Jacobo Arminio, John Wesley y la Reforma Protestante – especial por el 503 Aniversario de la Reforma Protestante

Introducción

Estaba traduciendo un artículo muy interesante del Dr. Mathew Pinson, un teólogo arminiano reformado, miembro y autor del blog de The Gospel Coalition U.S. Edition, llamado Why Should Arminians Celebrate Reformation 500, de hace tres años, celebrando el 500 Aniversario de la Reforma. Tuve mucho trabajo esta semana, y no me dio tiempo para hacer los trámites de permiso a TGC de derechos de autor para permitirme el publicar mi traducción, pero se me ocurrió: ¿Por qué no escribir algo yo sobre el 503 aniversario de la Reforma? Algo que llamó mucho la atención del artículo del Dr. Pinson, al cual yo admiro bastante y recomiendo mucho la lectura de sus artículos y libros, fue el hecho, de querer excluir a John Wesley y al Movimiento Metodista y al Movimiento de Santidad (y todos sus derivados), del movimiento de la reforma protestante, por las diferencias teológicas que tuvo Wesley con la teología reformada tradicional (y en sí la de Arminio), y en este artículo que escribí, quiero también incluir a los metodistas y wesleyanos en general en la celebración de la reforma, ya que mucho debemos a la labor hecha por Martín Lutero. Espero les agrade y sea de provecho.

Martín Lutero y la Reforma Protestante

Martín Lutero (1483 – 1546), fue un monje y sacerdote católico romano de origen alemán y doctor en teología, que protesto en contra de la venta de indulgencias por la Iglesia Católica Romana, dando principio al Movimiento de la Reforma Protestante.

Antes de él ya había habido, lo que los historiadores han llamado pre-reformadores, tales como John Wycliffe (1324?? – 1384), un erudito inglés profesor de teología en la Universidad de Oxford, se había rebelado en contra de la Iglesia Católica Romana (en ese tiempo, al Papa lo respetaban poco en Inglaterra en esa época (Holmes, 2009, pág. 117)). Wyclliffe empezó a predicar la Palabra de Dios y solo la Palabra, ya que para el las “Escrituras, no las leyes ni los concilios de la iglesia, eran la única y verdadera autoridad en el creyente” (Holmes, 2009, pág. 117). Wycliffe se rebeló poco después a doctrinas católico romanas como la doctrina de la Transubstanciación (creencia que el pan y el vino, durante la Eucaristía, se convierten literalmente en el Cuerpo y la Carne de Cristo)y la Autoridad absoluta papal. Más tarde, en el año de 1382, Wycliffe completó la traducción al ingles del Nuevo Testamento, para que el pueblo común lo pudiera leer. Y también, organizo a un equipo de sus discípulos que los enviaba de dos en dos a predicar a cada aldea y ciudad del Reino Unido. Pronto la rebelión de Wycliffe llegó a oídos del Papa Gregorio XI en Roma quien “emitió tres decretos ordenando el arresto y el juicio de Wycliffe, pero estas órdenes no pudieron llevarse a cabo” (Holmes, 2009, pág. 117). Aun así, una grande guerra se levantó en contra de Wycliffe y su movimiento. Sus discípulos empezaron a ser perseguidos y arrestados, acusándoles de ser “plebeyos ignorantes”, a quienes se les había confiado negligentemente la enseñanza de la Palabra de Dios, aunque “¡una encuesta había demostrado que menos del 20% de los sacerdotes en Inglaterra podían recitar los Diez Mandamientos y la Oración del Señor!” (Holmes, 2009, pág. 118). Aunque en 1382 un concilio de la Iglesia Católica Romana en la ciudad de Londres había condenado cada una de las 24 doctrinas de Wycliffe, y fue removido de su cátedra en Oxford, “sus poderosos amigos le protegieron de daño personal, y él prosiguió pastoreando su iglesia hasta que murió de vejez dos años más tarde” (Holmes, 2009, pág. 118). En 1414, treinta años más tarde de su fallecimiento, un concilio se convocó para reafirmar la refutación y declaración como herejías de cada una de las doctrinas de Wycliffe. Como no se le había podido condenar en vida como un hereje, se ordeno desenterrar sus huesos, quemarlos y que sus cenizas fueron esparcidas en un río. Al parecer, para sus seguidores, podría ser una injuria tal acción, pero ellos lo interpretaron como una profecía. El Rev. Norman Holmes, en su libro La Historia de la Iglesia a través de los Ojos de Cristo, lo cita.

“Ellos [los discípulos de Wycliffe] notaron que cuando las cenizas de Wycliffe fueron echadas al río, este río desembocaba en el río Támesis, el cual llevó sus cenizas al océano. Desde allí sus cenizas se mezclaron con los océanos del mundo. En vez de que su trabajo fuera destruido, los discípulos de Wycliffe profetizaron que estos se esparcirían a través de todo el mundo, así como sus cenizas se habían esparcido” (Holmes, 2009, pág. 119).

La organización de Wycliffe se convirtió en una de las organizaciones misioneras más grandes del mundo llamada The Wycliffe Bible Translators, quienes han traducido la Biblia a miles de idiomas, y su último proyecto es la App YouVersion.

Otro pre-reformador fue Jan Hus (1369 – 1415) quien había leído las enseñanzas de John Wycliffe y las empezó a enseñar en su natal país de Bohemia (un antiguo reino dentro de la actual Alemania). Aunque sus enseñanzas “fueron aceptadas por la mayor parte de la nación, incluyendo al rey y la reina. Sin embargo, sus reformas también le ocasionaron muchos enemigos. El Papa lo excomulgó en 1411, pero Hus continuó predicando bajo la protección del rey Wenceslao” (Holmes, 2009, pág. 120).  En el año de 1414, fue “invitado” al Concilio de Constanza, para que pudiera responder de manera “amigable” a sus acusaciones de herejía. Al llegar, allí mismo fue apresado bajo acusaciones de herejía y juzgado en ese mismo concilio. Fue acusado falsamente de múltiples herejías, incluyendo que se “había autoproclamado ser igual a Dios Padre, al Hijo y al Espíritu Santo” (Holmes, 2009, pág. 121). Fue condenado a la hoguera bajo cargos de herejía y blasfemia. Se dice que le pusieron un gorro en forma de diablo, y que cuando lo ataron a la estaca de la hoguera, los sacerdotes le dijeron: “Entregamos tu alma al diablo”, Hus les respondió: “Y yo le entrego mi alma a mi más misericordioso Señor Jesucristo” (Holmes, 2009, pág. 121) y mientras el fuego comenzaba a arder en la hoguera, Hus cantaba himnos a Dios. Se dice que unas de las últimas palabras de Hus antes de morir, fue una profecía que vaticinaba un gran avivamiento.

“Este día ustedes están quemando un “ganso”, pero de mis cenizas Dios levantará un “cisne” a quienes ustedes nunca quemarán” (Holmes, 2009, pág. 122).

El Rev. Norman Holmes, explica que, “en el lenguaje bohemio el nombre Huss significa “ganso”. Sin embargo, en el idioma alemán la palabra “cisne” es Luther (Lutero). Y como indica la profecía, la poderosa Iglesia Católica Romana quemó a Jan Hus, pero un siglo más tarde fue incapaz de detener a un “cisne” llamado Martín Lutero” (Holmes, 2009, pág. 122).

Martín Lutero había nacido en 1483, en Eisleben Alemania, solo 30 años después de la caída de Constantinopla bajo las tropas del Imperio Otomano, en 1453, marcando el fin de la Edad Media, un periodo de 977 años desde la caída del Imperio Romano en 476, marcado por un lento avance tecnológico un índice alto de analfabetismo. Lutero había nacido dentro de una familia alemana acomodada y su padre, quien era gerente de varias minas de cobre, ansiaba que su hijo fuera un prominente abogado y político, por lo que lo inscribió en la prestigiosa Universidad de Erfurt, en la carrera de leyes. Sin embargo, un día que iba a visitar a sus padres en Eisleben, lo sorprendió una tormenta eléctrica muy fuerte. Asustado, rezó a Santa Ana, por protección, he hizo un voto diciendo, que si Santa Ana lo protegía de la tormenta, se convertiría en monje. En obediencia a su irreflexivo voto, dejó sus estudios jurídicos para convertirse en un monje menesteroso y mendigo” (Holmes, 2009, pág. 154). Dentro del monasterio de la orden agustina de Eisleben, donde Lutero estaba recluido, practicaba prolongadas sesiones de ayuno y penitencia, pero todo esto no podía apaciguar su conciencia pecadora. En 1513, hizo un peregrinaje a la ciudad de Roma, creyendo que esta peregrinación le traería grandes bendiciones espirituales, pero se decepciono por la corrupción de los sacerdotes y la corte papal (Holmes, 2009, pág. 154). Fue en este viaje a Roma, cuando Lutero estaba escalando de rodillas las escalinatas de la Iglesia de San Pedro, que escuchó las palabras citadas en Romanos 1:17 y Hebreos 10:38: “Mas el justo por la fe vivirá”. Como lo comenta el Dr. Brian J. Bailey en su libro The Parables of Jesus (Las Parábolas de Jesús): “Martín Lutero se había “tropezado” en la doctrina de la “salvación por la fe sola”. El no estaba buscando la verdad; ya que el creía que ya la tenía” (Bailey, 2012, págs. 72-73). La doctrina de la Salvación por la fe sola, se le reveló a Lutero en ese viaje a Roma en 1513, pero se la reservó para el solo. Fue hasta el año de 1517, que la enseño por toda Alemania. ¿Qué causo que en el año de 1517, Lutero “destapara” su doctrina de la “Fe sola”?

El Príncipe Alberto y las ventas de indulgencias

El príncipe Alberto a la edad de 23 años, había adquirido la propiedad del arzobispado de Halberstadt, y estaba en negociaciones para adquirir otro arzobispado, el de Mayencia; pero el tener dos oficios eclesiásticos era ilegal en esa época, pero por eso, la Iglesia en Roma le aumentaron la cantidad de feudos y sobornos, y su deuda aumento a los 800,000 marcos, una cantidad exorbitante de dinero en esa época. Para asegurar el pago de esta exorbitante deuda, la iglesia le dio la autoridad de la venta de indulgencias especiales, un papel, que le aseguraba al cristiano, pagando una cantidad de dinero, la absolución de sus pecados o el pago de la deuda de un difunto en el purgatorio. Alberto contrató a un sacerdote alemán de apellido Tetzel, para que con su poderosa oratoria, vendiera sus indulgencias especiales a los católicos alemanes. Los poderosos métodos de oratoria y convencimiento de Tetzel son comentados y relatados por el Rev. Norman Holmes:

“Lutero pronto escuchó de los poderosos métodos de Tetzel. Primero predicaba acerca de los familiares de la gente siendo atormentados en el purgatorio. Luego Tetzel prometía que si alguien ponía dinero en su gran caja de madera, el alma de su amado saltaría del purgatorio al cielo en cuanto la moneda tocara el fondo de la caja. También predicaba que tenía tanto poder como San Pedro, y que había redimido más almas por medio de sus indulgencias que Pedro con su predicación. Además, Tetzel declaró tener poder otorgado por el Papa para ofrecer el perdón aun si alguien hubiera dormido con la Santa Virgen María, siempre y cuando pagara su dinero. ¡Aún ofreció vender indulgencias que permitirían a las personas cometer pecados futuros! Mientras un pobre hombre podía dar una cantidad irrisoria, los ricos pagaban hasta 300 marcos para obtener tal indulgencia” (Holmes, 2009, pág. 155).

Esto, fue “la gota que derramó el vaso” y que Lutero se inspirara a escribir sus 95 Tesis, y las clavara en la puerta de la Catedral de Wittenberg, un 31 de octubre de 1517. Es interesante, al leer las 95 Tesis, que Lutero no niega la falsa doctrina del purgatorio, ya que en la tesis #26, Lutero dice:

“El Papa hace bien cuando concede la remisión a las almas (en el purgatorio), no por el poder de las llaves (que él no posee), sino por vía de la intercesión” (Enseñanza Religiosa Evangélica, 2017).

Pero inmediatamente, en las tesis #27 y #28, condena la venta de estas indulgencias.

Tesis #27

“Doctrina de hombre la que dice que tan pronto como una moneda entra en la caja de dinero, el alma sale volando (del purgatorio)” (Enseñanza Religiosa Evangélica, 2017).

Tesis #28

“Es cierto que cuando la moneda entra en la caja de dinero, la ganancia y la avaricia pueden aumentar, pero el resultado de la intercesión de la Iglesia está solamente en el poder de Dios” (Enseñanza Religiosa Evangélica, 2017).

En la tesis #32, Lutero condena a los maestros (incluyendo a Tetzel), que enseñan la doctrina de las indulgencias especiales.

“Serán condenados eternamente, junto con sus maestros, los que se creen seguros de su salvación porque tienen cartas de indulgencia” (Enseñanza Religiosa Evangélica, 2017).

Y en las tesis #36 y #37 Lutero expresa su doctrina de la Sola Fide (Sola Fe).

Tesis #36

“Todo cristiano verdaderamente arrepentido tiene derecho a la remisión total de pena y culpa, incluso sin cartas de indulgencia” (Enseñanza Religiosa Evangélica, 2017).

Tesis #37

“Todo cristiano verdadero, ya sea vivo o muerto, tiene parte en todas las bendiciones de Cristo y de la Iglesia; Y esto le es concedido por Dios, incluso sin cartas de indulgencia” (Enseñanza Religiosa Evangélica, 2017).

Inmediatamente la Iglesia Católica Romana quiso callar la protesta del monje – sacerdote agustino Martín Lutero, pero en 1440, en Alemania, se había inventado ya la imprenta, y las 95 Tesis de Lutero, ya se habían impreso, he incluso traducido a otros idiomas aparte del alemán, y se habían distribuido por toda Europa. En 1521, Lutero fue excomulgado y ese mismo año se le dio la orden de asistir a la Dieta de Worms, donde muchos de los allegados de Lutero, recordando la fatídica suerte de Jan Hus, le dijeron a Lutero que no asistiera, pero la respuesta de Lutero fue: “Hus fue quemado, pero la verdad no fue quemada; aunque hayan tantos diablos en Worms, como hay tejas en las casas ¡yo aún iré allí!” (Holmes, 2009, pág. 156). Se le pidió a Lutero en dicha Dieta, precedida por el Emperador Carlos V, y toda la jerarquía eclesiástica, renunciar a sus enseñanzas, a lo que Lutero valientemente respondió:

“Es imposible para mi retractarme, a menos que se compruebe que estoy equivocado mediante el testimonio de la Escritura o de claros argumentos de la razón; porque no le creo ni al Papa ni a los concilios, ya que a menudo han errado, contradiciéndose a sí mismos. Mi conciencia está ligada a la Palabra de Dios, por lo tanto, no es seguro ni saludable hacer algo en contra de la conciencia. Esta es mi postura ¡Dios me ayude! Amén” (Holmes, 2009, pág. 156).

La sentencia de muerte contra Lutero parecía inevitable. Fue “secuestrado”, por su amigo, el noble Federico el Sabio, quien lo escondió en el Castillo de Wartburg, donde prosiguió con sus estudios teológicos, su traducción al alemán del Nuevo Testamento, he incluso su afición por la música, ya que fue autor de varios himnos, entre ellos, el famoso Himno de la Reforma, llamado Castillo Fuerte, que ha sido impreso en la mayoría de himnarios protestantes, que fue compuesto en el periodo entre la Dieta de Worms  y su vida en el Castillo de Wartburg. Lutero renunció a sus votos célibes y se casó con Katherina Von Bora, una exmonja y vivió una vida sencilla.

Hay que admirar la valentía de Martín Lutero, pero no idealizarlo. Lutero cimentó las bases de la teología protestante, pero este no fue infalible. Uno de los tantos errores que cometió (aparte de la persecución a los anabaptistas) fue su antisemitismo, que salió a flote al tratar de evangelizar a los judíos alemanes y estos lo rechazaron. Escribió un tratado llamado Sobre los Judíos y sus Mentiras, donde desahoga todo su odio hacia los judíos. En este tratado, Lutero había dicho siete puntos, que trataban sobre el sometimiento y futuro trato a los judíos alemanes.

  1. Los cristianos deben incendiar las escuelas y sinagogas judías, para evitar la propagación del judaísmo.
  2. No permitir que los judíos sean dueños de casas de cristianos; es decir, quitarles el oficio de banqueros y el poder ofrecer hipotecas.
  3. Desaparecer (destruir; quema de libros) las escrituras religiosas judías, como la Torá, el Talmud y el Zoar.
  4.  Negarles a los rabinos el derecho a predicar y ejercer su cargo (censura sistemática de la religión judía).
  5. No ofrecer protección a los judíos en las carreteras, coartándoles el derecho al libre tránsito.
  6. Para prohibir la usura, se debe quitárseles a los judíos todo su oro y plata (dinero en efectivo), permaneciendo bajo custodia, y solo se le será devuelto a judíos verdaderamente convertidos al cristianismo.
  7. A los judíos (y judías) jóvenes se les debe de proveer de azotes, hachas, palos y husos, a fin de que puedan ganarse el pan “con el sudor de su frente”. La esclavización de la juventud judía a servicio de los cristianos.

En el artículo para Coalición por el Evangelio, llamado El antisemitismo de Lutero, el Rev. Bernard N. Howard, un ministro anglicano, de origen judío, relata como el tratado de Martín Lutero Sobre los Judíos y sus Mentiras, había sido una inspiración a los líderes nazis y el mismo Adolf Hitler. En su artículo, el Rev. Howard, cita a Julius Streicher, el director del periódico nazi, Der Stürmer (en circulación hasta el día de hoy en versión electrónica), durante los Juicios de Nuremberg. Streicher respondió a la pregunta del tribunal: “Testigo, ¿qué objetivos buscó con sus discursos y sus artículos en Der Stürmer?” a lo que Streicher respondió:

“No tenía la intención de agitar o inflamar, sino de iluminar. Las publicaciones antisemitas han existido en Alemania durante siglos… En el libro, “Los judíos y sus mentiras”, el Dr. Martín Lutero escribe que los judíos son una cría de serpientes, y uno debería quemar sus sinagogas y destruirlas. El Dr. Martín Lutero muy probablemente se sentaría en mi lugar en el lugar de los acusados ​​hoy, si ese libro hubiera sido tenido en cuenta por la Fiscalía” (Howard, 2017).

El Rev. Howard, después de un relato espeluznante sobre el antisemitismo del héroe de la Reforma, concluye con estas palabras:

“Con eso en mente, me parece que Lutero es un hombre al que debemos honrar pero no celebrar. Vamos a honrarlo por enfrentar el engaño hueco del catolicismo romano de su tiempo. Honrémoslo por traducir la Biblia al lenguaje de la gente común, para que pudieran leer por sí mismos las palabras de la vida eterna. Vamos a honrarlo por haber liberado a innumerables monjes y monjas en toda Europa de una vida de ritual enclaustrado y celibato obligatorio. Lutero fue un poderoso instrumento de despertar, y merece honor en este año aniversario. Pero este honor no debe elevarse al nivel de celebración. Nuestro recuerdo de Lutero debe templarse con tristeza debido a su pecado y sus consecuencias” (Howard, 2017).

Jacobo Arminio y la Reforma

Jacobo Armino (1560 – 1609), nació en Odewater Holanda, dentro de una familia protestante holandesa, solamente 4 años antes de la muerte del reformador francés Juan Calvino (1509 – 1564). Cayendo huérfano de padre muy temprano en su niñez, y posteriormente en su juventud, el resto de su familia fue asesinada por el ejército español durante la toma de Odewater, su ciudad natal. Recibió una férrea enseñanza reformada /calvinista, dentro de la Universidad de Leyden y posteriormente en la Academia de Calvino en Ginebra Suiza, a los pies del sucesor de Calvino, Teodoro Beza.

Muchos Nuevos Calvinistas en redes sociales, piensan que como Arminio rompió con el calvinismo, él disentía en TODO lo demás de la reforma protestante, pero esto no es cierto. Fuera de las doctrinas calvinistas de la Elección Incondicional, Gracia Irresistible y la Expiación Limitada (Arminio nunca se definió en cuanto a la Perseverancia de los santos), Arminio conservó su pensamiento y creencia reformada. El Dr. Mathew Pinson, en su artículo Why Should Arminians Celebrate Reformation 500 (Porque los Arminianos deberían celebrar los 500 años de la Reforma), dice sobre el pensamiento reformado de Jacobo Arminio.

“Cuando se me ha pedido escribir sobre el porqué los Arminianos (como yo) deberíamos celebrar la Reforma, la respuesta que me salto a la mente era: “Porque Arminio mismo lo hizo”. El fiel protestante Arminio se veía a sí mismo como un Reformado hasta el día que murió. Él se mantuvo veraz, y firme, con la Iglesia Reformada, adhiriéndose y comprometiéndose públicamente a la Confesión de Fe Belga y al Catecismo de Heidelberg una y otra vez” (Pinson, 2017).

El pensamiento teológico de Arminio estaba influenciado por la teología Luterana – Melanchtoniana, ya que Melanchton era considerado un gigante de la reforma (Pinson, 2017). Pero con todo y esto, Arminio amaba leer a Juan Calvino y sus famosos Institutos de la Religión Cristiana, el cual, era el libro favorito de Arminio para regalar después de la Biblia (Pinson, 2017). El deseo de Arminio, después de haber renunciado a la soteriología calvinista era “reformar a la Iglesia – en su teología, prácticas, y adoración – de acuerdo a las Escrituras, alejando a la iglesia del Catolicismo Romano medieval. Sus escritos son dados a través de los compromisos magisteriales de la Reforma” (Pinson, 2017).El Dr. Pinson, hizo un análisis de la teología arminiana reformada (clásica), a través de las famosas Cinco Solas protestantes, ya que como él dice, que el pensamiento de Arminio, “suena claro”, a través de las Cinco Solas.

Sola Scriptura

Arminio era un amante de las Santas Escrituras. Al igual que Lutero, en su teología resonaba la Sola Scriptura por doquier. Ya que Arminio “estaba totalmente de acuerdo con los Reformadores en cuanto a la inspiración, autoridad y la suficiencia de las Escrituras. Para él, las Escrituras es la única fuente de autoridad para la doctrina Cristiana” (Pinson, 2017).

Pero Arminio disentía con muchos teólogos reformados de su época, que interpretaban a la Sola Scriptura como una Escritura Solitaria, que divorciaba a las Escrituras de la Tradición Patrística; ya que Arminio tenía en alta estima las enseñanzas de los Padres de la Iglesia, ya que sus enseñanzas fueron parte decisiva en la separación de Arminio y la soteriología calvinista, ya que encontró que “ningún “Padre” fidedigno había enseñado jamás los criterios de Beza, ni la doble predestinación particular de Calvino nunca había sido aceptada en la iglesia” (Bangs Wynkoop, pág. 50). Arminio opinaba sobre las Escrituras:

“Ningún tema puede ser mencionado, por el solo conocimiento o la adoración en la que la iglesia a sí mismo ha sido adornada con gran honor y dignidad … que no estén entendidos por las Santas Escrituras. Tampoco nadie puede atribuir el estar de acuerdo con cualquier tipo de tema, el cual es necesario que la iglesia sepa de este tema, o que ella lo practique … que no se pueda atribuir tal tema a las Escrituras” (Pinson, 2017).

Sola Gratia

Alguna vez en mis tiempos de debatiente, en uno de los tantos grupos de debate del eterno debate entre el arminianismo vs calvinismo, que leí que un chico neocalvinista comentó algo así: “Ustedes los arminianos no creen en la Sola Gratia; sino que creen en la “Sola Obra””. Pero todo buen arminiano que a leído las obras de Arminio, sabe que Arminio no creía que uno se “podría ganar” la Salvación por nuestras buenas obras; ya que el era un firme creyente que “los humanos estaban caracterizados por “una extrema debilidad de todos sus poderes para poder hacer algo que sea verdaderamente bueno, y para omitir el hacer lo que es malo”. La mente humana, corazón y la voluntad están sumergidos – y muertos – en pecado” (Pinson, 2017). Arminio era un firme defensor de la doctrina de la Depravación Total. Para Arminio, el libre albedrío del hombre hacia las cosas de Dios, no solo está entorpecido, dañado, injuriado, torcido y debilitado; si no al mismo tiempo aprisionado, destruido y perdido. Y sus poderes no solo se encuentran debilitados y son inútiles, si no que no tiene poder alguno a no ser que sea despertado y asistido por la gracia divina. La mente del hombre en este estado se encuentra en oscuridad, destituida de conocimiento salvífico de Dios, y de acuerdo con el apóstol, incapaz de actuar de acuerdo a las cosas que pertenecen al Espíritu de Dios. A esta oscuridad mental le sigue la perversidad de los afectos del corazón, de acuerdo a los cuales odia y tiene aversión por todo aquello que es realmente bueno y agradable a Dios; pero ama y persigue lo que es malo. Correspondiéndose a esta oscuridad mental y perversidad del corazón, se muestra la debilidad de todo poder para realizar algo que sea realmente bueno, y de evitar perpetrar lo que es malo, de un modo correcto y por un fin y una causa correcta” (Arminio, pág. 1).

El teólogo norteamericano del siglo XIX, Moses Stuart dijo sobre Arminio:

“El mayor defensor de la depravación total muy raramente se aventuraría a ir mas allá con respecto al estado de un hombre no-regenerado … como Arminio lo hace” (Pinson, 2017).

Sola Fide

Arminio creía firmemente como Lutero y Calvino, la doctrina de la Justificación Imputada. Muchos calvinistas de redes sociales, asocian las diferencias teológicas que tenía Wesley con la teología reformada (como la imputación del pecado original, la diferencias entre la justificación imputada y la impartida y la perfección cristiana que veremos más adelante en este artículo), son atribuidas a Arminio sin haber nunca leído sus obras. Arminio comentaba sobre la justificación imputada, en la sección de sus obras comentó:

“En su obediencia y rectitud, Cristo es la causa material de nuestra justificación, tanto así que Dios presenta a Cristo en nosotros para justicia, y nos imputa su justicia y obediencia en nosotros” (Pinson, 2017).

 Y en su famosa Declaración de Sentimientos, declaró:

“Yo creo que los pecadores son contados como justos solamente por la obediencia de Cristo … como si hubieran cumplido cabalmente con la ley” (Pinson, 2017).

Solus Cristus

En la doctrina de la Elección Condicional, la primera preocupación de Arminio, era que la doctrina de la elección fuera Cristológica; es decir, que la elección estuviera basada solamente en la fe puesta en Cristo y solo en Cristo. En su doctrina de los Decretos de Salvación, el primer decreto dice:

“El primer decreto de Dios respecto a la salvación de la humanidad pecaminosa, es aquel por el cual decretó nombrar a su Hijo Jesucristo como Mediador, Salvador, Sacerdote y Rey, quien podría destruir el pecado por su propia muerte, podría obtener por su obediencia la salvación que se había perdido y podría comunicarla por su propia eficacia” (Rodríguez, 2013, pág. 181).

Para Arminio, “la predestinación debe entenderse cristológicamente. Cristo, no los decretos, es la Fuente y la Causa de la Salvación” (Bangs Wynkoop, pág. 54). Como el Dr. Pinson comenta:

“Algo central en la teología de Arminio era el oficio sacerdotal de Cristo, que involucraba completamente la doctrina de la Reforma de la substitución penal de la Expiación de Cristo por los pecados de los creyentes. Cristo se ofreció a sí mismo como un sacrificio de expiación o propiciatorio, el cual, Arminio decía, era necesario para apaciguar la justicia de Dios. Esta ofrenda constituye la satisfacción o pago a la justicia divina para la redención del pecado, culpa e ira” (Pinson, 2017).

Soli Deo Gloria

La conclusión que lleva la doctrina de las Cinco Solas protestantes, es que A Dios solamente es la gloria, o Soli Deo Gloria. Esto es algo que Arminio, como todo un protestante, lo tenía muy presente. El Dr. Pinson comenta al respecto:

“Arminio decía que Dios es glorificado cuando su justicia y misericordia son totalmente manifiestas. Dios tiene un “amor de dos lados”: El ama su justicia y el ama a los seres humanos. Aunque El es misericordioso hacia los humanos al ofrecerles un camino de salvación, aún mantiene estándares rigurosos de su justicia. Para Arminio, solamente hay una cosa que Dios ama más que sus criaturas; su justicia. Este “amor de dos lados” da a Dios la gloria definitiva” (Pinson, 2017).

John Wesley y la Reforma

Algo que me decepcionó del artículo del Dr. Mathew Pinson, es que hizo este comentario en su conclusión.

“Yo deseo que más Arminianos modernos se hagan “Arminianos Reformados” y se suban a bordo de la teología Reformada de Jacobo Arminio” (Pinson, 2017).

En todo su artículo, el Dr. Pinson hacía referencia a “arminianos posteriores”, para hacer referencia a los arminianismos que no estaban de acuerdo con ciertas doctrinas de la Reforma. En otro artículo para The Gospel Coalition U.S. Edition, llamado, Meet a Reformed Arminian (Conozca a un Arminiano Reformado), donde lo entrevista el teólogo calvinista, el Dr. Jeff Robinson.  Después de dar todas las diferencias teológicas entre el Arminianismo Reformado y el Arminianismo Wesleyano (que ya enliste las más importantes), el Dr. Robinson le hace la siguiente pregunta: “¿Tu crees que el Arminianismo Evangélico más popular refleja más cercamente las creencias de Wesley y el Movimiento de Santidad que las creencias de Arminio?”; a lo que Pinson respondió:

“Si [para luego virar completamente]. Desafortunadamente el Arminianismo más popular [que yo personalmente les llamo “no calvinistas”, ya que de arminianos no tienen nada] es semipelagiano, más cerca de Finney que de Wesley. Aunque Wesley esté mucho más alejado de la Reforma que lo que nosotros estaríamos, el no estaba tan alejado como Finney y mucho del Movimiento de Santidad de los siglos 19 y 20” (Robinson & Pinson, 2016).

Después de enlistar de nuevo las diferencias más importantes entre el arminianismo reformado y el arminianismo wesleyano (que ya enliste anteriormente las más importantes), y de comentar “en su propia opinión”, que Wesley y su doctrina de santificación por combatir el antinomianismo (hypergracia), se fue al legalismo, prosigue diciendo:

“Aun así, el (Wesley) es mucho más como los reformadores que el moderno Finney y reaccionó en contra del Pelagianismo en maneras muy importantes, especialmente en su punto de ver el pecado original. El hecho de que a tantos calvinistas les agrade cantar los himnos “cargados” de Evangelio de Charles Wesley, que a John tanto le encantaba y los imprimía y recomendaba cantar, muestra lo que Wesley quería decir cuando decía que “el estaba a un pelo de rana del Calvinismo”” (Robinson & Pinson, 2016).

John Wesley (1703 – 1791), nació en una Inglaterra deteriorada socialmente y que sufría de la falsa “religiosidad” de muchos de sus habitantes. Su padre, el Rev. Samuel Wesley, era el párroco local de la población de Epworth, donde John había nacido y su madre Susana, lo había criado en el camino de Dios. Aun y su crianza ejemplar (hasta hay libros sobre el modo de criar de Susana Wesley), John Wesley no había conocido a Jesucristo como su Salvador personal. En sus días de estudiante pre-Oxford, Wesley escribió en su diario, tres puntos en los que el basaba su salvación (Boyer, 1983, pág. 27):

  1. No me consideraba tan perverso como mis semejantes.
  2. Conservaba la inclinación a ser religioso.
  3. Leía la Biblia, asistía a los cultos y oraba.

Durante su estadía académica en Oxford, donde estudió teología, Wesley no solo se preocupaba por cultivar el intelecto (dominó el latín, hebreo, griego y el francés), sino por el cultivar su relación con Dios, pero aún así, confiaba en sus buenas obras para su salvación.

“Comencé a reconocer que el corazón es la fuente de la religión verdadera… reservé entonces dos horas cada día para quedarme a solas con Dios. Participaba de la Cena del Señor cada ocho días. Me guardaba de todo pecado, tanto de palabras como de obras. Así pues, basándome en las obras buenas que practicaba, me consideraba un buen creyente” (Boyer, 1983, pág. 27).

En Oxford, Wesley y su hermano (que luego se les unieron otros estudiantes, entre ellos George Whitefield) fundaron el Club Santo, posteriormente apodados Metodistas, por su metodología para buscar la santidad que consistía en “orar y estudiar las Escrituras juntos; además, ayunaban los miércoles y viernes, visitaban a los enfermos y a los encarcelados, y consolaban a los criminales en la hora de su ejecución. Todas las mañanas y todas las noches cada uno de ellos pasaba una hora apartado, orando solo. Durante las oraciones se detenían de vez en cuando para observar si oraban con el debido fervor. Siempre oraban al entrar y al salir de los cultos de la iglesia” (Boyer, 1983, pág. 27).

Después de su graduación, John y su hermano Charles, se embarcaron a un viaje misionero a las colonias americanas, al moderno estado de Georgia EUA; el cual resulto un viaje fallido. Más tarde, John Wesley, le confesaba a su íntimo amigo George Whitefield sobre ese viaje:

“Hace casi dos años y cuatro meses que dejé mi tierra natal para ir a predicar a Cristo a los indios de Georgia; pero ¿qué llegué a saber? Vine a saber lo que menos me esperaba: que yo que fui a América para convertir a otros, nunca me había convertido a Dios” (Boyer, 1983, pág. 28).

Un 24 de mayo de 1738, a los 34 años de edad, Wesley asistió a un estudio bíblico de la comunidad morava, que había conocido a su viaje a América, y que había detectado, que ellos tenían algo que el no tenía. Durante la reunión, el maestro empezó a leer el prefacio del Comentario a la Epístola a los Romanos de Martín Lutero, y mientras el maestro leía, Wesley más tarde confesó:

“Sentí mi corazón extrañamente cálido. Sentí que confiaba en Cristo, solamente en Cristo, para salvación: y una certeza me fue dada, que Él había quitado los pecados, incluso los míos, y me salvó de la ley del pecado y de la muerte” (Holmes, 2009, pág. 164).

Desde ese día, Wesley buscaba ardientemente algo más profundo en su relación con Dios. Poco tiempo después de esta “Experiencia del Corazón Ardiente”, en una vigilia de oración, Wesley relató más tarde en su diario:

“Cerca de las tres de la mañana, mientras proseguíamos orando sin parar, vino el poder de Dios poderosamente sobre nosotros de tal manera que muchos gritaron de exuberante gozo y muchos cayeron al piso” (Holmes, 2009, pág. 165).

Yo creo que muchos lectores pentecostales / carismáticos, interpretarían esta experiencia de Wesley como un Bautismo en el Espíritu Santo (aunque Wesley nunca habló en lenguas), ya que después de esta experiencia: “Las personas eran liberadas de espíritus inmundos en sus servicios y muchas otras obras del Espíritu Santo eran observadas” (Holmes, 2009, pág. 165).

Como vemos, Dios usó el prefacio de los Comentarios de la Epístola a los Romanos de Martín Lutero, para que Wesley conociera la Salvación, por lo que Wesley tenía en alta estima a Lutero y a la Reforma. Pero como el Rev. Dan Bell, en su artículo The Reformation and the Wesleys: A complex relationship (La Reforma y los Wesley: Una relación compleja), para la revista ResourceUMC perteneciente a la United Methodist Church; comenta:

“Por otra parte, los Wesley y el Movimiento Metodista eran parte de una especie contra-reforma, o quizá, por decirlo más amablemente, una “reforma de la Reforma”. Si el núcleo teológico de la Reforma era reafirmar y clarificar la centralidad de la justificación por la fe sola, podríamos decir que Wesley y los Metodistas eran parte de un reto, un correctivo” (Bell, 2017).

En seguida, el Rev. Dan Bell, explica el porque Wesley disentía fuertemente de la Reforma.

“Wesley fuertemente disentía de la Reforma, que mientras correctamente hacía hincapié en la justificación por gracia, erraba al menospreciar o ignorar la santificación, que es el don de Dios al sanar a los creyentes al hacerlos santos quienes viven vidas santas. Era la Reforma que había olvidado que el don de Dios incluye el perdón y el ser sanos / hacernos santos. Los Wesley estaban convencidos que Dios había levantado a un pueblo llamado Metodistas para recordar a la iglesia de un Cristo entero – un Cristo que perdona y sana” (Bell, 2017).

Para John Wesley, la Salvación, era una experiencia dinámica, era una Salvación presente. Como el decía: “No se trata de algo a distancia: es algo presente, une bendición de la cual, mediante la misericordia gratuita de Dios, estás en posesión ahora” (Wesley, Obras de Wesley, Tomo III, 1996, pág. 70). Como correctamente hacía referencia el Dr. Pinson, Wesley se alejaba del pelagianismo haciendo hincapié en la doctrina del pecado original. En su sermón, con el mismo nombre, Wesley decía que quien negaba la doctrina del pecado original y que el hombre, estaba totalmente corrupto y caído, era “un pagano todavía” (Wesley, Obras de Wesley, Tomo III, 1996, pág. 102). Pero Wesley no se quedaba en lo que el llamaba, “el estado natural del hombre”, sino que veía a la Obra de la Salvación, como una obra terapéutica, administrada por el Gran Médico, Jesucristo; para sanar esta enfermedad, esta lepra llamada pecado, “que aplica la medicina, para restaurarla naturaleza humana, corrompida en todas sus facultades” (Wesley, Obras de Wesley, Tomo III, 1996, pág. 102). Esta recuperación, es la recuperación, o la renovación de nuestros corazones a la imagen de Dios … conforme a la semejanza de Aquel que nos creó” (Wesley, Obras de Wesley, Tomo III, 1996, pág. 104). Es por eso que Wesley, cierra su sermón, El Pecado Original, diciendo:

“Por naturaleza estáis totalmente corrompidos; por gracia seréis totalmente reformados. En Adán todos mueren, en el segundo Adán, en Cristo, todos serán vivificados. A vosotros que estabais muertos en pecados, os dio vida, o sea, la fe en Aquel que os amó y se dio a sí mismo por vosotros. Ahora, id adelante de fe en fe, hasta que toda vuestra enfermedad sea sanada y plenamente haya en vosotros el sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Wesley, Obras de Wesley, Tomo III, 1996, págs. 104-105) .

Es por eso, que Wesley, en su sermón, La Imperfección del Conocimiento Humano, hace una crítica a la teología de Martín Lutero, y en sí a la teología reformada de su día.

¿Acaso alguien ha logrado escribir con más acierto que Martín Lutero acerca de la justificación por la sola fe? Y, sin embargo, nadie más ignorante que él acerca de la doctrina de la santificación, o con ideas más confusas al respecto. Para convencerse de ello más allá de toda duda, basta analizar objetivamente su tan mentado comentario a la epístola a los Gálatas” (Wesley, Obras de Wesley, Tomo IV, 1996, pág. 206).

A la sanidad del pecado original, Wesley le llamaba, Perfección Cristiana, o como el prefería llamarla “amor perfecto” (1 Juan 4:18)” (Wesley, La Perfección Cristiana, 2008, pág. 115.). Para Wesley, esta perfección no hace al hombre infalible, ni sin pecado (se le criticaba que enseñaba una perfección sin pecado o erradicación del pecado original), pero el no enseñaba una erradicación (la herejía de la erradicación, fue enseñada por wesleyanos del Movimiento de Santidad, posterior a Wesley), sino que enseñaba una “salvación del pecado” (Wesley, La Perfección Cristiana, 2008, pág. 115.), o sea, tener victoria sobre el pecado. Para Wesley, la Perfección Cristiana es:

“En un sentido es pureza de intención, dedicación de toda nuestra vida a Dios. Es darle a Dios todo nuestro corazón, es decir, el permitir que El gobierne nuestra vida. Es, además, dedicar no solo una parte, sino toda nuestra alma, cuerpo y bienes a Dios. Bajo otro punto de vista, es tener toda la mente que hubo en Cristo, que nos capacita para andar como El anduvo. Es la circuncisión del corazón de toda inmundicia, tanto interior como exterior. Es una renovación del corazón a la completa imagen de Dios, a la completa semejanza de Aquel que nos creó. Por otra parte, es amar a Dios con todo nuestro corazón, a nuestro prójimo como a nosotros mismos” (Wesley, La Perfección Cristiana, 2008, pág. 118).

Conclusión

La verdad presente (2 Pedro 1:12) para los tiempos de Martín Lutero y los reformadores era “como llegar a ser salvos”. La verdad presente, para los tiempos de Wesley y sus contemporáneos (incluso algunos de sus antecesores) era al “como vivir siendo salvos”. Solamente medio siglo antes del nacimiento de John Wesley, John Bunyan había escrito su libro, El Progreso del Peregrino, que no solamente relata (por medio de una analogía de un hombre llamado Cristiano, su viaje desde la ciudad Destrucción, hasta la Jerusalén Celestial), que el cristiano no solo se queda en su justificación sino que, avanza hacia su santificación y posterior glorificación. Y el teólogo puritano John Owen (la familia Wesley tenía raíces en el Movimiento Puritano, pero habían rechazado su calvinismo), había publicado su famoso libro, La Mortificación del Pecado, donde acuñó su famosa frase: “Mata a tu pecado, o el se encargará de matarte a ti”.

Quisiera hacer un llamado parecido al del Dr. Mathew Pinson, en su artículo. Me gustaría que no solamente los arminianos de inclinación reformada, sino incluso los calvinistas, se subieran a bordo, de una Salvación Completa. No solo de la salvación de la culpa del pecado, sino una salvación del poder del pecado. A veces yo me desanimo aún del pecado que hay en mí y como a veces me domina en ciertas áreas, pero tengo fe (al igual que la Salvación, la santificación total es por medio de la fe) que Cristo culminará su obra en mi vida.

Saludos y bendiciones,

Rafael Stringel

Bibliografía

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