El Arminianismo y la Depravación Total – Derrumbando la falacia de la “Depravación Parcial”

Introducción

Hace unos días, uno de los miembros, de soteriología calvinista, de nuestro grupo, Molinistas y Arminianos, llamado en Facebook, como, Elías Emma, publicó un post, donde hace referencia, a los cristianos que se dicen “arminianos”(que en realidad, en redes sociales, muy pocos, o casi ningunos de los no calvinistas, usan el nombre arminiano para describirse a sí mismos) pero creen en un libre albedrío libertario (no afectado por ningún tipo de depravación), se sorprenden de leer que Jacobo Arminio, si creía en una depravación, pero en una Depravación Parcial. Hice algunos comentarios, defendiendo que, Arminio no creía en una Depravación Parcial, sino Total, y hasta di varias citas de sus obras, que luego al checar su publicación posteriormente, vi que borró. Es por eso, que, aunque no soy mucho a dar respuestas a memes de Facebook (ignoro si el es el autor del meme), si me gustaría dar respuesta, ya que el mismo, Elías Emma, me acusó en otra publicación, que soy falaz al decir que el arminianismo cree en la Depravación Total y no en una Parcial.

Publicación original, tomada del muro de Elías Emma

Aunque ya tengo un artículo que publique hace mucho sobre el mismo tema, llamado, El Primer Punto del Arminianismo: La Depravación Total, en mi blog personal; con las investigaciones que he hecho para mi curso de arminianismo que estoy actualmente armando y para un libro del tema que estoy escribiendo; he tenido ganas de hacer una edición #2 o escribir un artículo totalmente nuevo. Aprovechando que estoy escribiendo un artículo de defensa a la gracia preveniente wesleyana, (y es el punto en el que voy de mi curso), me gustaría que este artículo sirva de introducción.

Definiciones

Depravación Parcial

Primeramente, definamos: ¿Qué es la Depravación Parcial?

La depravación parcial, es un término sacado del semipelagianismo, posición soteriológica, originada en Juan Casiano, un monje contemporáneo de Agustín de Hipona (se dice que fue discípulo de Juan Crisóstomo), que había rechazado; como Agustín, la herejía de Pelagio, padre del pelagianismo, que enseña que el hombre, de ninguna manera había sido afectado por la caída de Adán, sino que tenía libre albedrío, para poder buscar a Dios sin ninguna asistencia divina. Casiano aceptaba plenamente la doctrina del pecado original de Agustín, pero la inhabilidad total que proponía Agustín, se le hacía muy extrema, y propuso una postura que mostraba un punto medio.

El pastor Sugel Michelén, en su artículo para Coalición por el Evangelio, llamado, La controversia semipelagiana, nos muestra que, Casiano, no creía que el hombre nace en un estado de inhabilitación respecto a su salvación, sino que dijo citando a Casiano, citado en un libro de R.C. Sproul:

“Tan pronto como [Dios] descubre en nosotros el comienzo de una buena voluntad, la ilumina y alienta e incita hacia la salvación, haciendo crecer lo que él mismo plantó, o lo que ha visto surgir por nuestro propio esfuerzo” (Michelén, La controversia semipelagiana, 2010)

En el semipelagianismo, el hombre inicia el proceso de su salvación, con el comienzo de una buena voluntad. El hombre no nace en un estado de muerte espiritual, en el que no puede hacer ninguna “buena voluntad” en favor a su salvación, como lo proponía Agustín.

Ha habido nuevos calvinistas que en su intento de combatir la “herejía del arminianismo”, definen al arminianismo como pelagianismo; como el blog en Facebook llamado, Sabiduría que Clama; que en una de sus publicaciones llamada, Doctrinas de la Gracia, mostraron una tabla, que comenzaba con un primer punto del arminianismo, con la contestación calvinista: Depravación Total. Este primer punto del arminianismo, dice:

“Libre Albedrío: El hombre puede buscar a Dios sin la ayuda de Dios”.

No todos los calvinistas llegan al extremo de definir al arminianismo como pelagianismo. El gran grueso de los calvinistas, definen al arminianismo como semipelagianismo, desde tiempos antiguos. Una de las obras más famosas del siglo 20, sobre la exposición de las doctrinas calvinistas, es el libro del Dr. Lorraine Boettner, La Predestinación. En este libro, muestra una tabla de los cinco puntos arminianos en contraste con los cinco puntos calvinistas. El primer punto del arminianismo, la tabla lo define como, “Libre albedrío o habilidad humana”. El primer punto lo define así:

“Aunque la naturaleza humana fue seriamente afectada por la caída, el hombre, sin embargo, no ha perdido del todo su capacidad espiritual. Dios en su gracia capacita al pecador a fin de que por su propia voluntad se arrepienta y crea. Cada pecador tiene libre albedrío y su destino eterno depende de cómo lo use. La libertad del hombre consiste en poder escoger el bien y rechazar el mal en la esfera de lo espiritual; su voluntad no está esclavizada a su naturaleza pecaminosa. El pecador puede o cooperar con el Espíritu de Dios y ser regenerado o resistir la gracia de Dios y perderse para siempre. El pecador necesita la ayuda del Espíritu pero no tiene que ser regenerado por el Espíritu antes de que pueda creer, ya que la fe es un acto del hombre y precede al nuevo nacimiento. La fe es el don del pecador a Dios; es lo que el hombre contribuye a la salvación” (Boettner, págs. 252-253).

Will Graham, un maestro neocalvinista, muy famoso entre los jóvenes hispanohablantes, pastor y misionero estacionado en España; en su artículo ¿Calvinismo o Arminianismo? para el periódico digital cristiano, Protestante Digital (tiene una serie de videos cortos titulada igual en su canal de Youtube), dice algo muy similar a lo que expone el Dr. Boettner. El (Graham), propone que el primer punto del arminianismo es Libre Albedrío, y abre el punto de discusión con la pregunta: ¿Libre Albedrío o Depravación Total? Para definir así:

“Los arminianos creen que la Caída ha afectado de manera negativa a todos los descendientes de Adán y Eva. No obstante, los seres humanos siguen teniendo libre albedrío, el cual pueden ejercer para arrepentirse y creer en el Evangelio. El destino eterno del pecador depende de cómo emplea su voluntad. Puede escoger lo bueno o lo malo. Su voluntad no está esclavizada por su naturaleza pecadora. Si un hombre (o una mujer) decide poner su fe en Dios, será regenerado(a) por el Espíritu Santo. Primero fe luego regeneración (es decir, el nuevo nacimiento)” (Graham, 2014).

Graham usa un argumento parecido al del libro del Dr. Boettner, sobre que la fe, es algo emanado del hombre en su estado natural: “la fe, pues, es un acto de la voluntad del hombre” (Graham, 2014). ¿Arminio y los arminianos enseñaron y enseñan eso? Más adelante en el artículo lo veremos.

¿Qué es la Depravación Total?

Es prácticamente la inhabilidad total moral del hombre, para poder hacer algo bueno para “ganarse su salvación”. Para esta definición, usare fuentes 100% calvinistas.

El pastor John Piper, en su libro, Cinco Puntos, define la Depravación Total como sigue:

“Nuestra corrupción pecaminosa es tan profunda y tan fuerte que nos convierte en esclavos del pecado y nos hace moralmente incapaces de vencer nuestra propia rebelión y ceguera. Esta incapacidad para salvarnos a nosotros mismos es total. Dependemos totalmente de la gracia de Dios para vencer nuestra rebelión, para que nos de ojos para ver y para que nos atraiga al Salvador de manera eficaz” (Piper, 2015, pág. 16).

Más adelante en el libro, Piper dice que este estado de la depravación total, como una “condición natural aparte de cualquier gracia que Dios ejerza para refrenarlo o transformarlo” (Piper, 2015, pág. 19). Es decir, es el estado natural del hombre.

La tabla expuesta por el Dr. Boettner, en su apartado para la Depravación Total, ofrece una definición muy similar que el pastor Piper; aunque añade la destrucción total del libre albedrío, debido a la caída de Adán.

“Debido a la caída, el pecador es incapaz de creer en el evangelio y ser salvo, ya que está muerto, ciego y sordo a las cosas de Dios; su corazón es engañoso y perverso en gran manera. Su voluntad no es libre, sino que está esclavizada a su naturaleza pecaminosa; por tanto, no quiere—y, de hecho, no puede— escoger el bien y rechazar el mal en lo que a las cosas espirituales respecta. La mera ayuda del Espíritu, por consiguiente, no es suficiente para traer al pecador a Cristo, sino que es absolutamente necesaria la regeneración en virtud de la cual el Espíritu imparte vida y una nueva naturaleza al pecador. La fe no es algo con lo cual el hombre contribuye a la salvación sino que es en sí una parte del don de la salvación—es el don de Dios al pecador, no el don del pecador a Dios” (Boettner, pág. 252).

Arminio y el Arminianismo Reformado – Clásico … ¿Enseñan una “Depravación Parcial”?

En los comentarios de la publicación de Elías Emma, un usuario le hizo la siguiente pregunta:

“Al rechazar la gracia ¿Está demostrando [Arminio] su depravación total?”

A lo que Elías Emma respondió (sin mostrar citas de Arminio):

“No; lo que proponía Arminio era que, aunque surgiera una Depravación; esta sería Parcial ya que, en la extensión última de su pensamiento, esta voluntad sería cooperativa en conjunto con la operación de la gracia y demás dones salvíficos”.

Tomado de la publicación original de Elías Emma

Más abajo en los comentarios, otro usuario le hizo el siguiente comentario:

“Arminio expuso la depravación total; su significado fue diferente a la propuesta de Calvino. La depravación parcial es una propuesta pelagianista.

A lo que Elías Emma, respondió (sin mostrar ninguna cita de Arminio):

“Arminio proponía una Depravación en lo malo posible en forma extensiva [no peor que antes], mientras que Calvino proponía una Depravación en la peor forma intensiva posible, pensamientos, palabras y acciones a su enésima potencia”.

Tomado de la publicación original de Elías Emma

En el meme, el autor de dicho meme, pone una pseudo – cita de Arminio que dice:

“El hombre, corrompido y todo, tendría la facultad volitiva para rechazar la gracia divina” –  Jacobus Arminius.

Tomado de la publicación original de Elías Emma

Pero ya analizando la cita, dudo de su veracidad, ya que nunca la he leído en las Obras de Arminio (las tengo en idioma inglés). Agradecería mucho a Elías Emma que me proporcionara la cita y su contexto.

Ahora a nuestra pregunta … ¿Arminio proponía como lo que dijo Elías Emma, que si surgiera una depravación en el hombre, esta sería “Parcial”? Es decir, que el hombre en su estado natural, ¿tendría la capacidad volitiva de rechazar la gracia de Dios? Veamos lo que dijo Arminio en sus Obras sobre el estado natural del hombre.

En su estado natural, el libre albedrío del hombre hacia las cosas de Dios, no solo está entorpecido, dañado, injuriado, torcido y debilitado; si no al mismo tiempo aprisionado, destruido y perdido. Y sus poderes no solo se encuentran debilitados y son inútiles, si no que no tiene poder alguno a no ser que sea despertado y asistido por la gracia divina. La mente del hombre en este estado se encuentra en oscuridad, destituida de conocimiento salvífico de Dios, y de acuerdo con el apóstol, incapaz de actuar de acuerdo a las cosas que pertenecen al Espíritu de Dios. A esta oscuridad mental le sigue la perversidad de los afectos del corazón, de acuerdo a los cuales odia y tiene aversión por todo aquello que es realmente bueno y agradable a Dios; pero ama y persigue lo que es malo. Correspondiéndose a esta oscuridad mental y perversidad del corazón, se muestra la debilidad de todo poder para realizar algo que sea realmente bueno, y de evitar perpetrar lo que es malo, de un modo correcto y por un fin y una causa correcta. Para esto que se considere toda la vida del hombre colocada bajo pecado y se agregue a esto que las escrituras nos exhiben lo mismo por medio de las descripciones más iluminadoras; y será evidente que nada puede decirse en forma más verdadera concerniente al hombre en su estado, que se encuentra muerto en pecado (Romanos 3:10-19)” (Arminio, págs. 1-2).

Para Jacobo Arminio, en el estado natural del hombre, el libre albedrío, con respecto a la salvación, no solo está “entorpecido, dañado, injuriado, torcido y debilitado”, sino que este estado natural, es extremo, es total, ya que el libre albedrío del hombre, respecto a su salvación está “aprisionado, destruido y perdido”. No hay forma en que el hombre, en su estado natural, pueda aceptar o escoger la salvación, ya que su única opción volitiva, fuera de la gracia de Dios, es rechazar el Evangelio.

Esto mismo lo expusieron los Remostrantes, en 1610, cuando fueron acusados de herejía antes el Estado Holandés. En su artículo #3, del Documento de Protesta, ellos estipularon:

“El hombre no posee fe salvadora por sí mismo, ni a partir del poder de su libre albedrío, visto que, en su estado de apostasía y de pecado, no puede, de sí y por sí mismo, pensar, querer o hacer, algo de bueno (que sea verdaderamente bueno tal como es, primeramente, la fe salvadora); pero, es necesario que Dios, en Cristo, por su Espíritu Santo, lo regenere y lo renueve en el intelecto, en las emociones o en la voluntad, y en todos sus poderes, con el fin de que él pueda correctamente entender, meditar, querer y proseguir en lo que es verdaderamente bueno, como está escrito en Juan 15.5 “porque separados de mí nada podéis hacer.” (RVR1960)” (CCEL.org, 2019).

La acusación y respuesta de los Cánones de Dort al Arminianismo

Es curioso, que en el Sínodo de Dort, la acusación de herejía, con respecto al estado natural del hombre, no fue una acusación de semipelagianismo (depravación parcial), sino de pelagianismo, es decir, de negar el pecado original.

En el tercer punto, de los Cánones de Dort (sobre la Corrupción Humana), en el tercer inciso, del rechazo a los errores, dice:

“Que enseñan que la muerte espiritual no separó a los dones espirituales de la voluntad humana, ya que la voluntad misma jamás fue corrompida, sino que sólo fue obstruida por la oscuridad de la mente y el desorden de las emociones. Y puesto que la voluntad es capaz de ejercer su libre capacidad innata una vez que estos obstáculos son removidos, esto significa que por sí misma es capaz de querer o de escoger cualquier bien que se ponga delante de ella o bien el no querer o escoger el bien” (© Reformed Church Press, 2011)

Los calvinistas en Dort, habían dicho que para los Remostrantes, “propiamente hablando, no se puede decir que el pecado original sea suficiente en sí mismo para condenar a todo el género humano o para justificar castigos temporales o eternos” (© Reformed Church Press, 2011); pero ya vimos que ellos habían estipulado, que el hombre está en apostasía, y está corrompido (depravado), ya que: “no puede, de sí y por sí mismo, pensar, querer o hacer, algo de bueno (que sea verdaderamente bueno tal como es, primeramente, la fe salvadora)” (CCEL.org, 2019), no que su voluntad solamente fue obstruida, y que nunca había sido corrompida.

La Gracia Preveniente en el Arminianismo Reformado – Clásico

Un error muy común en calvinistas que ignoran por completo, lo estipulado por el arminianismo reformado – clásico, es el equiparar, la enseñanza de la gracia preveniente (gracia previa o antecedente), formulada por John Wesley, con la gracia preveniente, formulada por Arminio y los Remostrantes. Elías Emma, dijo: “en la extensión última de su pensamiento [de Arminio], esta voluntad sería cooperativa en conjunto con la operación de la gracia y demás dones salvíficos”. Pero este mismo error lo cometió el pastor Sugel Michelén, en su libro, Gracia sobre gracia (que la cita se puede leer libremente en su artículo para Coalición para el Evangelio, llamado, Los cinco puntos del arminianismo), donde dice:

“Según Arminio, Dios concede a todos los hombres una gracia previa que hace posible la salvación de todos, al equipar el libre albedrío con la capacidad de responder afirmativamente al llamado del evangelio, pero sin asegurar la salvación de ninguno. Esta gracia previa es universal, pero no irresistible. De manera que la decisión final está en las manos del hombre, no en las manos de Dios” (Michelén, Capítulo 2: Las doctrinas de la gracia, 2015, pág. 38).

Pero este no era la forma en que Arminio y los Remostrantes veían a esta gracia previa. De hecho, su concepto no es muy diferente de la famosa regeneración previa del calvinismo; ya que después de describir el completo estado corrupto del estado natural del hombre, los Remostrantes pasan a decir que: “es necesario que Dios, en Cristo, por su Espíritu Santo, lo regenere y lo renueve en el intelecto, en las emociones o en la voluntad, y en todos sus poderes, con el fin de que él pueda correctamente entender, meditar, querer y proseguir en lo que es verdaderamente bueno, como está escrito en Juan 15.5 “porque separados de mí nada podéis hacer” (CCEL.org, 2019).

Los Remostrantes solo habían expresado en ese artículo, lo expresado por su maestro, Jacobo Arminio, previamente en sus Obras, cuando se expresó de esta manera de la gracia de Dios.

“De esta manera, atribuyo a la gracia el comienzo, la continuación y la consumación de todo bien, y llevo su influencia a tal extremo que un hombre, a pesar de ser regenerado, no puede concebir, desear, o hacer nada bueno, ni resistir siquiera una tentación, sin la gracia divina” (Arminio, pág. 2).

Es por eso que Arminio decía que “la controversia no tiene que ver con aquellas acciones u operaciones que puedan ser atribuidas o no a la gracia (ya que he reconocido y enseñado cuantas de estas acciones u operaciones un maestro pueda haber enseñado) si no que se reduce estrictamente al modo de operación, si es irresistible o no. Con respecto a lo cual, creo, de acuerdo a las escrituras, que muchas personas resisten al Espíritu Santo y rechazan la gracia que se les ofrece” (Arminio, pág. 3). La doctrina de la gracia previa de Arminio, no difería en nada a la del calvinismo, en cuanto a “acciones u operaciones que puedan ser atribuidas o no a la gracia”, sino en su irresistibilidad o resitibilidad. De hecho, el Dr. Robert E. Picirilli, un teólogo arminiano reformado, en su libro, Gracia, Fe y Libre Albedrío, afirma que para Arminio y los Remostrantes, no era de alcance universal, como Wesley lo formuló posteriormente, sino, de alcance limitado, solo a los que escuchan el Evangelio.

“A diferencia del arminianismo wesleyano, que habla de la gracia preveniente como algo emanando desde la cruz en forma generalizada, revirtiendo en forma universal la depravación humana, y otorgando la libertad a toda persona para aceptar o rechazar el evangelio; el arminianismo reformado mantiene que la gracia preveniente sólo es otorgada mediante la predicación del evangelio. Es la palabra de Dios el instrumento usado por el Espíritu como base de convicción, persuasión y capacitación; siendo solamente posible abrir el corazón del pecador cuando se escucha en forma activa la predicación del evangelio” (Picirilli, 2012). 

Esto, Arminio no se lo había “sacado de la manga”, como se dice coloquialmente; sino que era consistente con la teología agustina, que como el pastor Sugel Michelén afirma, que: “En este punto es importante señalar que el monergismo de Agustín no es absoluto” (Michelén, La controversia semipelagiana, 2010). Y citando al Dr. R.C. Sproul, dice:

“Esta perspectiva [la de Agustín] es claramente monergística en el punto inicial del movimiento del pecador de la incredulidad a la fe. Todo el proceso, sin embargo, no es monergístico. Una vez en la gracia operativa de la regeneración es provista, el resto del proceso es sinergístico. Esto es, después que el alma ha sido cambiada por la gracia efectiva o irresistible, la persona misma escoge a Cristo. Dios no hace la decisión por él. Es la persona la que cree, y no Dios la que cree por ella. Más aún, el resto de la vida cristiana de santificación se manifiesta en un patrón sinergístico” (Michelén, La controversia semipelagiana, 2010).

Para Arminio (y en sí para los Remostrantes), el alma del hombre debía ser regenerada previamente, para que el hombre pudiera hacer su elección libremente. La única diferencia, es que esta regeneración previa, no era irresistible, sino resistible.

Calvinistas afirmando que el arminianismo clásico si cree en la Depravación Total

No todos los calvinistas han empujado al arminianismo hacia el pelagianismo o al semipelagianismo. En la historia, tanto pasada como presente, ha habido cristianos calvinistas que han sido honestos en este tema, y en este artículo citaré a algunos.

Moses Stuart (1780 – 1852), fue un teólogo de origen norteamericano muy prolífico. Por su prolificidad en sus escritos y obras, es conocido como “el padre de literatura bíblica americana” (Youngs). Era profesor en la Andover Theological Seminary, y fue contratado porque era conocida “su inteligencia y su ortodoxia calvinista” (Youngs) (el Seminario Andover, es un seminario congregacional, fundado por “calvinistas viejos”, o muy ortodoxos).

El Dr. Mathew Pinson, un teólogo arminiano reformado, autor en The Gospel Coalition U.S. Edition, para su artículo para este blog llamado; Why Should Arminians Celebrate Reformation 500 (Porque los Arminianos Deberían Celebrar los 500 años de la Reforma), cita a Moses Stuart, que dijo:

“El más grande apologista de la depravación total, escasamente se aventuraría a ir más allá sobre el estado del hombre no regenerado … Como Arminio lo hace”  (Pinson, 2017).

Charles Spurgeon (1834 – 1892), fue un pastor bautista de origen británico, de soteriología calvinista (Bautista particular). Spurgeon empezó a predicar muy joven (alrededor de los 18 o 19 años de edad), y por su elocuencia para predicar, fue apodado como “el príncipe de los predicadores”. Cuando tenía 24 años de edad (1862), y era pastor en la iglesia New Park Street (su primer iglesia) en Londres; predicó un sermón llamado Covenant Blessings (Las Bendiciones del Pacto). En ese sermón, da fe de su anti-arminianismo, con el que había sido educado.

“¡Para nada yo sirvo al dios de los Arminianos! ¡Yo no tengo nada que ver con él y no me postro ante el Baal que han construido!¡Él no es mi dios y nunca lo será! Yo no le temo ni tiemblo ante su presencia. Un dios mutable puede ser el dios del Arminiano – él no es dios para mi” (Spurgeon, Covenant Blessings (No. 2681), 2005).

Solamente dos años después, en 1864 (con 26 años de edad), apoyado en una traducción de las Obras de Arminio, (que no se sabe si se la regaló alguna amistad, o el mismo las adquirió), predicó un sermón llamado, La Autosuficiencia Eliminada, donde dijo:

“Con la excepción los antiguos pelagianos y su moderna prole, yo desconozco que la Iglesia haya aportado algún caso de algún profesante que haya dudado de la incapacidad del hombre separado de Dios el Espíritu Santo. Nuestras confesiones de fe son casi unánimes sobre este punto. Pero escucho que alguien pregunta: “¿Acaso no creen los arminianos que hay una fuerza natural en el hombre por la cual él puede hacer algo?” No, hermanos míos, el verdadero arminiano no puede creer tal cosa. Arminio habla muy correctamente acerca de este punto. Cito sus propias palabras, de conformidad a la traducción que poseo: “es imposible que el libre albedrío, sin la gracia, comience o perfeccione cualquier bien verdadero o espiritual. Yo afirmo que la gracia de Cristo, en lo tocante a la regeneración, es simple y absolutamente necesaria para la iluminación de la mente, para el ordenamiento de los afectos, y para la inclinación de la voluntad hacia lo que es bueno. Eso es lo que opera en la mente, en los afectos y en la voluntad; lo que infunde buenos pensamientos en la mente, lo que inspira buenos deseos en los afectos, y conduce a la voluntad a ejecutar esos buenos pensamientos y esos buenos deseos. Va por delante, acompaña, y sigue. Provoca, ayuda y obra en nosotros el querer, y obra con nosotros para que no queramos en vano. Previene tentaciones, está junto a nosotros y nos ayuda en las tentaciones; es una ayuda en conceder gozar de la victoria. Levanta de nuevo a los que son vencidos y caen, los restablece, y los dota de nueva fuerza, y los vuelve más cautos. Comienza, promueve, perfecciona y consuma la salvación. Yo confieso que la mente del hombre natural y carnal está entenebrecida, que sus afectos son depravados, que su voluntad es refractaria, y que el hombre está muerto en el pecado.” (Spurgeon, La Autosuficiencia Eliminada No.345, pág. 5)

Sugel Michelén, es pastor, por más de 35 años de la Iglesia Bíblica Jesucristo es el Señor, en Santo Domingo, República Dominicana. Es autor del blog Coalición por el Evangelio, y es leído por todo el mundo hispanohablante. El pastor Michelén, participó en la escritura del libro del 2015, Gracia sobre gracia, donde en el capítulo #2, llamado Las Doctrinas de la Gracia, es una exposición de las doctrinas soteriológicas calvinistas, donde a mi gusto, se encuentra una de las interpretaciones, de parte de un calvinista, más honestas del arminianismo (aunque no perfecta, pero honesta). En su exposición, Michelén cita a Arminio sobre el tema de la depravación total.

“Arminio concordaba con los calvinistas en que el libre albedrío del hombre no solo se encuentra “herido, mutilado, enfermizo, deshabilitado; sino que también ha sido hecho cautivo, destruido y perdido”, de tal manera que el libre albedrío humano es totalmente inútil “a menos que sea asistido por la gracia”. Según Arminio, debido al oscurecimiento del entendimiento y la perversidad del corazón, el hombre ha quedado en un estado de impotencia moral. “La voluntad del hombre no es libre de hacer ningún bien a menos que sea […] libertada por el Hijo de Dios a través del Espíritu de Dios”” (Michelén, Capítulo 2: Las doctrinas de la gracia, 2015, pág. 38).

Y no solo concordaba con los calvinistas, sino con Agustín, Lutero y Calvino.

“De manera que, en este punto, Arminio parece estar de acuerdo con Agustín, Lutero, y Calvino” (Michelén, Capítulo 2: Las doctrinas de la gracia, 2015, pág. 38).

Más adelante, el pastor Michelén vuelve a citar a Arminio, a una cita muy similar al del meme.

“Toda persona no regenerada —decía él— posee una voluntad libre, y la capacidad de resistir al Espíritu Santo, de rechazar la gracia de Dios que le es ofrecida, de menospreciar el consejo de Dios contra sí mismo, de rehusar aceptar el evangelio de la gracia, y de no abrirle a Aquel que toca la puerta de su corazón” (Michelén, Capítulo 2: Las doctrinas de la gracia, 2015, pág. 38).

Michelén no citó a Arminio directamente (en ninguna de las ocasiones), sino que lo cito de una cita de R.C. Sproul de donde lo cita (en las notas de texto, del capítulo 2, en los números 9, 10 y 11, aparece como: “Citado por Sproul R.C. (1997). Op. Cit. p 125.”). Arminio, nunca negó que el hombre tuviera un libre albedrío (como nunca lo negó Agustín, Lutero o Calvino), sino que este, después de la caída quedó totalmente destruido, con respecto a su salvación. Pero si analizamos la cita, podemos ver que todas las situaciones en las que el hombre puede rechazar la gracia, por su voluntad libre, es durante la predicación del Evangelio (consistente con la cita de Picirilli): 1) menospreciar el consejo de Dios contra sí mismo: conciencia perturbada por el convencimiento de pecado del Espíritu Santo durante la predicación del Evangelio; 2) rehusar aceptar el evangelio de la gracia: Solamente lo podría hacer si se le predicara el evangelio; y 3) de no abrirle a Aquel que toca la puerta de su corazón: igual, solamente en la predicación del Evangelio. Para Arminio, la única ocasión en la que el hombre verdaderamente era libre en su voluntad, era cuando era convencido de pecado por el Espíritu Santo durante la predicación del Evangelio. Esta regeneración previa, que lo convencía de pecado al hombre durante la predicación del Evangelio, es resistible.

El pastor Michelén, hace un resumen de los cinco artículos remostrantes. Al resumir el número tres (que trata sobre el estado del hombre natural), lo resume así:

“El hombre esta tan depravado que la gracia divina es necesaria para la fe o para cualquier otra buena obra” (Michelén, Capítulo 2: Las doctrinas de la gracia, 2015, pág. 39).

El pastor Michelén no uso la frase, no esta del todo depravado, sino que uso “esta tan depravado”, para dar a entender la profundidad, y la totalidad de esta depravación, tal como los Remostrantes la expusieron.

John Wesley y el Arminianismo Wesleyano … ¿Creen en una “Depravación Parcial”?

En uno de los comentarios de Elías Emma, que ya cité anteriormente, hace un comentario refiriéndose al arminianismo wesleyano, el arminianismo, desde el punto de vista teológico de John Wesley.

“Además, resta decir que el arminianismo wesleyano ve en Arminio como el padre de la “Depravación Parcial””.

Creo que para que alguien se atreva a decir tal aseveración, tiene que ser un experto (aunque no este de acuerdo) tanto en el arminianismo clásico como el arminianismo wesleyano (ya que, en su comentario, esta implicando a Arminio y a Wesley). Lo cual, después de mi análisis y respuestas a los desafortunados comentarios de Elías Emma, lo dudo muchísimo que él lo sea.

La doctrina de la gracia preveniente wesleyana, es una de las doctrinas más tergiversadas de Wesley por sus oponentes (aún por los arminianos reformados). Ya que en el próximo artículo, ofreceré una defensa a detalle de la gracia preveniente wesleyana, en esta ocasión no profundizare tanto en su concepto.

Para poder afirmar tan seguramente, que Wesley creía en una depravación parcial, tendría que venir de alguien que ha leído profusamente los sermones y escritos de Wesley (la teología de Wesley no se encuentra sistematizada por el).

Para por ver las diferentes opiniones que tenía John Wesley sobre los diferentes puntos de la teología, debemos ir a sus sermones, cartas y tratados teológicos.

Wesley y la Depravación del hombre … ¿Parcial o Total?

Si fuera cierto lo que afirmó Elías Emma, sobre que Wesley afirmaba una Depravación Parcial, porque Arminio la había afirmado (que ya vimos que no es cierto).

Anteriormente a Elías Emma, el gran predicador calvinista y amigo personal de Wesley, George Whitefield, en su famosa carta en respuesta al sermón de Wesley, Gracia Libre, incriminó a Wesley de censurar al clero de la Iglesia Anglicana, de no cumplir con los Treinta y Nueve Artículos de la Iglesia de Inglaterra; pero que Wesley no cumplía con tres de estos artículos.

“Mientras tanto, debo culparte porque censuras al clero de nuestra iglesia de que ellos no cumplen los artículos de la fe, y tú mismo al sostener tus principios, positivamente niegas los artículos 9, 10 y 11” (Whitefield, 1740, pág. 10).

¿Qué decían los artículos 9, 10 y 11? El artículo 9, tiene como título, “El pecado original”, el artículo 10, “Del libre albedrío” y el artículo 11, “De la justificación del hombre”. Prácticamente, Whitefield estaba acusando a Wesley de: 1) Ser un pelagiano, negar el pecado original, 2) de creer que el hombre, en su estado natural goza de libre albedrío para hacer el bien o el mal y 3) habla sobre “De la justificación del hombre”, que va más sobre el debate que tenían los reformados con Wesley sobre la Justificación imputada. Pero… ¿Serían estas acusaciones de Whitefield ciertas?

En su sermón, El Pecado Original; Wesley habla sobre el estado natural del hombre.

“La misma evaluación [sobre los hombres que murieron en el diluvio] nos es dada por todos los apóstoles y así también por todo el tenor de los Oráculos de Dios. De todos estos aprendemos acerca del humano que, en su estado natural, sin la asistencia de la gracia de Dios, todos los designios de los pensamientos del corazón de ellos es todavía malo, solamente malo, y esto continuamente” (Wesley, 1996, págs. 92-93).

Es decir, que, en su estado natural, sin la asistencia de la gracia, lo único que puede hacer el hombre, es lo malo continuamente. Esto concuerda con lo dicho por el pastor John Piper, que: “Cuando hablamos de la depravación del hombre nos referimos a su condición natural aparte de cualquier gracia que Dios ejerza para refrenarlo o transformarlo” (Piper, 2015, pág. 19).

Más adelante, Wesley en su sermón dice sobre la corrupción total, no parcial, del hombre:

“¿Está el humano por naturaleza lleno de toda clase de mal? ¿Está vacío de todo bien? ¿Está totalmente caído?¿Está su alma totalmente corrompida? O, para regresar al texto, ¿es todo designio de su corazón continuamente el mal? Admite esto, y hasta aquí eres cristiano. Niégalo, y no eres más que un pagano todavía. De esto podemos aprender, en tercer lugar, cuál es la naturaleza propia de la religión, de la religión de Jesucristo. Ella es terapeía psykés (terapia del alma), el método divino para sanar un alma que está de tal modo enferma. Aquí el gran médico de las almas aplica la medicina para curar esta enfermedad; para restaurar la naturaleza humana, corrompida totalmente en todas sus facultades” (Wesley, 1996, pág. 102).

Y finaliza su sermón diciendo:

“Por naturaleza estáis totalmente corrompidos; por gracia seréis totalmente renovados. En Adán todos mueren, en el segundo Adán, en Cristo, todos serán vivificados A vosotros, que estabais muertos en pecados, os dio vida El ya os ha dado el principio de vida, o sea la fe en aquel que os amó y se dio a sí mismo por vosotros. Ahora, id adelante, de fe en fe hasta que toda vuestra enfermedad sea sanada, y plenamente haya en vosotros el sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Wesley, 1996, págs. 104-105).

El artículo noveno de los Treinta y nueve artículos de la religión, dice:

“El pecado original no surgió como consecuencia de Adán (como los Pelagianos sostienen vanamente), sino que procede de la falta y la corrupción de la naturaleza de cada hombre, que es naturalmente engendrada por la descendencia de Adán por la cual el hombre se aleja de la inocencia original inclinándose por su propia naturaleza hacia el pecado de tal manera que la carne desea lujuriosamente oponiéndose al espíritu. Y por lo tanto cada persona que nace a este mundo, merece la ira y la condenación de Dios. Y esta infección de la naturaleza permanece, en efecto, en aquéllos que se regeneran por medio de la lujuria de la carne, denominada en griego, phronema sakos, que manifiesta en algunos la sabiduría, en algunos la sensualidad, en otros el afecto o el deseo de la carne que en ningún caso está sujeta a la ley de Dios. Y aunque no hay condenación para aquéllos que creen y son bautizados, el apóstol confiesa sin embargo que la concupiscencia y la lascivia contienen en sí mismas la naturaleza del pecado” (The Victorian Web, 2010).

El artículo décimo dice:

“La condición del hombre tras la caída de Adán es tal que no puede, mediante su propio esfuerzo natural y buenas obras, regresar ni prepararse para la fe y la petición ante Dios. Por lo cual no tenemos ningún poder para hacer buenas obras agradables y aceptables ante Dios si carecemos de la gracia de Dios por mediación de Cristo, quien nos permite alcanzar la buena voluntad y trabaja con nosotros cuando poseemos esa buena voluntad” (The Victorian Web, 2010).

¿Wesley negaba el pecado original? No ¿Wesley afirmaba que en su estado natural el hombre en su libre albedrío podía hacer el bien o cualquier cosa buena? No. Por lo tanto, no podemos llegar a ser justificados por nuestras buenas obras, como lo afirma el artículo onceavo.

“Ante los ojos de Dios somos estimados como justos pero sólo por el mérito de nuestro Señor y Salvador Jesucristo por medio de la fe y no por nuestras propias obras o merecimientos. Por lo cual el hecho de que estamos justificados por la fe es sólo una doctrina muy benévola y reconfortante tal y como se expresa mayoritariamente en la homilía de la justificación” (The Victorian Web, 2010).

Wesley en su artículo, “¿Qué es un arminiano? Contestada por un amante de la gracia”, después de responder acerca de los dos falsos cargos hacia los arminianos en el Sínodo de Dort, de: 1) negar el pecado original y 2) negar la justificación por la fe; Wesley dice sobre la Depravación Total y la Justificación por la fe, con respecto a la controversia teológica que tenía con su amigo George Whitefield.

“Con respecto a las dos primeras acusaciones se declaran inocentes. Los cargos son falsos. Ninguna persona, ni el propio Juan Calvino, afirmó la idea del pecado original o de la justificación por fe de manera más decisiva, más clara y explícita que Arminio. Estos dos puntos están, por tanto, fuera de discusión; hay acuerdo entre ambas partes. No existe al respecto la más mínima diferencia entre el Sr. Wesley y el Sr. Whitefield” (Wesley, Obras de Wesley; Tomo VIII, Tratados Teológicos, 1996, pág. 427).

Por lo que respecta al punto de la Depravación Total, no hay discusión o desacuerdo entre calvinistas y arminianos, sino solo en los puntos restantes. Esto lo volvió a repetir, en el sermón funeral de George Whitefield que Wesley predicó, ante una audiencia mayoritariamente calvinista. Después de decir la máxima wesleyana, sobre el manejo de desacuerdos doctrinales, diciendo:

“Hay muchas doctrinas de una naturaleza menos esencial, sobre las cuales aún los sinceros hijos de Dios (¡tal es la presente debilidad del entendimiento humano!) están y han estado divididos por muchísimo tiempo. Con respecto a ellas, podemos pensar y dejar pensar; podemos consentir en disentir. Pero, entretanto, mantengamos firmes los fundamentos de la fe que ha sido una vez dada a los santos,en la cual este paladín de Dios insistió tanfuertemente en todo tiempo y en todo lugar” (Wesley, Obras de Wesley, Tomo III, 1996, págs. 288-289).

Y, ¿Cuáles son estos fundamentos de la fe de los que Wesley va a hablar en el sermón? El primero que cita es el del pecado original y la depravación total.

“Este punto fundamental fue: dar a Dios toda la gloria de todo aquello que es bueno en el ser humano. Y en la empresa de la salvación, poner a Cristo tan alto y al ser humano tan bajo como fuera posible. Con este punto él y sus amigos de Oxford, los metodistas originales (así llamados), se pusieron en camino. Su gran principio fue: no hay poder ni mérito por naturaleza en el ser humano. Insistieron que todo poder para pensar, hablar, o actuar correctamente es en y desde el Espíritu de Cristo; y todo mérito está, no en el ser humano, no importa cuán superior sea en gracia, sino meramente en la sangre de Cristo. Así que él y ellos enseñaron: no hay poder en el ser humano, hasta que le sea dado desde lo alto, hacer una buena obra, decir una buena palabra, o concebir un buen deseo. Porque no es suficiente decir que todos los seres humanos están enfermos de pecado. No, todos estamos muertos en nuestros delitos ypecados.De ello se deriva que todos los hijos de los hombres son por naturaleza hijos de la ira.Todos estamos bajo el juicio de Dios,condenados a muerte, tanto temporal como eterna. Así que todos estamos indefensos, tanto respecto al poder como a la culpa del pecado. Porque, ¿quién harálimpio a lo inmundo?.Nada menos que el Todopoderoso. ¿Quién puede levantar a los que están muertos, espiritualmente muertos en pecado? Nadie, sino aquél que nos levantó del polvo de la tierra. Mas ¿sobre qué consideración hará esto? No por obras de justicia quenosotros hubiéramos hecho. No alabarán los muertos al Señor.Ni hacen nada por motivo de lo cual deberían serlevantados a la vida. Por tanto, cualquiera cosa que haceDios, la hace sólo por causa de su Hijo amado: él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. Llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero.El cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.Esta es, entonces, la única causa meritoria de toda bendiciónque hacemos o podemos gozar; en particular de nuestroperdón y aceptación de Dios, de nuestra plena y libre justificación” (Wesley, Obras de Wesley, Tomo III, 1996, págs. 289-290).

Wesley y la Gracia Preveniente

No me detendré a exponer a detalle la doctrina de la gracia preveniente, ya que la tomaré a detalle en mi siguiente artículo.  

Como ya lo dije anteriormente, Wesley no concordaba con Arminio sobre cómo actúa la gracia preveniente o gracia previa en el hombre. Wesley no la veía como un mero convencimiento de pecado durante y solamente durante la predicación del Evangelio, como lo veía Arminio, sino que para Wesley, el veía a la Salvación como una “Salvación presente”, que transformaba dinámicamente a la persona (esto lo tomó de la teología de los Padres Orientales). Wesley veía un proceso de salvación continuo en la vida del hombre confirmado por la experiencia viva de aquéllos que responden a la iniciativa de Dios” (Garrastegui & Jones, 2002, pág. 69). Wesley veía a este proceso de salvación en cuatro etapas:

  1. Gracia preveniente: que opera en el hombre, antes que sea salvo y antes que se le predique el Evangelio.
  2. Gracia convincente: que es el convencimiento de pecado por el Espíritu Santo durante la predicación del Evangelio exclusivamente.
  3. Gracia justificante: que declara al pecador como justo después de la fe en Cristo.
  4. Gracia santificante: que auxilia al hombre en su santificación, después de haber tenido fe en Cristo para ser salvo.

Wesley definió a la gracia preveniente, como “el primer alborear de la gracia en el alma” (Wesley, Obras de Wesley, Tomo III, 1996, pág. 70). En su sermón, El camino a la salvación según las Escrituras, definió la gracia preveniente.

“Si tomamos esto en su máxima extensión, habría de incluir todo lo realizado en el alma por lo que frecuentemente se llama “conciencia natural” o más apropiadamente, “gracia preveniente”, toda atracción del Padre (Juan 6:44), los deseos que se dirigen hacia Dios, los cuales, si nos rendimos a ellos, aumentan más y más; toda aquella luz por la cual el Hijo de Dios alumbra a todo hombre que viene al mundo (Juan 1:9), enseñando a todo hombre a hacer justicia, amar misericordia y a humillarse ante su Dios (Miq. 6:8, Juan 6:45), todas las convicciones que su Espíritu de tiempo en tiempo opera en todo ser humano. Aunque es verdad que la generalidad de las personas las sofocan tan pronto como pueden y luego de un rato olvidan o por lo menos niegan, haberlas tenido alguna vez” (Wesley, Obras de Wesley, Tomo III, 1996, págs. 70-71)

Esta gracia: 1) ilumina a todo hombre, la “conciencia natural”, abriendo parcialmente el libre albedrío del hombre respecto a la moral, no habilitándolo para salvación, 2) es dada por Dios, como la iniciativa divina en la búsqueda del hombre. Dios es el que busca al hombre, no al revés (Juan 6:44) y 3) al iluminar la conciencia natural, se haya un conocimiento parcial de Dios, en el hombre, con respecto a la revelación general en la Creación (Rom. 1:19-20) y la ley de Dios inscrita en el corazón (Rom. 2:14-15; Miq. 6.8). Para nada es una reversión, que nos devuelve a “un estado antes de la caída donde les da libre albedrío para que puedan ser ellos quienes escogen o no a Dios”, como lo dicen en el blog Sujetos a la Roca, en su artículo, La Doctrina Antibíblica de la Gracia Preveniente. O como en ese mismo artículo, dicen que es “una gracia que les permite tener la habilidad de escoger o rechazarle”. No; Wesley enseño que la gracia preveniente, era una preparación para que al hombre se le predique el Evangelio y este, no este obligado a rechazarlo, lo que es lo único capaz que puede hacer el hombre en su estado natural. La habilitación del libre albedrío, en su totalidad, para que el hombre pueda rechazar o aceptar la Salvación, es durante y exclusivamente, durante la predicación del Evangelio (que le llamaba, las Saetas del Todopoderoso). A esto, Wesley le llamaba, gracia convincente.

“La gracia convincente es el proceso por el cual el Espíritu Santo despierta a los pecadores dormidos y los confronta con su verdad. Conocerse uno mismo es el corazón del arrepentimiento. Es el comienzo de la restauración del conocimiento sobre el propio ser y sobre Dios y los caminos de Dios perdidos por culpa del pecado” (Garrastegui & Jones, 2002, pág. 72).

Es por eso, que la gracia preveniente, no es una devolución al hombre a un estado antes de la caída, donde su libre albedrio esta totalmente habilitado, sino que es una iluminación de la conciencia, que como decía A.W. Tozer,  “una iluminación interior. Esta puede ser imperfecta, sin embargo, el hecho existe y es la causa de todos los anhelos, búsquedas, y oraciones subsiguientes” (Tozer, 1977, pág. 11). Entonces, Wesley no hacía énfasis en el libre albedrío del hombre, como le acusó Whitefield, sino sobre la gracia de Dios. Como Mildred Bangs Wynkoop dice:

“El arminianismo wesleyano se opone al liberalismo pelagiano al insistir en nuestra necesidad de Cristo el Redentor que debe salvarnos de nuestro pecado actual y del innato. También se opone al antinomianismo del alto calvinismo [hypercalvinismo] por causa de las doctrinas de la libertad de la depravación y la de la gracia que capacita al hombre para vivir sin pecado voluntario en esta vida. Wesley no puso su énfasis sobre el libre albedrío como muchas veces se supone. Insistía en la gracia libre o gracia preventiva [preveniente] al alcance de todos los hombres y que explica todo lo bueno que se halla en el mundo. El hombre natural es diabólico, malo y completamente corrupto. Si hay algo de bueno en cualquiera de los seres humanos se debe solamente a la gracia de Dios. El hombre está completamente pervertido e imposibilitado en sí mismo. La gracia es responsable de todo lo bueno o de cualquier capacidad que haya en el hombre. Ni siquiera el cristiano, por establecido que esté, posee bondad en sí mismo” (Bangs Wynkoop, pág. 71)

Si el hombre no tuviera esta iluminación de la conciencia natural, el mundo sería ingobernable y sería autodestruido por sus ocupantes. Es por eso, que en el siglo 19, Abraham Kuyper, que al igual que Wesley, veía que la gracia de Dios, es la explicación de todo lo bueno en el mundo, como lo decía Bangs. La doctrina de la Gracia Común, de Abraham Kuyper, se fundamenta en tres puntos básicos, que refrenan la depravación del hombre natural:

  1. Dios esta bondadosamente inclinado a todos los hombres.
  2. Dios contiene, limita el pecado en individuos y en la sociedad.
  3. Los no regenerados son capaces de justicia cívica.

Aunque tienen sus diferencias (en el neocalvinismo de Kuyper, los réprobos solo tienen gracia común, pero no salvífica y otras diferencias), en esencia, sirve para lo mismo: Refrenar la depravación total del hombre en su estado natural, y que el mundo sea un mundo gobernable. Aunque Wesley lo veía como una preparación para que se le predique al hombre el Evangelio.

Charles Spurgeon defiende a Wesley y a los Metodistas del cargo de semipelagianismo

Charles Spurgeon, dio la introducción a una conferencia en su iglesia The Metropolitan Tabernacle, en el año de 1861 llamada: Una Exposición de las Doctrinas de la Gracia. En su discurso introductorio, llamado Misrepresentations of Calvinism Cleared Away (Malas representaciones del Calvinismo Clarificadas), Spurgeon mencionó a John Wesley y al Metodismo Wesleyano. Spurgeon menciona que “en aquel avivamiento bajo el Sr. Wesley cuando los Metodistas Wesleyanos tenían mucho que compartir, pero permítanme decir, que la fortaleza del Metodismo Wesleyano era su Calvinismo” (Spurgeon, pág. 15). Spurgeon, no esta tratando de inferir, que los Wesley’s habían “coqueteado” con el calvinismo, o que de plano se habían convertido en calvinistas en secreto, sino que Spurgeon lo que quería decir era que:

“El gran corporativo Metodista se alejaba del Pelagianismo por completo y en parte. Ellos defendían la depravación total del hombre, la necesidad directa de la obra del Espíritu Santo, y que el primer paso para el cambio no proviene del pecador, sino de Dios. Ellos negaban en todo tiempo que fueran Pelagianos. ¿Los Metodistas no creen tan firmemente como nosotros, que el hombre es salvo por la operación del Espíritu Santo y solo del Espíritu Santo? ¿y no están llenos los sermones del Sr. Wesley de esta verdad, que el Espíritu Santo es necesario para la regeneración? A consideración de cualquier error que él hubiera cometido, el siempre continuamente predicaba sobre la necesidad del nuevo nacimiento por medio del Espíritu Santo, y hay muchos puntos de acercamiento con nosotros, como, por ejemplo, el de la inhabilidad humana. No importa cuánto nos molesten cuando decimos que el hombre, por si mismo, no puede arrepentirse o creer; a pesar de eso, los estándares Arminianos antiguos dicen lo mismo. Es verdad, ellos afirman que Dios ha dado gracia a cada hombre, pero ellos no pelean el punto que, alejado de la gracia, no hay habilidad en el hombre para hacer lo bueno respecto a su salvación” (Spurgeon, Misrepresentations of Calvinism Cleared Away, pág. 15).

Spurgeon afirmaba, que la discrepancia con los arminianos wesleyanos, no era sobre la depravación total o inhabilidad del hombre con respecto a su salvación. Ni tampoco, con la necesidad total de la gracia para el nuevo nacimiento. La discrepancia, estaba en la universalidad de la gracia.

Conclusión

Me gustaría mucho, que, Elías Emma, pudiera dar citas de Wesley o algún teólogo wesleyano de renombre, donde se afirme que: “El Arminianismo wesleyano ve en Arminio el padre de la “Depravación Parcial”. También, Elías Emma, afirma que:

“La falacia se comete cuando quieren hacer creer que Calvino y Arminio proponían lo mismo y lo cierto es que NO ES ASÍ!!! Uno [Calvino] era consecuente con su propia teología, una inhabilidad total como antesala a la gracia eficaz; mientras que el otro [Arminio] no tenía correspondencia lógica entre sus propias ideas, una depravación “total” más no “radical” donde el hombre recibe una “gracia cooperativa” más no salvífica”.

Tomado de la publicación original de Elías Emma

Pero como ya vimos, Arminio enseñaba una depravación total radical del hombre, en sus pensamientos, palabras y acciones; además, que Arminio no veía como Wesley, que la gracia preveniente, era una iluminación universal como Wesley la veía. Además, que la gracia preveniente wesleyana ha sido grandemente mal interpretada, y no es para nada una restauración “a los hombres a un estado antes de la caída, en donde les da libre albedrío para que puedan ser ellos quienes escogen o no a Dios”, ni tampoco una neutralización “de los efectos de la caída en los hombres. Él le provee a todos los hombres una gracia que les permite tener la habilidad de escoger o rechazarle”.El afirmar, todo lo que Elías Emma ha afirmado, demuestra una gran ignorancia, tanto de la teología arminiana clásica – reformada de Jacobo Arminio, como de la teología arminiana wesleyana de John Wesley. Por lo que, me limito a exhortarle, a que estudie la teología arminiana clásica y wesleyana desde sus fuentes principales, con libros como, “Jacobo Arminio; vida, pensamiento y legado” del Dr. José C. Rodríguez, que me abstuve a citar, para que fuera la fuente de mis “ideas locas”. Por lo pronto lo dejo con una cita del pastor Sugel Michelén, para que reflexione en ella.

“Es importante señalar que el arminianismo no debe ser confundido con el semi-palagianismo que abunda en tantas iglesias en el día de hoy. El semi-pelagianismo enseña que el hombre es capaz de iniciar su propia salvación, aunque no puede completarla por sí mismo. El arminianismo, en cambio, nos dice que el hombre no puede dar el paso inicial hacia la salvación, a menos que sea capacitado primero por la gracia “resistible” de Dios” (Michelén, Capítulo 2: Las doctrinas de la gracia, 2015, pág. 39).

Saludos y Bendiciones,

Rafael Stringel

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