y sus seguidores.

Mucha gente cree, que Arminio difirió totalmente en todo, con Calvino. Incluso, hoy me encontré en una publicación, preguntando cual era la “postura oficial arminiana” sobre la divinidad de Cristo. Creyendo que, el arminianismo, tal vez enseñara en sus postulados el arrianismo (postura no trinitaria, que enseña que Cristo fue un Ser creado por el Padre, una de las tantas herejías que hay).

Pero Jacobo Arminio, era un teólogo, pastor y profesor reformado holandés y como reformado holandés murió. Arminio solo difirió de Calvino en cuanto a la elección incondicional o doble predestinación (el calvinismo en Holanda y en Ginebra, en tiempos de Arminio era supralapsariano y era el calvinismo que Arminio aprendió y enseñaba) y sobre la irresistibilidad de la gracia y el alcance de la Expiación de Cristo (si era universal o de alcance limitado solo a los elegidos). Arminio nunca enseñó que un cristiano se pudiera perder; como lo estipuló: “Abierta y genuinamente afirmo, que nunca he enseñado que un verdadero creyente pueda tanto total como finalmente apostatar de la fe y perecer” (Arminio, pág. 5), aunque, estudiando a los Padres de la Iglesia, se dio cuenta que no era la postura que ellos tenían, por lo que también dijo: “Aun así no negaré (al igual que muchos, muchos otros en la historia de la iglesia) que existen pasajes en las escrituras que parecen indicar este aspecto; y la respuesta a ellos que se me ha permitido ver no es el tipo de respuesta que me permita aprobarlos en todos los puntos de mi entendimiento. Por otro lado, existen pasajes que muestran el otro aspecto de la doctrina y que son dignos de mucha consideración” (Arminio, págs. 5-6), por lo que el punto de la Perseverancia de los santos, Arminio lo dejó en debate abierto (no se alcanzó a definir), al igual que sus alumnos, los Remostrantes, dejaron el artículo #5, sobre la perseverancia en forma de debate abierto.

“Aquellos que son incorporados en Cristo por una fe verdadera, y consecuentemente son hechos partícipes de su Espíritu vivificante, son abundantemente dotados de poder, para que puedan luchar contra Satanás, contra el pecado, contra el mundo y contra su propia carne, y ganar la victoria. Con todo, siempre (queremos que sea bien entendido) con el auxilio de gracia del Espíritu, en todas sus tentaciones, les extiende sus manos, los apoya y fortalece (caso estén listos para luchar, quieran su socorro y no desistan de sí mismos), de modo que, por ningún engaño o poder seductor de Satanás, puedan ser arrebatados de las manos de Cristo, de acuerdo a lo que Cristo dijo en Juan 10.28 “y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano”. Pero, si ellos no son capaces de, por descuido, τὴνἀρχὴντῆςὑποστάσεωςχριστοῦκαταλείπειν (olvidar el inicio de su vida en Cristo), de nuevamente abrazar el presente mundo, de alejarse de la santa doctrina que una vez les fue entregada, de perder su buena conciencia y de actuar con negligencia hacia la gracia; esto debe ser asunto de una pesquisa más exhaustiva en la Sagrada Escritura, antes que podamos enseñar con πληροφορία (entera persuasión) de nuestras mentes” (CCEL.org, 2019).

Para algunos arminianos clásicos – reformados, como la mayoría de los Bautistas Generales, la perseverancia del cristiano es incondicional o eterna. Sus argumentos, prácticamente son los mismos que exponen los calvinistas, y por lo general son apodados “arminianos de cuatro puntos”. Para otros arminianos clásicos – reformados, la perseverancia del cristiano es condicional a la fe, y es una apostasía irreversible (“una vez perdido, por siempre perdido”).

En cuanto a las doctrinas circundantes a la elección incondicional, la gracia irresistible y la expiación limitada, Arminio se mantuvo como reformado. Enseñaba las doctrinas del pecado original y la depravación total, que el libre albedrío del hombre “hacia las cosas de Dios, no solo está entorpecido, dañado, injuriado, torcido y debilitado; si no al mismo tiempo aprisionado, destruido y perdido. Y sus poderes no solo se encuentran debilitados y son inútiles, si no que no tiene poder alguno a no ser que sea despertado y asistido por la gracia divina” (Arminio, pág. 1).  El Dr. Mathew Pinson, un teólogo arminiano clásico reformado, autor para el blog The Gospel Coalition U.S. Edition, en su artículo para este blog, Why Should Arminians Celebrate Reformation 500 (Porque los Arminianos Deberían Celebrar los 500 años de la Reforma), dijo sobre Arminio y su lealtad a las confesiones de fe reformadas (con la excepción de los puntos ya mencionados).

“El leal protestante Arminio se vio a sí mismo como Reformado hasta el día que murió. Él siempre se mantuvo leal, y firme con la Iglesia Reformada, suscribiéndose y públicamente comprometiéndose a la Confesión de Fe Belga y al Catecismo de Heidelberg una y otra vez” (Pinson, 2017).

Para leer el Documento de Protesta de 1610, que presentaron los Remostrantes ante el Estado de Holanda, en español, vean el siguiente link:

Documento de Protesta de 1610 de los Remostrantes

Denominaciones arminianas clásicas  – reformadas

Denominaciones arminianas clásicas – reformadas, son los Bautistas Generales (Bautistas del sur, Iglesia Bautista Americana, Bautistas de Libre Albedrío), una parte de la Iglesia Congregacional (originalmente, son calvinistas), los Menonitas, los Amish, Iglesia de Cristo, algunas denominaciones pentecostales de obra consumada, como lo son las Asambleas de Dios, entre otras.

El Arminianismo Wesleyano

El arminianismo wesleyano, es el arminianismo visto desde la óptica teológica de John Wesley (1703 – 1791), quien es conocido como el padre del metodismo. De adolescente y jóven, había leído las Obras de Arminio y “quedo sumamente impresionado por su lectura” (Bangs Wynkoop, pág. 70). También en su casa, era muy recurrida la lectura de los comentarios bíblicos de Hugo Grocio, el padre del derecho internacional, quien había escapado de prisión perpetua, a la cual había sido condenado en el Sínodo de Dort (1618 – 19), por haber apoyado a los Remostrantes y se había refugiado en Inglaterra. El Rev. Samuel Wesley (el padre de John y Charles Wesley), lo consideraba su comentarista preferido y para John Wesley, Grocio pasó a ser una fuente teológica más relevante y su círculo de Universidad en Oxford que lo fue Arminio” (Pinson J. M., 2006, pág. 27). Más adelante, Wesley era dueño y editor de la revista The Arminian Magazine (El Arminiano), donde Wesley difundía el mensaje de santidad (Bangs Wynkoop, pág. 70).

John Wesley no fue un teólogo sistemático (aunque si fue teólogo), más bien, era un predicador itinerante, por lo que no se preocupó de sistematizar su teología. Toda su teología, esta vertida en sus sermones, artículos, libros y cartas. Las teologías sistemáticas wesleyanas, han sido hechas por teólogos posteriores, como Albert Outler, Orton Willey, H.Ray Dunning, entre otros. La soteriología de Wesley, esta basada en el Ordus Salutis (Orden de Salvación), que se encuentra en su sermón, El Camino a la Salvación de acuerdo a las Escrituras. En este sermón, se puede ver claramente la idea que Wesley tenía sobre la Salvación. Para Wesley, la Salvación, no era algo estático, algo “en el pasado del cristiano”. Un “evento”, en el cual el cristiano aceptó a Cristo en su corazón, y se salvó. Para Wesley, la Salvación era dinámica. No era algo que estaba en el pasado del creyente, sino presente, es por eso que el le llamaba: Salvación Presente. Como la Dra. Mildred Bangs Wynkoop, dice en su libro; Bases Teológicas de Arminio y Wesley.

“La fe de Wesley no era meramente una afirmación intelectual o un don super-agregado por Dios a los elegidos, sino un nuevo modo de vida, la entronización de un nuevo Maestro. Calvino había puesto el énfasis sobre la perfección en la fe. Wesley enseñó que la plena salvación es perfección de amor y obediencia. Una es estática; la otra es dinámica, en que la fe resulta en fidelidad y obras de amor. La fe no es el fin sino el medio para llegar al fin de restaurar al hombre al amor de Dios derramado en el corazón (véase el sermón de Wesley “Justicia de Fe”). “no conocemos otra fe sino la que obra por el amor” (sermón, “Una fervorosa insistencia”). “Ser cristiano significa tener una fe que es activa en el amor” (sermón, “Naturaleza del entusiasmo”)” (Bangs Wynkoop, pág. 68).

Wesley había formado su Ordus Salutis (Orden de Salvación), en un proceso que era confirmado por la experiencia viva de aquellos que responden a la iniciativa de Dios (Garrastegui & Jones, 2002, pág. 69). Este proceso, se conforma de cuatro etapas, en la que la gracia de Dios actúa en la vida del hombre: 1) gracia preveniente, 2) gracia convincente, 3) gracia justificante y 4) gracia santificante. Son cuatro etapas de la gracia de Dios, no cuatro gracias, ya que: “Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia” (Juan 1:16). Esta impartición de “gracia sobre gracia”, Wesley por su “interés en todo lo humano”, la veía como una analogía del crecimiento del hombre (nacer y crecer): “cuando habla de nacer, estar en la familia del Padre y crecer hasta la estatura de un hijo del todo desarrollado” (Kissack, 2015, pág. 61).

Explicaré de forma somera el Orden de Salvación de Wesley:

  1. Gracia Preveniente:

Para Wesley, esta gracia preveniente (del latín preveniens, que significa previo o antecedente) era el primer alborear de la gracia en el alma hasta que es consumada en la gloria” (Wesley, 1996, pág. 70). Es lo que se llama “conciencia natural”, que le da un sentido de moralidad al ser humano (sabe diferenciar el bien del mal). También la definía como “Toda atracción del Padre (Juan 6:44), los deseos que se dirigen hacia Dios, los cuales, si nos rendimos ante ellos, aumentan más y más” (Wesley, 1996, pág. 70). También la veía como, “toda aquella luz con la cual el Hijo de Dios alumbra a todo hombre que viene al mundo (Juan 1:9) (Wesley, 1996, págs. 70-71). Esta gracia preveniente, le da al hombre una noción básica de Dios, que puede variar de hombre a hombre, ya que esta gracia enseña “a todo hombre a hacer justicia, amar misericordia y a humillarse ante su Dios” (Wesley, 1996, pág. 71). Wesley afirmaba, que esta gracia preveniente, era resistible, ya que, “todas las convicciones que su Espíritu de tiempo en tiempo opera en todo ser humano. Aunque es verdad que la generalidad de las personas las sofocan tan pronto como pueden y luego de un rato olvidan, o por lo menos niegan, haberlas tenido alguna vez” (Wesley, 1996, pág. 71).

La gracia preveniente, no es salvífica, ni tampoco es una gracia habilitadora o que convence para la salvación, como muchos calvinistas mal interpretan (por ignorancia, o a veces con mala intención), en las que afirman, como el blog, Sujetos a la Roca, en su artículo, La Doctrina Antibíblica de la Gracia Preveniente, donde afirma:

“Para los arminianos/wesleyanos esta gracia preventiva contrarresta la acción de la caída en los hombres, sin embargo no regenera. Esta gracia viene de Dios y es otorgada a todos los hombres, es decir, es universal. La idea es que Dios le da una oportunidad a todos los hombres de ser salvos, esperando que algunos respondan afirmativamente” (Sujetos a la Roca, 2009).

O que, esta gracia lleva al hombre a un “estado neutral”, o a un “estado antes de la caída”, donde “les da libre albedrío para que puedan ser ellos quienes escogen o no a Dios. Con esta gracia, Dios neutraliza los efectos de la caída en los hombres. Él le provee a todos los hombres una gracia que les permite tener la habilidad de escoger o rechazarle” (Sujetos a la Roca, 2009). Wesley era un ferviente creyente de la doctrina del pecado original y la depravación total. Como dice la Dra. Mildred Bangs Wynkoop: “El arminianismo wesleyano se opone al liberalismo pelagiano al insistir en nuestra necesidad de Cristo el Redentor que debe salvarnos de nuestro pecado actual y del innato” (Bangs Wynkoop, pág. 71), y continua:

“Wesley no puso su énfasis sobre el libre albedrío como muchas veces se supone. Insistía en la gracia libre o gracia preventiva [preveniente] al alcance de cada uno y de todos los hombres y que explica todo lo bueno que se halla en el mundo. El hombre natural es diabólico, malo y completamente corrupto. Si hay algo de bueno en cualquiera de los seres humanos se debe solamente a la gracia de Dios. El hombre esta completamente pervertido e imposibilitado en sí mismo. La gracia es responsable de todo lo bueno o cualquier capacidad que haya en el hombre. Ni siquiera el cristiano, por más establecido que esté, posee bondad en sí mismo” (Bangs Wynkoop, pág. 71).

Wesley solo veía a la gracia preveniente, como una preparación para la predicación del Evangelio, para que el hombre, totalmente depravado, no estuviera obligado a rechazar el Evangelio, que es lo único que puede hacer un hombre en su estado natural, sin la ayuda de la gracia. Esto es de manera muy similar a lo que propone la doctrina neocalvinista de la gracia común, como lo expresa Wayne Grudem, para el artículo, ¿Qué es la gracia común?en Coalición por el Evangelio.

“La gracia común no cambia el corazón humano ni lleva a las personas al arrepentimiento genuino y a la fe, y, por tanto, no puede salvar a las personas (aunque en la esfera intelectual y moral puede proporcionar algo de preparación para hacer que las personas estén más dispuestas a aceptar el evangelio)” (Grudem, 2020).Gracia Convincente.

2. Gracia Convincente

La gracia convincente, es el convencimiento de pecado por el Espíritu Santo (Juan 16:8), la cual, por lo general, es dado en la predicación del Evangelio. Garrastegui y Jones, la definen de la siguiente manera:

“La gracia convincente es el proceso por el cual el Espíritu Santo despierta a los pecadores dormidos y los confronta con su verdad. Conocerse uno mismo es el corazón del arrepentimiento. Es el comienzo de la restauración del conocimiento sobre el propio ser y sobre Dios y los caminos de Dios perdidos por culpa del pecado” (Garrastegui & Jones, 2002, pág. 72).

Wesley veía que esta gracia convincente, hería a la audiencia que escuchaba el Evangelio en sus sermones al aire libre con las Saetas del Todopoderoso. Era común que la gente diera gemidos desgarradores o que cayera al suelo mientras Wesley predicaba. Las manifestaciones de posesiones de demonios eran cosa común en las campañas evangelísticas de Wesley, “donde él hubo de practicar lo que hoy se llama el ministerio de liberación” (Garrastegui & Jones, 2002, pág. 76). El Dr. Brian J. Bailey, en su libro, Liderazgo, nos dice sobre estos fenómenos sobrenaturales en las reuniones de Wesley.

“En estas reuniones, comúnmente había manifestaciones de personas, posiblemente poseídas por demonios, que eran liberadas, mientras que otras experimentaban alguna bendición del Señor, así que las reuniones eran bastante ruidosas. Los obispos, los clérigos y aun Whitefield escribieron quejándose de estas escenas. Sin embargo, Wesley se dio cuenta que en estas reuniones había blasfemos clamando por misericordia, pecadores tirados en el suelo en profunda convicción de pecado, e incluso médicos viendo que las personas a las que personalmente habían cuidado, estaban siendo sanadas bajo la obra del Espíritu Santo” (Bailey, 2010, pág. 148).

En esta etapa de la gracia divina, es el único momento en que el libre albedrío del hombre es libre para escoger al Señor o rechazarlo y quedar bajo la ira de Dios (Juan 3:36b).

3. Gracia Justificante

Wesley tuvo grandes y largos debates con Whitefield y los reformados sobre el tema de la Justificación imputada, los cuales, los reformados, decían que Wesley no creía en ella, y también sobre las causas “meritorias” y “formales” de la justificación, que como dice la nota al pie de página del Dr. Justo L. González, del sermón “A la muerte de Jorge Whitefield”, que dice: “Este conflicto entre las causas «meritoria» y «formal» de la justificación fue uno de los temas controversiales entre Wesley y los calvinistas, incluyendo a Whitefield”, sobre el comentario de Wesley, en el sermón funeral de George Whitefield.

“¿Quién puede levantar a los que están muertos, espiritualmente muertos en pecado? Nadie, sino aquél que nos levantó del polvo de la tierra. Mas ¿sobre qué consideración hará esto? No por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho. No alabarán los muertos al Señor. Ni hacen nada por motivo de lo cual deberían ser levantados a la vida. Por tanto, cualquiera cosa que hace Dios, la hace sólo por causa de su Hijo amado: él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. Llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero. El cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación. Esta es, entonces, la única causa meritoria de toda bendición que hacemos o podemos gozar; en particular de nuestro perdón y aceptación de Dios, de nuestra plena y libre justificación. Mas, ¿por qué medios llegamos a interesarnos en lo que Cristo ha hecho y sufrido? No por obras, para que nadie se gloríe, sino sólo por la fe. Concluimos, dice el apóstol, que el hombre es justificado por la fe sin las obras de la ley. Así que, a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Wesley, 1996, págs. 289-290).

Wesley dividía a la justificación en dos etapas: 1) Justificación imputada (también llamada, Justificación presente)y 2) Justificación plena o Justificación impartida. La justificación imputada, Wesley la veía como “el perdón de todos nuestros pecados y lo que está implícito en ello: nuestra aceptación por Dios” (Wesley, 1996, pág. 71). Wesley equiparaba a la justificación imputada con el nuevo nacimiento y la santificación inicial.

“Y en el mismo momento en que somos justificados, sí, en el mismo momento, comienza la santificación. En ese instante nacemos de nuevo, nacemos de arriba, nacemos del Espíritu. Es un cambio real, así como también relativo. Somos renovados interiormente por el poder de Dios. Sentimos que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado, produciendo amor a todo el género humano, y más especialmente a los hijos de Dios; expulsando el amor al mundo, el amor al placer, al ocio, a los honores, al dinero, juntamente con el orgullo, la ira, el egocentrismo, y toda otra mala tendencia; en una palabra, cambiando la mente terrenal, sensual, diabólica por el sentir que hubo en Cristo Jesús”” (Wesley, 1996, págs. 71-72).

La justificación plena o justificación impartida, se refiere a las buenas obras que son resultado de la santificación. Durante la santificación, nuestras obras están siendo justificadas, o somos hechos justos. El Dr. Paul G. Caram, uno de mis profesores de teología, en su libro, Fundamentos de la Fe, lo compara como la justificación de los márgenes de un documento.

“En el proceso de impresión, esto es literalmente llamado “justificación”. Él tiene que justificar (o enderezar) los márgenes torcidos antes de imprimir. La justificación es un proceso continuo en nuestra vida espiritual. Cristo continuamente está enderezando nuestros caminos torcidos. Entre más somos justificados, más paz tenemos” (Caram, 2012, pág. 109).

 Estas buenas obras, que están siendo hechas como resultado de la santificación, “serán aceptadas como «condición» final de salvación. Estas buenas obras por lo tanto, serán parte necesaria de «la santidad, sin la cual nadie verá al Señor». (He. 12.14)” (Garrastegui & Jones, 2002, pág. 87). Estas buenas obras, no definirán nuestro destino eterno (no somos salvos por obras), sino nuestro grado de recompensa (1 Cor. 15:40-41).

Podemos resumir entre justificación imputada y justificación impartida, como lo hizo mi profesor, el Dr. Paul G. Caram.

  1. Justicia imputada: somos contados justos, aunque no somos justos (Ro. 4:1-8).
  2. Justicia impartida: hemos sido hechos justos (Col. 3:10; Ap.19-8).

Y prosigue:

“La justicia mencionada en Romanos 4:1-8 es justicia imputada. Simplemente porque creemos en Cristo, Aquel que justifica al impío, somos contados justos. Somos completamente perdonados y limpiados de todas las transgresiones, porque pusimos nuestra confianza en Aquel que pagó nuestra deuda. Pero aún hay muchas áreas en nuestra vida que no están rectas. La justicia de Apocalipsis 19:7-8 es una vestidura. Es una palabra que significa “obras justas”. La Novia madura está vestida de justicia y obras justas. Ella ha sido hecha justa. Ella es clara como el cristal y transparente como el vidrio. Ésta es justicia impartida, justicia que ha sido obrada” (Caram, 2012, pág. 109).

4. Gracia Santificante

Es lo que Wesley denominaba como Entera Santificación o Perfección Cristiana. Es una de las doctrinas más polémicas de Wesley. No solo ha sido polémica “desde fuera”, del metodismo wesleyano (Whitefield criticó muy duramente a Wesley por esta doctrina y muchos otros teólogos reformados de su época), sino incluso como polémica “interna”, ya que, incluso Charles, el hermano menor de John Wesley, difirió de su hermano en esta doctrina.

Charles Wesley (1707 – 1788), fue el hermano menor de John Wesley, y fue un gran himnólogo (compositor de himnos), componiendo alrededor de más de 5,000 himnos, que sirvieron para propagar el metodismo en Inglaterra, y posteriormente al mundo entero. No solo era himnólogo, sino que fue un teólogo (estudio en Oxford con su hermano, y cofundó el Club Santo). En los primeros himnarios publicados por Charles, no parece diferir mucho de la teología de su hermano mayor, porque “John Wesley se apropiaba para sí mismo una supervisión estricta de la publicación de los recursos Metodistas, por lo que, la mayoría del trabajo de Charles cayó bajo la edición de su hermano mayor” (Penn State University Press, 2010, pág. 30). Incluso, aunque su hermano John reconocía que la mayor parte de la composición de himnos era de su hermano menor Charles, John decía que “una pequeña parte” de tal trabajo “era fruto de su propia composición” (Penn State University Press, 2010, pág. 30). Pero en 1749, Charles publicó un himnario sin la supervisión de su hermano mayor llamado, “Himnos y Poemas Sacros”, donde contradecía a su hermano John sobre la doctrina de la Perfección Cristiana, y posteriormente, en 1762, publicó un himnario llamado; “Himnos cortos de pasajes selectos de las Escrituras”; donde también contradecía a su hermano. Uno de estos himnos decía:

“Tu que hiciste la tierra y los cielos,

Un mundo en seis días, trabajo tuyo;

Tu que ofreciste a la nueva creación el levantarse,

¡Noble efecto de la gracia divina!

Nosotros nos levantaremos a tu mandato,

Para la gloria en una reunión instantánea,

Pero por tu voluntad, aún estaremos de pie,

Completos en una santificación gradual” – Charles Wesley

(Penn State University Press, 2010, pág. 35).

En lo que estaba contradiciendo Charles Wesley a su hermano John, era en la santificación gradual. John Wesley, enfatizaba que la Perfección Cristiana, era una experiencia de crisis instantánea, aunque era “siempre precedida por una obra gradual” (Wesley, La Perfección Cristiana, 2008, pág. 115). Muchos reformados, al ver esta controversia entre hermanos por este tema de la Perfección Cristiana, hacen creer que, porque Charles abogaba por una santificación gradual, más que por una santificación total instantánea, se estaba refiriendo a la Santificación progresiva “no perfeccionista” del modelo de santificación reformado; pero esto no es así. De hecho, Charles Wesley, tenía una visión mucho más elevada sobre la Perfección, que su hermano John. En el mismo himno que cite anteriormente, la siguiente estrofa dice:

“¿En un instante desarraigará Dios la semilla del pecado y plantará la perfección en el corazón?

No, sino que una vida gradual manda, difusa en el alma fiel,

Se extiende a las acciones, palabras y pensamientos,

Y lentamente, santifica por completo” – Charles Wesley

(Penn State University Press, 2010, pág. 35).

Charles Wesley, aunque creía que la santificación, era más una obra gradual, que una obra instantánea, creía que el alcance de esta santificación, era total (no parcial, como los reformados enseñan), y no solo eso, sino que creía en la doctrina – herejía de la erradicación de la naturaleza pecaminosa, doctrina que su hermano trataba siempre de alejarse, cuando se le preguntaba si esta Perfección Cristiana, era una “perfección sin pecado”, John siempre respondía: “No vale la pena discutir sobre un término o palabra. Es “salvación del pecado”” (Wesley, La Perfección Cristiana, 2008, pág. 115), es decir, salvación del poder del pecado. La respuesta de John Wesley a su hermano Charles fue contundente.

“John Wesley creía que su hermano predicaba una doctrina de perfección de “alto estrés” (inalcanzable), que era por muy lejos, alcanzable por los seres humanos. El creía que si Charles continuaba promoviendo la completa erradicación del pecado – incluso de transgresiones involuntarias por “desordenes nerviosos” – entonces, no era posible de poner tal doctrina en práctica, porque, en sus palabras, “llevaba fuera de este mundo esta enseñanza”” (Penn State University Press, 2010, pág. 38).

Aunque esta controversia sirvió para que John Wesley “balanceara” esta tensión entre la diferencia de obra gradual y la obra instantánea, en la santificación, a mediados del siglo 19, en los EUA, el Movimiento de Santidad, volvió a enfatizar la experiencia de crisis instantánea, y la erradicación de la naturaleza pecaminosa, pero ahora yendo más lejos que Charles Wesley; quitando por completo toda obra gradual. Esta es la “versión” más atacada por los calvinistas – reformados, al ser la versión más débil, que incluso fue desechada por herética por la Iglesia Metodista Episcopal, la iglesia de donde salieron los fundadores del Movimiento de Santidad. Yo explicaré de manera somera la Perfección Cristiana, enseñada por el metodismo tradicional (para diferenciarlo del wesleyanismo del Movimiento de Santidad).

Wesley definía a la perfección cristiana como, “amor perfecto (1 Juan 4:18). Esta es su esencia; sus propiedades o frutos inseparables son: estar siempre gozosos, orar sin cesar, y dar gracias en todo (1 Tes. 5:16)” (Wesley, La Perfección Cristiana, 2008, pág. 115). También la definía como “pureza de intención”: “En un sentido es pureza de intención, dedicación de toda la vida a Dios” (Wesley, La Perfección Cristiana, 2008, pág. 118), una rendición total: “Es darle a Dios todo nuestro corazón, es decir el permitir que El gobierne nuestra vida”  (Wesley, La Perfección Cristiana, 2008, pág. 118), esta rendición total, también incluía una rendición de nuestros bienes terrenales y de nuestro tiempo: “Es además, dedicar no solo una parte, sino toda nuestra alma, cuerpo y bienes a Dios”  (Wesley, La Perfección Cristiana, 2008, pág. 118), una renovación de la mente, o “tener toda la mente que hubo en Cristo, que nos capacita para andar como Él anduvo”  (Wesley, La Perfección Cristiana, 2008, pág. 118), una “circuncisión del corazón”, que es una “limpieza profunda”, que limpia de “toda inmundicia, tanto interior como exterior”  (Wesley, La Perfección Cristiana, 2008, pág. 118), también, la definía como, “Una renovación del corazón (carácter, sentimientos, intenciones) a la completa imagen de Dios, a la completa semejanza de Aquel que nos creó”  (Wesley, La Perfección Cristiana, 2008, pág. 118).

Al parecer, esto parece una santidad intachable, o una perfección absoluta (sin error o defecto), pero esto no era lo que enseñaba Wesley. Wesley hacía una diferenciación entre la perfección absoluta, que decía: “La perfección absoluta pertenece no a hombres ni a ángeles, sino solo a Dios” (Wesley, La Perfección Cristiana, 2008, pág. 115), y también la diferenciaba de la inefabilidad, ya que decía: “No hace al hombre infalible; ninguno es infalible mientras permanezca en este mundo” (Wesley, La Perfección Cristiana, 2008, pág. 115). Para Wesley, era “victoria sobre el pecado” o “salvación del pecado”. Los reformados, o cristianos que no comparten el modelo wesleyano de santificación, citan siempre Romanos 7:24, que dice: “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?”, para “demostrar” que “en este lado de la eternidad, no hay liberación total del pecado” (lo “tomé prestado” de un libro de Teología Wesleyana que estoy leyendo, donde el autor, un pastor de la Iglesia del Nazareno, no cree en la Santificación total). Lo que no saben, es que Pablo estaba hablando “como humano, por vuestra humana debilidad” (Rom. 6:29a). Pablo no se queda con la derrota del pecado, en la que el no puede hacer nada por vencer al pecado (ya que ésta hablando como un humano en su “estado natural”), sino que en el versículo 25 del capítulo 7 dice: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado”. Aquí, Pablo está describiendo el estado de un cristiano recién nacido”, donde la “ley del pecado”, aún tiene dominio en una parte del cristiano. Los cristianos que se atienen al modelo reformado, creen que este estado, es permanente en la vida del cristiano; pero no siguen leyendo el capítulo 8. En el capítulo 8, el Apóstol Pablo, describe al cristiano victorioso, aquel que “no anda conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Rom. 8:1b). Pablo dice que: “la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (v. 2) y que, “lo que era imposible para la ley”, ¿A que se refiere? A la libertad del dominio del pecado, “Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (v. 3b-4). Pablo esta describiendo a un cristiano que ha tenido victoria sobre el pecado, ya que está viviendo, conforme al Espíritu.

Así como Wesley veía que un hombre podía llegar a un estado de perfección en amor, o victoria sobre el pecado, ya que, tampoco creía en la herejía de la erradicación de la naturaleza pecaminosa, creía que este estado de perfección no era permanente, sino que, aún el cristiano perfecto, podría “errar y también perderla” (Wesley, La Perfección Cristiana, 2008, pág. 115), he incluso al grado de apostatar de la fe. Aunque la gracia santificante, auxilia al hombre en su santificación y para tener victoria sobre el pecado, el hombre tiene libre albedrío para que con su voluntad (a contrario que muchos Bautistas Generales o “arminianos de cuatro puntos” creen), salirse del camino de la fe. Aunque la apostasía para John Wesley, es posible en el cristiano, esta puede ser reversible por medio del arrepentimiento.

Denominaciones arminianas wesleyanas

Todos los Concilios Metodistas y denominaciones salidas del Movimiento de Santidad, alrededor del mundo adscritos al World Methodist Council. Iglesias salidas del Movimiento de Santidad, son la Iglesia del Nazareno, la Wesleyan Church, la Free Methodist (Metodista Libre), entre otras. Las denominaciones pentecostales, de la rama del Pentecostalismo de santidad (pentecostalismo wesleyano), como la es la Church of God of Cleveland (Iglesia de Dios de Cleveland), la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile, entre otras.

Diferencias principales con el Arminianismo Clásico – Reformado

  1. El alcance universal de la “Gracia Preveniente”.

Ya vimos que para Wesley, la gracia preveniente, era una iluminación de la conciencia natural, y esta iluminación, es de carácter o alcance universal, que “emana de la cruz”.  Para Arminio, y el arminianismo clásico – reformado, la gracia preveniente, es una especie de regeneración previa, como en el calvinismo, pero esta puede ser resistida.

En el Documento de Protesta de 1610, los Remostrantes, después de describir el estado profundo de apostasía del hombre desprovisto de la Gracia divina, diciendo:

“El hombre no posee fe salvadora por sí mismo, ni a partir del poder de su libre albedrío, visto que, en su estado de apostasía y de pecado, no puede, de sí y por sí mismo, pensar, querer o hacer, algo de bueno (que sea verdaderamente bueno tal como es, primeramente, la fe salvadora)” (CCEL.org, 2019).

Proceden a declarar que: “es necesario que Dios, en Cristo, por su Espíritu Santo, lo regenere y lo renueve en el intelecto, en las emociones o en la voluntad, y en todos sus poderes, con el fin de que él pueda correctamente entender, meditar, querer y proseguir en lo que es verdaderamente bueno, como está escrito en Juan 15.5 “porque separados de mí nada podéis hacer” (CCEL.org, 2019). Para Arminio, no había ningún tipo de controversia con el calvinismo, sobre si la regeneración del Espíritu Santo, debía de ser previa a la fe. Para Arminio, la controversia con el calvinismo, se centraba solamente en que si esta regeneración previa, podía ser resistida o no. Arminio declara en sus obras:

“Ya que toda la controversia se reduce a la respuesta de la siguiente pregunta: “¿es la gracia de Dios una fuerza irresistible?”, dicho de otra manera, la controversia no tiene que ver con aquellas acciones u operaciones que puedan ser atribuidas o no a la gracia (ya que he reconocido y enseñado cuantas de estas acciones u operaciones un maestro pueda haber enseñado) si no que se reduce estrictamente al modo de operación, si es irresistible o no. Con respecto a lo cual, creo, de acuerdo a las escrituras, que muchas personas resisten al Espíritu Santo y rechazan la gracia que se les ofrece” (Arminio, págs. 2-3).

Como ya vimos anteriormente, para Wesley, la gracia preveniente, no es una regeneración previa, sino una iluminación.

En cuanto a su alcance, la mayoría de los calvinistas (incluso a grados altos de teólogos y maestros de renombre), confunden severamente el concepto arminiano reformado de la gracia preveniente, con el concepto wesleyano. En su colaboración para el libro, Gracia sobre gracia, el pastor Sugel Michelén, dice de la creencia de Arminio en una gracia previa. El dice:

“Según Arminio, Dios concede a todos los hombres una gracia previa que hace posible la salvación de todos, al equipar el libre albedrío con la capacidad de responder afirmativamente al llamado del evangelio, pero sin asegurar la salvación de ninguno. Esta gracia previa es universal, pero no irresistible” (Michelén, 2015, pág. 38)

Pero para Arminio y los Remostrantes, esta gracia previa, no es de alcance universal, ya que solamente la reducen a la predicación del Evangelio, por lo que solamente los que escuchan la predicación del Evangelio, son partícipes de esta gracia preveniente o gracia previa, no todo el mundo, como resultado de la Expiación Universal de Cristo. Como dice el Dr. Robert E. Picirilli, en su libro, Gracia, Fe y Libre Albedrío.

“A diferencia del arminianismo wesleyano, que habla de la gracia preveniente como algo emanando desde la cruz en forma generalizada, revirtiendo en forma universal la depravación humana, y otorgando la libertad a toda persona para aceptar o rechazar el evangelio; el arminianismo reformado mantiene que la gracia preveniente sólo es otorgada mediante la predicación del evangelio. Es la palabra de Dios el instrumento usado por el Espíritu como base de convicción, persuasión y capacitación; siendo solamente posible abrir el corazón del pecador cuando se escucha en forma activa la predicación del evangelio” (Picirilli, 2012).  

2. La Justificación Imputada

Como ya vimos anteriormente, para el arminianismo wesleyano, la doctrina de la justificación imputada, es una simple declaración de justicia sobre el creyente; es decir, el creyente es declarado justo, pero eso no quiere decir que ya en ese momento, la Justicia de Cristo mora en él. Para el arminianismo clásico – reformado, la Justicia de Cristo, es imputada al cristiano en el momento de creer en Cristo, por la obediencia activa y pasiva de Cristo en la cruz. Como lo dice, el Dr. Mathew Pinson, en su libro, La Seguridad de la Salvación.

“Los arminianos reformados siguen el ejemplo del propio Arminio y difieren, por tanto, de la corriente principal del arminianismo posterior. Son reformados en su idea del pecado original, la depravación, la incapacidad humana, la naturaleza de la Expiación, la Justificación, la Santificación y la vida cristiana. Los arminianos reformados suscriben la idea de la satisfacción penal de la Expiación y de la Justificación mediante la imputación al creyente de la obediencia activa y pasiva de Cristo” (Pinson J. M., 2006, pág. 26).

3. La “Santificación Total” o “Perfección Cristiana”

Los arminianos clásicos – reformados, provienen de denominaciones que no tienen conexión histórica ni doctrinal con John Wesley y el metodismo o el Movimiento de Santidad, como lo son bautistas generales, menonitas, amish, Iglesia de Cristo o algunas denominaciones pentecostales de obra consumada (de trasfondo bautista, como las Asambleas de Dios) y carismáticos que no son de trasfondo metodista o wesleyano (el Movimiento Carismático de segunda ola, se compone de protestantes de diferentes denominaciones históricas que aceptaron la enseñanza del Bautismo en el Espíritu Santo, aunque hay muchos carismáticos independientes).

Los arminianos clásicos – reformados, se adhieren a las doctrinas reformadas de la justificación imputada  y de la santificación progresiva “no perfeccionista”, o modelo de santificación reformado. Como lo expresa el Dr. Roger Olson, en su panfleto informativo, “Arminianismo, preguntas frecuentes”, respondiendo a la pregunta #6: ¿Cuál es la diferencia entre el Arminianismo y el Wesleyanismo?

“No todos los arminianos son wesleyanos. ¡Ciertamente Arminio no lo fue! Él vivió un siglo antes de Wesley. Los Bautistas Libres, muchos pentecostales (por ejemplo, Asambleas de Dios), y restauracionistas (por ejemplo, Iglesias de Cristo y Cristianos Independientes) son arminianos sin ser wesleyanos. Pero todos los wesleyanos (que yo conozco) son arminianos (aunque no a todos les gusta ese rótulo). Los wesleyanos añaden al arminianismo la idea de “perfección cristiana” (que diferentes wesleyanos definen de maneras diferentes). Los arminianos no wesleyanos no creen en la “plena santificación“” (Olson, 2018, págs. 6-7)

El Dr. Mathew Pinson, en su entrevista para The Gospel Coalition U.S. Edition, llamada, Meet a Reformed Arminian (Conozca a un Arminiano Reformado), es más puntual acerca de la doctrina de santificación en el arminianismo clásico – reformado.

“Los Arminianos Reformados difieren grandemente del perfeccionismo, santificación total y la orientación basada en experiencia de crisis, que tiene mucho del Arminianismo” (Robinson & Pinson, 2016).

4. La posibilidad de la “reversibilidad” de la apostasía

Para Wesley, el pasaje de Hebreos 6:4-6, no significaba para él, que un cristiano que peca conscientemente, ya no tiene la posibilidad de arrepentimiento, como el sector del arminianismo clásico – reformado cree. En su sermón, Un llamado a los apóstatas, Wesley menciona el trasfondo a quien el autor anónimo del tratado a los Hebreos, está dirigiendo la severa amonestación de: “es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio (Hebreos 6:4-6), para Wesley, el autor anónimo, no esta hablando de cualquier cristiano que peca conscientemente después de ser salvo, sino que hace referencia a los judíos que hacían presión a los cristianos de origen judío, para apostatar de su cristianismo, les pedían que en medio de la sinagoga, “en términos explícitos” , declararan que: “Jesús de Nazaret era un engañador al pueblo y que el sufrió el castigo justo por sus crímenes” (Wesley, Sermon 86: A Call to Backsliders, pág. 9). Para Wesley, el volver a crucificar a Cristo, solo era posible, por medio de una declaración pública de renuncia a la fe en Cristo, ya que pregunta: “¿Quién de ustedes ha caído de tal manera que ha “crucificado de nuevo al Hijo de Dios”? Ninguno de ustedes” y anima a su audiencia con palabras de ánimo: “Entonces ven, ¡y deshecha tus miedos innecesarios! “Ven valientemente al Trono de la gracia”. El camino está aún abierto. Tu dirás de nuevo: “obtén misericordia, y encuentra gracia para ayudar en tiempo de necesidad”  (Wesley, Sermon 86: A Call to Backsliders, pág. 9). Para Wesley, un apóstata, que no ha renunciado públicamente a la fe en Cristo, podría regresar, no solo una vez, sino incontables veces.

“Si alguien pregunta: «¿Puede algún verdadero apóstata hallar misericordia de parte de Dios? ¿Puede alguien que ‘ha naufragado en cuanto a la fe y a una buena conciencia,’ recuperar lo que ha perdido? ¿Conoce usted algún caso en que alguna persona que halló redención en la sangre de Jesús, y cayó, fuera después restaurada, ‘renovadas de nuevo para arrepentimiento?’» Rotundamente sí, sin duda y no solo una persona ni cien; estoy convencido de que son varios millares….De hecho, caer y ser restaurado es una experiencia tan común a muchos creyentes, que lo que sí es poco frecuente es encontrar a alguno que no sea consciente de haberse apartado de Dios, en alguna medida, y quizá más de una vez, antes de ser establecido definitivamente en la fe” (Wesley, Sermon 86: A Call to Backsliders, pág. 10).

Esto se ha mal interpretado, que Wesley creía que un cristiano, podría “perder y recuperar incontables veces su salvación”, pero esto no es enseñado en ninguna iglesia metodista, ni es lo que Wesley quiso decir, como el Dr. Mathew Pinson comentó:

“El entendimiento de la apostasía en el Arminianismo Reformado, revira totalmente del entendimiento wesleyano en que los individuos repetidamente caen de la gracia por cometer pecados individuales y que repetidamente pueden ser restaurados a un estado de gracia por medio de la penitencia (arrepentimiento)” (Robinson & Pinson, 2016).

Posición Media Pentecostal

Para mí es un tema muy sensible, ya que ha salido de mi propia investigación de la soteriología en el pentecostalismo clásico (yo crecí en el pentecostalismo de santidad) y algunos hermanos pentecostales se me han ofendido al leerme o escucharme, tocando este tema y espero expresarme correctamente para que no se me mal entienda, ya que no quiero que se me entienda que los “pentecostales no son arminianos”, como ya me ha pasado.

Estudiando la historia del pentecostalismo y sus raíces teológicas, podemos encontrar, que el pentecostalismo clásico, es un “hijo”, del Movimiento de Santidad, que surgió y predominó en el siglo 19 (el pentecostalismo surgió a principios del siglo 20, en el año de 1901). Tanto Charles F. Parham como William Seymour, provenían de trasfondos wesleyanos. Parham, había sido un pastor laico (una especie de “co-pastor”), de la Iglesia Metodista Episcopal, que había abandonado su iglesia de origen para irse al Movimiento de Santidad, y Seymour, provenía directamente del Movimiento de Santidad. Se podría decir, que la teología pentecostal original, propuesta por Parham, era la “teología perfeccionista básica arminiana heredada del movimiento de santidad” (Synan, 2006, pág. 122), con la adición de la enseñanza de la evidencia inicial del Bautismo en el Espíritu Santo. Para Parham, el cristiano, debía experimentar tres bendiciones en su vida cristiana. Estas tres bendiciones, son: 1) La justificación, 2) la santificación total, como una segunda obra de gracia definitiva donde “se alentaba a los creyentes a abandonar toda raíz de amargura y pecado original para que nada les impidiera recibir el Espíritu” (Synan, 2006, pág. 121) y 3) El Bautismo en el Espíritu Santo, que “coronaba” la santificación total con la experiencia de hablar en otras lenguas.

Esta teología perfeccionista básica arminiana, de las tres bendiciones, con la adición de las lenguas como la evidencia inicial del Bautismo en el Espíritu Santo, fue enseñada por William Seymour, desde el año de 1907, en la Misión Apostólica de la Calle Azuza. Con el pasar del tiempo, el movimiento pentecostal de la calle de Azuza, paso de ser un movimiento de avivamiento totalmente wesleyano, a ser un movimiento interdenominacional, ya que empezaron a llegar cristianos de diferentes trasfondos “no wesleyanos”, especialmente bautistas generales. Para estos cristianos, la santificación, más que ser una experiencia de crisis, como una segunda obra de gracia definitiva, la veían como el modelo de santificación reformado la ve; como una obra de santificación posicional al momento de creer y una santificación gradual o progresiva que dura toda la vida cristiana, sin la posibilidad de llegar a ser perfectos, hasta el día de la resurrección. Estos cristianos “no wesleyanos”, empezaron a “chocar” con la enseñanza perfeccionista de las tres bendiciones, que había enseñado anteriormente Parham y que Seymour estaba enseñando en Azuza, pero no se atrevían a contradecirlo. En 1910, un pastor bautista, de la ciudad de Chicago Illinois, que había recibido el Bautismo en el Espíritu Santo con la evidencia inicial de hablar en otras lenguas, sin el haber dado fe de haber obtenido una santificación total, comenzó a escribir en contra de la doctrina de las Tres bendiciones. Este pastor era William H. Durham, quien, en la Convención Pentecostal en Chicago, había predicado un sermón controversial llamado, “La Obra Consumada en el Calvario”.  Durham negaba que se necesitaban “dos obras de gracia para salvar y limpiar a un hombre” (Synan, 2006, pág. 154). En un artículo para su periódico “El Testimonio Pentecostal”, dijo:

“Negué y aun niego, que Dios no resuelva la naturaleza del pecado en la conversión. Niego que un hombre que se convierte o nace de nuevo, sea lavado o limpiado exteriormente, mientras su corazón queda manchado de enemistad contra Dios en su interior” (Synan, 2006, págs. 154-155)

Durham encendió todo un incendio de controversia dentro del pentecostalismo, hasta el punto que fue expulsado de la Misión Apostólica de la Calle Azuza, en el año de 1911, pero para el año de 1915, a pesar de la férrea oposición de los pentecostales wesleyanos y los mismísimos Parham y Seymour, la posición de “La obra consumada” de Durham, en la cual, el cristiano solo experimenta dos bendiciones en su vida cristiana: 1) La conversión, que incluye la santificación posicional, y con el tiempo, crece en gracia y 2) El Bautismo en el Espíritu Santo con la evidencia de hablar en otras lenguas y que da al cristiano un empoderamiento para servir; “era la posición teológica preferida por aproximadamente la mitad de los pentecostales” (Synan, 2006, pág. 155). Las Asambleas de Dios, se formaron en el año de 1914, en su mayoría, por seguidores de William H. Durham, adherentes a la obra consumada, es por lo cual a Durham se le conoce como “el padre teológico de las Asambleas de Dios” (Synan, 2006, pág. 153). La posición de la obra consumada, es la posición favorita sobre la santificación, hoy en día de la mayoría de pentecostales y carismáticos.

Con esta información, creo que sería fácil deducir, que los pentecostales wesleyanos, se adhieren al arminianismo wesleyano, y los pentecostales de obra consumada, se adhieren al arminianismo clásico – reformado, pero no es así de simple. En este punto, un hermano pentecostal, como le decimos coloquialmente en México, “ardido”, me podría citar la obra magistral del Dr. Stanley M. Horton, “Teología Sistemática, una perspectiva pentecostal”, donde dice: “La mayoría de los pentecostales tienden a seguir el sistema arminiano de teología, viendo la necesidad de respuesta al evangelio y al Espíritu Santo por parte de la persona” (Horton, pág. 46); pero el término, “la mayoría”, no significa “la totalidad”.

En 1937, el Rev. Myer Pearlman, un teólogo graduado del seminario de las Asambleas de Dios, en Springfield Missouri, el Central Bible Institute, escribió un libro que pronto se convertiría en un ícono de la teología pentecostal: Knowing the Doctrines of the Bible (en español, Teología Bíblica y Sistemática). Se escribió en un punto de la historia del pentecostalismo, donde el movimiento, mandaba misioneros “al por mayor” alrededor del mundo (hasta le fecha, el movimiento pentecostal, es el movimiento de más expansión misionera en el mundo). Dado que en muchos de los países a donde iban estos misioneros pentecostales, no tenían ni seminarios ni institutos bíblicos pentecostales locales, se necesitaba el capacitar obreros locales, para que sirvieran en estas nuevas iglesias pentecostales nacionales, por lo que este libro se convirtió en “el manual teológico clásico, sin rival, en la obra misionera para la enseñanza y preparación de obreros pentecostales nacionales” (Branco). Este libro de teología sistemática, es un libro completo que “en lenguaje sencillo y con planteamientos competentes ofrece una teología seria y respetuosa de todos los puntos doctrinales que bosqueja, buscando siempre una síntesis en puntos tan complejos como el calvinismo y el arminianismo” (Branco). El libro, es excelente si se quiere aprender teología por cuenta propia, ya que fue diseñado para eso. En su parte posterior, tiene cuestionarios de estudio de cada capítulo, para que el lector estudie a profundidad cada tema.

En su libro, Pearlman expone en forma general tanto primeramente el calvinismo, como el arminianismo. Después de hacer esto, los compara, y procede a hacer, lo que él llama, un equilibrio bíblico. Este equilibrio bíblico, para Pearlman, es lo que él llama una solución práctica a la controversia interminable entre el arminianismo y el calvinismo. Él dice:

“Las posiciones fundamentales respectivas del calvinismo y el arminianismo se enseñan en las Sagradas Escrituras. El calvinismo exalta la gracia de Dios como la fuente única de la salvación y también lo hace la Biblia. El arminianismo recalca el libre albedrío del hombre y su responsabilidad, y así también lo hace la Biblia. La solución práctica consiste en evitar los extremos que no son bíblicos de ambos puntos de vista, y de abstenerse de fijar un punto de vista en antagonismo con el otro, puesto que cuando dos doctrinas bíblicas se colocan en oposición la una con la otra, el resultado es una reacción que conduce al error. Pongamos por ejemplo: el énfasis excesivo en lo que respecta a la soberanía de Dios y su gracia en la salvación puede conducir a una vida negligente, descuidada, puesto que si una persona es convencida de que su conducta y actitud no tiene nada que ver con su salvación, quizá se haga negligente. Por otra parte, el recalcar el libre albedrío del hombre y su responsabilidad, en reacción contra el calvinismo, puede poner a la gente bajo el yugo del legalismo, y robarle todas las seguridades que tiene. La licencia y el desenfreno por una parte, y el legalismo por la otra son los extremos que deben evitarse” (Pearlman, 1992, págs. 195-196).

Pearlman, lo que trata con su “solución práctica”, es encontrar una posición media (que no es ni calvinismo, ni arminianismo), que evite, lo que el ve como extremos de cada una de las dos posiciones. El lo hizo, para que la gente no se clavara en el debate interminable entre las dos posiciones, y se centrara en servir en la obra del Señor. Pearlman pone como ejemplo, el ministerio evangelístico del predicador de santidad, Charles Finney, que cuando “ejercía su ministerio en una ciudad donde se había recalcado hasta el exceso la doctrina de la gracia, insistía con énfasis en la doctrina de la responsabilidad personal. Cuando celebraba reuniones en un pueblo donde se había puesto énfasis en la responsabilidad del hombre y las obras, recalcaba entonces la gracia de Dios” (Pearlman, 1992, pág. 196). Estar siempre en medio de las dos posiciones, sin inclinarse a un lado o al otro, desechando las controversias interminables de “los misterios de la predestinación para emprender la tarea práctica de procurar que la gente se salve, no seremos perturbados por el asunto” (Pearlman, 1992, pág. 196).

Esta posición media, suena muy bien en la teoría, y yo pensaría lo mismo si no existieran los jóvenes neocalvinistas que ofrecen cursos de Biblia gratis en Starbucks. Dado la popularidad que tuvo este libro (aún se usa como libro de texto en muchísimos seminarios e institutos bíblicos pentecostales), se convirtió en la posición soteriológica favorito de muchos pentecostales y carismáticos. Fue la posición soteriológica oficial de las Asambleas de Dios desde el 21 de Agosto de 1978.

“En cuanto a la seguridad del creyente, el Concilio General de las Asambleas de Dios sostiene una posición media entre las dos posiciones extremas del calvinismo y el arminianismoAcepta los elementos bíblicos de las dos enseñanzas. El calvinismo enfatiza, correctamente, la soberanía de Dios y la prerrogativa divina, mientras que el arminianismo enfatiza, correctamente también, el albedrío y la responsabilidad del hombre. Estas dos posiciones, sin embargo, se tienen que considerar juntas para un entendimiento correcto. El Concilio General de las Asambleas de Dios cree en la soberanía y la prerrogativa de Dios que no se pueden corromper con la arbitrariedad ni el capricho. También cree en el albedrío y la responsabilidad del hombre” (©2005 Concilio General de las Asambleas de Dios, 2005, pág. 1).

Fue hasta Agosto del 2015, que el Concilio General de las Asambleas de Dios, re-adoptó el arminianismo clásico – reformado como posición soteriológica oficial. En su artículo, Una respuesta de las Asambleas de Dios a la teología reformada, declaran: “La posición que mantiene típicamente las Asambleas de Dios se denomina arminianismo” (Concilio General de las Asambleas de Dios, 2015).

La posición media de Pearlman, es la posición soteriológica más famosa entre los pentecostales y carismáticos. Muchos de ellos, en páginas de debates o en simples pláticas donde sale el tema soteriológico a colación dicen: “ni calvinista ni arminiano, soy de Cristo”, sin saber de donde se originó y nunca haber leído a Myer Pearlman. Es la posición soteriológica que más se enseña en los seminarios e institutos bíblicos pentecostales (es la que me enseñaron en el seminario), por lo que en la práctica, aunque las Asambleas de Dios haya hecho su posición oficial al arminianismo clásico, la posición media, es la que más usan aún muchos de sus pastores y pastores pentecostales y carismáticos fuera de las Asambleas de Dios.

Aunque la posición media de Pearlman tiene sus bondades prácticas (es muy sencilla de explicar, y trata de no enfocarse en la controversia), tiene muchas debilidades al momento de ser confrontada y en la práctica tiene sus peligros. Primero, levanta muchos falsos a ambas posiciones. El calvinismo, lo confunde con hypergracia, la creencia que al creer en la creencia de la Seguridad Eterna (que como ya vimos, no es una enseñanza exclusiva dentro del calvinismo), el cristiano puede vivir una vida de pecado y desenfreno sin ningún tipo de consecuencias y esto, no es lo que enseña el calvinismo. Y al arminianismo, lo empuja al lado del pelagianismo, donde dice que se enfatiza el libre albedrío y la responsabilidad del hombre (cualquier arminiano que lea esto preguntaría: ¿y la Depravación Total y la Gracia Preveniente?), y que esto lleva al hombre al yugo del legalismo y robarle todas las seguridades que tiene. Pearlman, antes en su libro, durante el tema de la santificación, critica la enseñanza de la segunda obra de gracia definitiva, que enseñaba el ya disminuido Movimiento de Santidad que había sido desplazado en popularidad por el pentecostalismo, pero que aún estaba muy presente en los EUA. En su crítica a la segunda obra de gracia definitiva, Pearlman dice una verdad, que esta enseñanza “nos enseña que una persona puede ser salva o justificada sin ser santificada” (Pearlman, 1992, pág. 181), y más adelante ataca a las herejías de la erradicación (una enseñanza “pilar” en el Movimiento de Santidad), que la califica como “contraria a la experiencia” (Pearlman, 1992, pág. 184) y la herejía del legalismo, muy presente también en los grupos e iglesias de santidad. Al tocar el tema de la Perfección Cristiana, analiza la verdadera enseñanza de John Wesley, en la que lo deslinda de las enseñanzas del Movimiento de Santidad, ya que dice que: “Juan Wesley parece haber caminado o tomado la senda intermedia” y que Wesley enseñaba que “una persona era santificada en la conversión, pero afirmó asimismo la necesidad de santificación completa como otra obra de gracia” y que esta santificación completa, era la perfección en amor, donde “el amor puro llena el corazón y gobierna toda obra y acción, con el resultado de que el poder del pecado es quebrantado” (Pearlman, 1992, pág. 189). A pesar de toda esta apología de Pearlman a la teología de Wesley, su prejuicio a los excesos del Movimiento de Santidad, hizo que estos excesos los ligara al arminianismo.

La posición media, si no se enseña con una fuerte enseñanza sobre el pecado original, y la inhabilidad total del hombre (como me la enseñaron en el seminario), puede llevar, inconscientemente, al semipelagianismo. Si se enseña con una enseñanza equilibrada sobre el pecado original y la inhabilidad del hombre, la posición media, se puede catalogar como un “arminianismo simplificado”, libre de términos teológicos como depravación total, gracia preveniente y otros; pero si no se enseña con una enseñanza sobre el pecado original y la inhabilidad total, la posición media, por si sola, puede inferir que el hombre, puede dar el primer paso en su salvación, como lo enseña el semipelagianismo.

Conclusión

Este es uno de los artículos más extensos que he escrito hasta ahora, pero espero que te sea útil para diferenciar las dos ramas principales del arminianismo y la posición media del pentecostalismo. Espero que sirva tanto para cristianos con inclinación arminiana o “no calvinista”, como para cristianos con inclinación calvinista, para evitar el error de encasillar en una sola caja a todo el arminianismo.

Bendiciones,

Rafael Stringel

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