El Arminianismo y San Juan 10

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Una respuesta a la página Jezabel Reformada

Introducción

El 8 de Noviembre del 2019 me etiquetaron en una publicación de una página de Facebook que yo desconocía al momento, llamada Jezabel Reformada. Esta página al parecer, es la típica página de memes de carácter reformado (neocalvinista) que se puede encontrar en dicha red social, que hacen memes haciendo burla a todo lo contrario al calvinismo, en especial, del arminianismo. La publicación era una tabla comparativa donde se compara lo que dice el Evangelio de Juan capítulo 10, contra lo que según esta página, enseña el arminianismo.

Juan 10 y el arminianismo.jpg

Al ver que la publicación estaba plagada de falacias de monos de paja en contra del arminianismo, y había comentarios con la falacia típica de equiparar al arminianismo con el semipelagianismo, como la siguiente imagen.

Comentario Juan 10 y el arminianismo

Quise dedicar tiempo para dar una respuesta, ya que este tipo de publicaciones, solo difunden falsa información acerca de lo que verdaderamente enseña el arminianismo. Sé que hay calvinistas que si conocen lo que verdaderamente enseña el arminianismo, pero muchos neocalvinistas de redes sociales, en especial, los más jóvenes, agarran su información para debatir en redes sociales con este tipo de publicaciones.

La tabla, al parecer está basada en el pasaje de San Juan 10:27-29, que dice:

“Mis ovejas oyen mi voz,  y yo las conozco,  y me siguen, y yo les doy vida eterna;  y no perecerán jamás,  ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio,  es mayor que todos,  y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre” (San Juan 10:27-29).

En lo que al parecer, es lo que según esta página, enseña el arminianismo, se puede ver cómo quieren hacer ver que el arminianismo, pinta a un dios y a un cristo (dios con “d” minúscula y cristo con “c” minúscula, ya que estos argumentos hacen una caricaturización del Dios verdadero) débil y mentiroso, ya que el “cristo del arminianismo”, según ellos, miente, al decir que “no perecerán jamás” y que “nadie las arrebatará de mi mano”, miente, ya que el cristiano, según el arminianismo, se puede perder y tanto la mano de Cristo y de Dios Padre, es una mano débil, ya que, con la fuerza interior del libre albedrío, el hombre puede “escaparse” de Dios. Pero…. ¿Esto es lo que realmente enseña el Arminianismo?

¿Qué es lo que realmente enseña el Arminianismo?

Mi respuesta la diseñe en una serie de preguntas y respuestas para su mejor comprensión.

  1. ¿El Arminianismo enseña que la Salvación, una vez recibida, es insegura?

R = No, para nada.

En la primera parte, del artículo #5, que los Remostrantes (pastores holandeses afines a las enseñanzas de Jacobo Arminio) presentaron ante la Iglesia Reformada Holandesa, en 1610, un año después de la muerte de Arminio, dice lo siguiente:

“Aquellos que son incorporados en Cristo por una fe verdadera, y consecuentemente son hechos partícipes de su Espíritu vivificante, son abundantemente dotados de poder, para que puedan luchar contra Satanás, contra el pecado, contra el mundo y contra su propia carne, y ganar la victoria. Con todo, siempre (queremos que sea bien entendido) con el auxilio de gracia del Espíritu, en todas sus tentaciones, les extiende sus manos, los apoya y fortalece (caso estén listos para luchar, quieran su socorro y no desistan de sí mismos), de modo que, por ningún engaño o poder seductor de Satanás, puedan ser arrebatados de las manos de Cristo, de acuerdo a lo que Cristo dijo en Juan 10:28 “y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano”” (CCEL.org, 2019). 

Según el arminianismo, la Salvación es segura en Cristo, no hay nada como una “Inseguridad de la Salvación”.

       2. ¿El Arminianismo enseña que la Salvación se puede perder?

R = Sí y no. No hay un consenso en ese punto.

El mismo Arminio, nunca creyó hasta su muerte, que un cristiano verdadero se pudiera perder, aunque no se pudo definir totalmente en este punto.

En las Obras de Arminio, en el Tomo 1, Arminio dice sobre la Perseverancia de los Santos.

“Aunque aquí lo afirmo abierta e ingenuamente, nunca enseñe que un verdadero creyente pueda total o finalmente caer de la fe y perecer” (Rodríguez, 2013, págs. 208-209).

Pero al hacer un estudio más exhaustivo del tema, Arminio se topó con las advertencias sobre la apostasía del creyente en la Biblia y esta fue su respuesta.

“Sin embargo no esconderé que hay pasajes en las Escrituras que  parecen enseñar esto [que un cristiano puede caer de la gracia] y las respuestas a ellos que se me ha permitido ver, no son de tal tipo que comprueben ese punto, según mi entendimiento. Por otro lado, ciertos pasajes son producidos a favor de la doctrina opuesta [de la perseverancia incondicional] los cuales son dignos de mucha consideración” (Rodríguez, 2013, pág. 209).

Tampoco los Remostrantes ante el Sínodo de Dort (aunque en su quinto artículo, dieron a entender que un cristiano si se podía perder), no estaban del todo seguros de esto como su maestro Arminio, ya que dijeron: “Esto debe ser un asunto de una pesquisa más exhaustiva en la Sagrada Escritura, antes que podamos enseñar con entera persuasión de nuestras mentes” (CCEL.org, 2019).

El arminianismo clásico, a veces llamado reformado, para diferenciarse de su pariente, el arminianismo wesleyano, desde Arminio, ha estado dividido en este asunto de la Perseverancia de los Santos. Muchas denominaciones que se autodenominan como arminianas clásicas, enseñan que la perseverancia es condicional, pero otras, como los Bautistas Generales o Bautistas de Libre Albedrío, que son de inclinación arminiana, creen en la perseverancia incondicional, aunque estén de acuerdo con los otros cuatro artículos arminianos, mientras que algunas denominaciones Pentecostales, que se definen como arminianas clásicas, sostienen la postura de la perseverancia condicional. Las denominaciones Metodistas, o que tienen su origen en el Movimiento de Santidad, se adhieren al arminianismo wesleyano, el cual, si cree uniformemente en la perseverancia condicional.

     3. Si el Arminianismo enseña que la Salvación es segura ¿Cómo un cristiano puede perder su Salvación?

R = La Salvación, según el Arminianismo, es segura y no se puede perder. El cristiano descuidado y negligente, es el que se puede perder o extraviar.

La segunda parte del quinto artículo Remostrante dice:

“Pero, si ellos no son capaces de, por descuido, olvidar el inicio de su vida en Cristo, de nuevamente abrazar el presente mundo, de alejarse de la santa doctrina que una vez les fue entregada, de perder su buena conciencia y de actuar con negligencia hacia la gracia; esto debe ser asunto de una pesquisa más exhaustiva en la Sagrada Escritura, antes que podamos enseñar con entera persuasión de nuestra mentes” (CCEL.org, 2019).

San Juan 3:16, es el versículo más famoso del mundo, y enseña, que por creer, o tener fe en Cristo, podemos obtener la vida eterna.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo,  que ha dado a su Hijo unigénito,  para que todo aquel que en él cree,  no se pierda,  mas tenga vida eterna” (San Juan 3:16).

Tanto la parte del arminianismo clásico que enseña la perseverancia condicional, como la totalidad del arminianismo wesleyano, enseñan que, el acto de creer, o de tener fe, no es un acto de tipo místico, de una sola vez en el pasado del cristiano, sino de una fe vivida, como lo comenta Mildred Bangs Wynkoop, en su libro “Bases Teológicas de Arminio y Wesley”.

“El Evangelio requiere mucho más que “aceptar” a Cristo como Salvador personal. Lo que es más, esta manera de expresar el comienzo de la vida cristiana, no solo es antibíblica en terminología, sino también en significado. ¿Quiénes somos nosotros para tener el derecho de “aceptar a Cristo”? Es El quien nos acepta según sus condiciones, principalmente la de creer,  y creer es obedecerle. La responsabilidad moral no termina con la fe. Esta comienza el proceso de maduración real, espiritual, obediente” (Bangs Wynkoop, pág. 129).

Esta afirmación, se basa en la interpretación de distintos versículos bíblicos, en base a sus idiomas originales. En el griego koiné, la palabra creer, tiene ciertos sinónimos, como lo demuestra esta igualdad.

Creer = Tener Fe (confianza) = Fidelidad = Obediencia

La palabra cree, en Juan 3:16, es la palabra griega Pisteuo (Strong’s G4100), que el Diccionario Strong’s (tomado de la versión digital de ESword), la define como, “Tener Fe” (en algo, o con respecto a una persona o cosa).

El “Léxico Griego – Español” de Alfred Tuggy, lo define como: “Creer, tener fe, tener confianza, confiar” (Tuggy, © Copyright 1996, pág. 728).

El Diccionario Thayer (tomado de la versión digital ESword), lo define como:

“Pensar que es verdad, ser persuadido, dar crédito, poner la confianza en:

  • a) En algo creído. Dar crédito, tener confianza.
  • b) En una referencia moral o religiosa.”

Y en este punto b), Thayer puntualiza:

“Confiar en Jesús o que Dios es capaz de agradar tanto en obtener o en hacer algo: Fe salvadora”.

Esta palabra Pisteuo, es la que se usa en Hebreos 11:1 y en Romanos 1:17.

La palabra Pisteuo, tiene su origen en la palabra griega Pistis (Strong’s G4102), la cual el Diccionario Strong’s  la define simplemente como: “Fidelidad”.

El Léxico Griego – Español de Tuggy, la define como: “Fe, confianza, creencia, convicción, buena fe, doctrina, garantía, muestra compromiso, fidelidad” (Tuggy, © Copyright 1996, pág. 728).

 Tanto Romanos 1:17 y Hebreos 10:38 fueron los versículos “estandartes” de la Reforma Protestante de Martín Lutero, ya que al querer Lutero esforzarse para obtener su salvación por sus propias fuerzas y buenas obras, al estar subiendo de rodillas las escalinatas de la Basílica de San Pedro en Roma, el monje alemán escuchó estas palabras: “Mas el justo vivirá por la fe”. Desde allí, Lutero empezó a formular su doctrina reformada de la Sola Fide (Sola Fe), que enseña la verdad que somos salvos solamente por la fe depositada en Cristo. Esta verdad, no era algo que Lutero ya sabía anteriormente, sino algo que le fue revelado, ya que, “El (Lutero) no estaba buscando la verdad, él pensaba que ya la tenía” (Bailey, 2012, pág. 73). Lutero prácticamente se tropezó con esta verdad.

“Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe,  como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá” (Romanos 1:17).

 Mas el justo vivirá por fe; Y si retrocediere,  no agradará a mi alma” (Hebreos 10:38).

Tanto el Apóstol Pablo, autor de la Epístola a los Romanos, y el autor anónimo de la Epístola a los Hebreos, están citando al Antiguo Testamento, a Habacuc, uno de los profetas menores.

“He aquí que aquel cuya alma no es recta,  se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá” (Habacuc 2:4).

La palabra hebrea que se usa para fe, es la palabra Emuná (Strong’s H530), la cual significa: “Literalmente firmeza; figurativamente, seguridad; en sentido moral, fidelidad”. Esta palabra Emuná, proviene de la palabra Emun (Strong’s H529), la cual significa: “Establecido; figurativamente, confiable; también abstractamente, confiabilidad”. En la versión inglesa del Diccionario Strong’s, en lugar de confiabilidad, usan la palabra trustworthy, la cual significa: “Digno de confianza”.  En la Epístola a los Romanos, Pablo está escribiendo tanto a lectores gentiles como judíos, por lo que cita bastante el Antiguo Testamento, ya que la iglesia de Roma, era una iglesia mixta, de cristianos gentiles y judíos. También, el autor anónimo de la Epístola a los Hebreos, usa bastantes referencias al Antiguo Testamento y muchas referencias al judaísmo, ya que, como dice el nombre de la epístola, está dirigida a creyentes cristianos hebreos, es decir, judíos, por lo que, para poder entender el concepto de fe, que tienen los judíos, debemos de estudiar el concepto de fe en el judaísmo.

En la página Aishlatino.com, una página en español sobre el judaísmo y la cultura judía, encontré un artículo muy interesante llamado Fe en Dios, la visión del judaísmo, escrito por una mujer llamada, Orit Esther Riter. La Emuná, o fe en Dios, según Riter, es “el pilar de la creencia y práctica judía”  (Riter, © 2019). Riter, en un intento de hacer apologética en contra del cristianismo (esta página no es “judía mesiánica”), dice que “Desafortunadamente, muchas personas asumen que emuná se refiere a fe ciega. Sin embargo, esto no es correcto” (Riter, © 2019), citando indirectamente a Hebreos 11:1, que dice: “Es pues la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. Para el judío, según Riter, la emuná, “comienza en la mente como emuná intelectual” (Riter, © 2019), es decir, indagar intelectualmente sobre el mundo y la existencia de Dios. Pero después de que esta emuná, o fe, es formada intelectualmente, llega a ser una emuná  o fe práctica.

“Saber en nuestras mentes que nuestro Creador está allí es el primer paso. Sin embargo, con el tiempo y con mucha práctica, la emuná puede asentarse en el corazón. Después de que reconocemos sin problemas que Dios es parte de nuestras vidas y que nunca nos deja, podemos trabajar en desarrollar lealtad a Dios con ese reconocimiento y comenzar lentamente a sentirlo en nuestro interior. En vez de ser meramente una creencia intelectual, emuná debiera ser definida como el acto de ser fiel o leal. Es el requisito básico de cualquier relación sana, y requiere de un constante refuerzo” (Riter, © 2019).

El Apóstol Pablo, al ser judío, y haber citado al Profeta Habacuc, en su epístola a los Romanos, podemos ver como estaba de acuerdo en el concepto de fe vivida, o la emuná del Judaísmo. Gerhard Kittel, en su Compendio del Diccionario Teológico del Nuevo Testamento, Kittel muestra que el concepto de fe que enseña Pablo, no es algo estático (Kittel & Friedrich, 2003, pág. 658), sino que la fe está bajo ataque y tiene que afincarse (Kittel & Friedrich, 2003, pág. 658). Más atrás, Kittel, en su comentario, dice que la fe, “entraña tanto obediencia como aceptación del acto divino tanto de gracia como de juicio en la cruz lo cual aporta entendimiento tanto de Dios como de uno mismo. De la gracia de Dios y del yo que está bajo la gracia como de juicio en la cruz, lo cual aporta entendimiento tanto de Dios como de uno mismo, y del yo que está bajo la gracia.  Dentro de este nuevo entendimiento brotan la confianza y la esperanza” (Kittel & Friedrich, 2003, pág. 658). El Apóstol Santiago, al ser judío también, tenía este entendimiento de la emuná del judaísmo, al decir: “Vosotros veis,  pues,  que el hombre es justificado por las obras,  y no solamente por la fe” (Santiago 2:24).  En la versión Castellano Antiguo, lo dice más claramente:

“Ya veis, pues, que el hombre es declarado justo por lo que hace y no solo por lo que cree” (Santiago 2:24).

Es decir, no solo por el hecho intelectual de creer, es que el hombre es declarado justo, o es justificado, sino que, el hombre, es declarado justo, por lo que hace. De hecho, no estoy a favor del movimiento de las raíces hebreas, que de hecho tengo un artículo de crítica a ese movimiento, pero este movimiento usa un Nuevo Testamento “hebraizado”, el cual encontré en la librería de ESword, el cual es el Brit Xadasha edición 1999, editada por el Dr. Rev. Philip E. Goble. Es interesante ver, que como para el judío, es inaudito un concepto de emuná estática, introduce notas para diferenciar la emuná intelectual, de la emuná que produce frutos.

“Vosotros veis, pues, que el ben Adam es jyitzdak im Elojim [justificado] por los ma´asim [hechos] [de emuna], y no solamente por la emuna [que no produce frutos]” (Santiago 2:24).

Si este pensamiento judío, sobre la fe, o emuná, lo “importaron” los Apóstoles del Judaísmo al Cristianismo, ¿Esto mismo lo podemos ver en las enseñanzas de la Patrística o Padres de la Iglesia, que muchos fueron entrenados por los mismos Apóstoles o por gente que fueron entrenados por ellos? Claro que sí.

David W. Bercot, un erudito sobre la Patrística, autor del libro, Cuando el Cristianismo era Nuevo, escribió sobre la fe de los primeros cristianos, la cual, la describe como, una fe como de niño.

“Para los cristianos primitivos, tener fe en Dios significaba mucho más que dar un testimonio conmovedor del “momento en que fijé mi fe en el Señor”. Significaba que creían que Dios era digno de confianza aun cuando creer en él los involucraba en gran sufrimiento” (Bercot, Copyright © 2006, pág. 21).

Bercot cita a un cristiano anónimo del siglo segundo de nuestra era, el cual decía: “No decimos grandes cosas…¡las vivimos!” (Bercot, Copyright © 2006, pág. 21), mostrando, que los cristianos de los primeros siglos, no solo se basaban en una fe histórica (en su pasado personal) o simplemente una fe intelectual, sino que se para ellos, al igual que los judíos, su fe era una fe práctica. Policarpo, el compañero personal del Apóstol Juan y sucesor de el en el obispado de la ciudad de Éfeso, dijo: “El que resucitó a Cristo a nosotros también nos resucitará—si hacemos su voluntad y andamos en sus mandamientos y amamos lo que él amó, guardándonos de toda injusticia.” (Bercot, Copyright © 2006, pág. 52). También Bernabé, en su epístola (que no fue canonizada en el Concilio de Nicea, aunque muchos eruditos, entre ellos David Bercot, que afirman que es auténtica) dice: “El que guarda estos [mandamientos] será glorificado en el reino de Dios; pero el que se aparta a otras cosas será destruido junto con sus hechos.” (Bercot, Copyright © 2006, pág. 53).  Como vemos, dos hombres, un compañero personal y sucesor del Apóstol Juan, Policarpo, y uno de los Apóstoles que viajó junto al Apóstol Pablo, Bernabé, están en completa armonía, que la glorificación, no viene como algo automático de haber hecho una declaración de fe en el pasado, en completa armonía con el Apóstol Pablo, cuando les dice a los romanos: “Más ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna” (Romanos 6:22). En la versión Biblia Lenguaje Sencillo, es mucho más claro la idea que Pablo quiere trasmitir, ya que dice: “Pues el vivir solo para Dios les asegura la vida eterna” (Romanos 6:22b). Es decir, que la santificación, dada he iniciada en la justificación, es la condicionante para la vida eterna. Muchos cristianos, en especial del lado calvinista, confunden los términos justificación y santificación. Al tener una visión monergística de la salvación, tienden a ver que al igual que en su justificación, no tuvieron nada que ver ellos, en su santificación, ellos tampoco tienen nada que ver. Por lo general citan a Pablo en Filipenses 2:13, que dice: “Porque Dios es el que en vosotros produce el querer como el hacer, por su buena voluntad”, como que si el Señor, nos hiciera obedecer por decreto, siendo nosotros despojados de toda voluntad. Lo curioso, es que maestros y pastores calvinistas, de la talla de John Piper o C.J. Mahaney no muestran un comportamiento monergísta en la santificación, sino sinergista, es decir, el hombre hace su parte, con su obediencia. C.J. Mahaney, en su nuevo libro, La Vida Cruzcéntrica, dice acerca de la diferencia entre la justificación y la santificación: “Justificación es ser declarados justos. Santificación es ser hechos justos, estar conformados a la imagen de Cristo” (Mahaney, 2003, pág. 32). Y sobre la santificación, Mahaney enfatiza: “La santificación es un proceso. Será más santificado a medida que continúe en la obediencia motivada por la gracia” (Mahaney, 2003, pág. 33).

Esto mismo decía Wesley al combatir el quietismo (inactividad en la santificación motivada por una visión monergista extrema sobre la salvación) muy común en las iglesias reformadas de la Inglaterra del siglo XVIII. En su comentario sobre Filipenses 2:13, Wesley enfatiza, que la santificación, en efecto, es una obra del Espíritu Santo, pero que el “ocupaos de vuestra salvación” (en el versículo 12), “este es nuestro deber” (Wesley, 1996, pág. 262), y prosigue diciendo que Dios con sus  “intervenciones no suplantan vuestros esfuerzos sino que los incentivan” (Wesley, 1996, pág. 262), es decir que, “Ocupaos de vuestra salvación, este es nuestro deber, porque Dios es el que obra, este es nuestro incentivo”  (Wesley, 1996, pág. 262). De hecho, para los Padres de la Iglesia, era algo inaudito meter monergismo en la doctrina de la santificación. Tertuliano, en su obra La Resurrección de los Muertos, dice sobre el texto de Romanos 6:22:

“Así mediante el sentido del contexto, [el Apóstol] sujeta nuestros miembros de la injusticia y del pecado y los une a la justicia y a la santidad, y llevándolos del estipendio de la muerte al regalo de la vida eterna, promete así a la carne la recompensa de la salvación. Sería razonable que a la carne no se le impusiera ninguna disciplina particular de santidad y justicia, si a ella no le correspondiese también el premio de la disciplina; incluso ni siquiera debería celebrarse el bautismo, si mediante la regeneración, la carne no fuera encaminada hacia la restauración” (Bray, 2000, págs. 252-253).

Para finalizar este punto, quisiera volver al versículo lema o estandarte de la Reforma Protestante, Romanos 1:17: “Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe,  como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá”.  Genadio de Constantinopla escribió en sus Fragmentos a la Carta de Romanos, sobre la condicionante para la resurrección entre los muertos, es la obediencia constante, hablando sobre la profecía de Habacuc, “Más el justo por la fe vivirá”.

“Efectivamente, acerca de la resurrección de entre los muertos se recibe la seguridad de que, al menos participando igualmente de ella, si uno le obedece, según la promesa del Salvador también él está dentro de la Salvación. Y esto – dice – Dios lo aviso desde muy antiguo por medio del profeta: “El justo vivirá de la fe”” (Bray, 2000, pág. 79).

De hecho, la idea de meter monergismo en la santificación, viene de la idea de Martín Lutero, que el hombre no puede hacer nada bueno por sí mismo, como lo dice David W. Bercot:

“El (Lutero) enseñó que somos completamente incapaces de hacer algo bueno, que tanto el deseo y el poder de obedecer a Dios vienen sólo de Dios. Estas eran doctrinas fundamentales de la reforma en Alemania, pero no produjeron una nación de cristianos alemanes, obedientes y piadosos. En verdad, produjeron todo lo contrario. La Alemania de Lutero llegó a ser una sentina de borrachera, inmoralidad y violencia. El esperar pasivo que Dios obrara no produjo ni una iglesia piadosa ni una nación piadosa” (Bercot, Copyright © 2006, pág. 48).

John Piper, es uno de los maestros y pastores calvinistas que respeto y admiro mucho. Su preocupación por la sana doctrina y la forma en la que predica y enseña la Biblia me cautiva y me agrada mucho escucharlo, o leerlo, aunque no concuerda con su calvinismo. En su libro Five Points (Cinco Puntos), donde, al ser el mismo un calvinista, enseña los cinco puntos, o cinco doctrinas del calvinismo. En el capítulo 7, donde habla sobre la doctrina de la Perseverancia de los Santos, en su preocupación de siempre predicar la santidad, y que no se confunda esta doctrina con la herejía de la Hypergracia, que es más conocida como “salvo por siempre salvo”, la cual es una llamada o licencia para pecar amparada en la gracia de Cristo y es enseñada mucho en iglesias liberales. Piper, hablando sobre la relación entre la Perseverancia de los santos, y la doctrina de la Elección incondicional, dice: “La elección es incondicional pero la glorificación no lo es” (Piper, 2013, pág. 63). De hecho, en su preocupación por la santidad, y su gran conocimiento bíblico, llega, sin querer, a la misma aseveración que he estado exponiendo en mi artículo.

“Lo que sigue a lo que estábamos viendo en el último capítulo [el capítulo 6 habla sobre la Elección Incondicional] que el pueblo de Dios va a perseverar hasta el final y no se perderá. Los antes conocidos son predestinados, los predestinados son llamados, los llamados son justificados y los justificados glorificados (Rom 8:30). Ninguno se pierde de este grupo. Pertenecer a este pueblo significa estar eternamente seguro. Pero queremos decir más que esto con la doctrina de la perseverancia de los santos. Significa que los santos van y necesitan perseverar en la obediencia que viene por la fe. La elección es incondicional, pero la glorificación no lo es. Hay muchas advertencias en la Escritura para aquellos que no se sostienen fuerte a Cristo se pueden perder al final” (Piper, 2013, pág. 63).

Hay una contradicción aquí muy clara del calvinismo. Si nuestra elección es incondicional, y segura por ser elegidos por un decreto inamovible desde antes de la fundación del mundo… ¿Por qué se nos pide que nos “agarremos fuertes a Cristo”? Si Pablo esta tan seguro de la glorificación del grupo de elegidos…¿Por qué se nos pide que “nos agarremos fuertes de Cristo”? Porque Piper, al ser un gran maestro de la Biblia, solo está siguiendo el “fluir hermenéutico” que le indica el texto de Romanos 8. Si vemos en el versículo de Romanos 8:35, Pablo habla sobre una lista de peligros de la que Cristo librará a los elegidos:

  1. Tribulación.
  2. Angustia.
  3. Persecución.
  4. Hambre.
  5. Desnudez.
  6. Peligro.
  7. Espada (muerte física).

Si analizamos esta lista, es una lista de amenazas externas, pero en el versículo 13, Pablo nos da una advertencia muy seria, sobre muerte espiritual.

“Porque si vivís conforme a la carne,  moriréis;  más si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne,  viviréis” (Romanos 8:13).

La amenaza de la que habla aquí Pablo, no es una amenaza o peligro externo, sino interno. Si no mortificamos a la carne, nuestra naturaleza pecaminosa, que nos lleva a hacer el pecado, moriremos. La palabra griega para moriréis, es la palabra griega, apothenako (Strong’s G599), la cual el diccionario Thayer la define como: “muerte eterna, ser sujeto a la miseria eterna en el infierno”. Los primeros cristianos, entendían así el significado de este versículo y de la palabra empleada en él. El pastor Constancio, dijo en su Comentario a la Carta de los Romanos:

“Pablo enseña aquí con claridad que él no había tratado anteriormente de la muerte humana común y natural cuando dijo: “pues si vivís según la carne, moriréis”. Sino que se refiere a la muerte del castigo eterno” (Bray, 2000, pág. 306).

De hecho, David W. Bercot afirma, que los primeros cristianos creyeron firmemente que un cristiano salvo se podía perder.

“Ya hemos visto que los cristianos primitivos creyeron que tenemos que seguir en fe y obediencia si vamos a ser salvos. Lógicamente, entonces, creyeron que una vez salvos podemos volver a perdernos. Por ejemplo, Ireneo, el alumno de Policarpo, escribió: “Cristo no volverá a morir por aquellos que cometen pecado, pues la muerte no se enseñorea más de él… Por eso no debemos jactarnos… Pero sí debemos cuidarnos, para que no dejemos de alcanzar el perdón de pecados y seamos excluidos de su reino. Esto pudiera sucedernos, aunque hubiéramos llegado a conocer a Cristo, si hiciéramos lo que a Dios no le agrada.” (Hebreos 6:4-6). Tertuliano escribió: “Hay personas que actúan como si Dios estuviera bajo obligación de brindar sus dones aun a aquellos que no son dignos de ellos. Convierten la generosidad de Dios en una esclavitud… Porque después, ¿no caen muchos de la gracia de Dios? ¿No se les quita el don que habían recibido?” (Bercot, Copyright © 2006, pág. 59).

Sobre el versículo de la Epístola a los Romanos capítulo 11, versículos del 17 al 21, que dice:

“Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas,  y tú,  siendo olivo silvestre,  has sido injertado en lugar de ellas,  y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo, no te jactes contra las ramas;  y si te jactas,  sabe que no sustentas tú a la raíz,  sino la raíz a ti. Pues las ramas,  dirás,  fueron desgajadas para que yo fuese injertado. Bien;  por su incredulidad fueron desgajadas,  pero tú por la fe estás en pie.  No te ensoberbezcas,  sino teme. Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales,  a ti tampoco te perdonará” (Romanos 11:17-21).

Juan Calvino, al leer directamente del texto, y ver que el texto habla sobre la destitución de la parte incrédula de Israel como pueblo de Dios, destruyendo así la creencia de la elección incondicional de los judíos como nación santa, por el simple hecho de ser judíos; Calvino, al ver que también sus doctrina de la perseverancia de los santos, está siendo comprometida por la destitución de los israelitas “elegidos incondicionales”, dijo en su comentario sobre la epístola a los Romanos:

“También parece como si el Apóstol quisiera poner a las gentes en duda sobre su salvación, cuando amonesta a los paganos para que tengan cuidado de no ser, como otros, también censurados. Respondo que esta exhortación tiende a domar la carne que se rebela siempre hasta en los hijos de Dios, y que no ataca en nada a la certeza de la fe” (Calvino, 2005, pág. 201).

¿Cuál es la maniobra que hace Calvino para desviar la advertencia de Pablo de la dedicatoria a los creyentes gentiles? Calvino, dirige la dedicatoria de la advertencia del Apóstol a los paganos… ¿Cómo? Si, a los gentiles paganos.

“Más será menester no olvidar lo que anteriormente dije: que la intención de San Pablo no se dirige tanto a lo personal como al conjunto de paganos entre los cuales podían muy bien existir muchos orgullosos sin motivo, más creyentes en apariencia que en verdad.Por causa de éstos, San Pablo amenaza, no sin razón, a los paganos con el quebrantamiento” (Calvino, 2005, pág. 201).

A los mismos gentiles que en el capítulo 9, versículos 22 al 26, Pablo les cita al profeta Oseas, confortando a los gentiles, que los judíos elegidos incondicionales despreciaban por no seguir los rituales del judaísmo como la circuncisión, que ellos también habían sido llamados a salvación, Calvino dice que aún hay paganos entre ellos, y por eso son orgullosos de haber sido electos y los judíos habían sido entenebrecidos sus ojos y desechados….Pero, ¿Esta interpretación la creían los Padres de la Iglesia? Sorprendentemente no.

Jerónimo, catalogado como uno de los más grandes eruditos de la Biblia (hizo la primera traducción de la Biblia del hebreo y del griego al latín y se le conoce como “el padre de la exégesis bíblica”, es decir, de la hermenéutica), comentó sobre este mismo pasaje del capítulo de Romanos 11, en su Tratado de los Salmos.

“La rama injertada no ha de oponerse a la raíz. Creedme. Cada vez que veo una sinagoga me vienen a la mente aquellas palabras del Apóstol, de que no debemos menospreciar al olivo, cuyas ramas se han quebrado, sino sentir temor; pues si las ramas naturales se desgajan, ¡Cuánto más nosotros, injertos de acebuche, no hemos de temer que vengamos a ser como nuestros padres!” (Bray, 2000, pág. 405).

Jerónimo, no busca a quien dirigir y desviar la advertencia del Apóstol Pablo, hacia los paganos, como lo hizo Calvino, sino que dirige la advertencia a quien debe de ir, ¡a nosotros! ¡Cuánto más nosotros, injertos de acebuche, no hemos de temer que vengamos a ser como nuestros padres!” (Bray, 2000, pág. 405). El acebuche, no es las que el olivo silvestre, el cual en los países mediterráneos no lo usan como alimento para consumo humano (por el tamaño muy pequeño de sus aceitunas), sino que es comido por aves silvestres y como alimento de ganado. ¿Cómo es posible que muchos cristianos reformados digan que los Padres de la iglesia tenían ciertos problemas de hermenéutica? Como el teólogo Giancarlo Montemayor, en su artículo Porqué amo a los padres de la iglesia, publicado en Coalición por el Evangelio, dijo:

“Aunque es cierto que encontramos en los Padres ciertos problemas de hermenéutica, también es verdad que el amor que los Padres tenían por las Santas Escrituras es evidente en sus escritos” (Montemayor, 2018).

¿Cómo es posible que, Jerónimo, el padre de la hermenéutica y padre de la exégesis bíblica, tenga problemas con la hermenéutica? Le respondo: Tienen problemas con la hermenéutica ¡Cuando contradice Jerónimo y los demás Padres de la Iglesia a Calvino y a tu calvinismo!

     4. ¿Por nuestro libre albedrío podemos alejarnos de la mano de Cristo?

R = Si.

Para demostrar esto, voy a seguir la misma ruta lógica que he seguido hasta ahora: Judaísmo – Era Apostólica – Patrística.

Una de las enseñanzas básicas del judaísmo, es que al ser humano, Dios lo dotó de libre albedrío. El Rav. Meir Rosenberg, el fundador de la página Aishlatino.com que he citado con anterioridad, dice en su artículo El libre albedrio y la gran pregunta”, sobre el libre albedrío del hombre y su función en la justicia de Dios. El rabino Rosenberg, inicia diciendo, que el libre albedrío es una doctrina esencial en el judaísmo:

“Un concepto básico en el judaísmo es que las personas tenemos Libre Albedrío. Esta característica la tenemos únicamente los seres humanos y es la que le da sentido a todas las enseñanzas de la Torá” (Rosenberg, © 2019 AishLatino ).

El rabino Rosenberg, prosigue en su artículo, diciendo el propósito de Dios en el libre albedrío humano.

“El libre albedrío es la capacidad de los seres humanos de elegir ante cada situación que se nos presenta en la vida. Una buena decisión es aquella que tiene como consecuencia el crecimiento espiritual de la persona, y una mala decisión es la que genera lo contrario. Por lo tanto, nuestra vida se puede graficar como un constante avance y retroceso en nuestro crecimiento espiritual, basado en nuestras constantes decisiones del día a día. En el mundo venidero no hay cosas materiales, es un mundo espiritual donde nuestras almas disfrutan del placer de la cercanía de Dios. Sin embargo hay distintos niveles de disfrute del placer de la cercanía de Dios. Algunos estarán muy cerca de Dios y tendrán el nivel más alto de placer posible y otros estarán más alejados y recibirán un nivel de placer inferior” (Rosenberg, © 2019 AishLatino ).

Por lo tanto, según el rabino Rosenberg, el libre albedrío es dado al hombre para poder regular el comportamiento humano y determinar su recompensa eterna, muy  similar a nuestra doctrina de la siembra y cosecha.

Otro rabino, el Rav. Noaj Weinberg zt, co-fundador de la página Aishlatino.com, muestra como en el judaísmo, se interpreta literalmente lo dicho por Moisés en su último discurso, cuando dijo: “Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida, la muerte y el mal” (Deuteronomio 30:15).

El libre albedrío es la elección entre la vida y la muerte. Apégate a Dios y te apegarás a la eternidad, la forma más absoluta de vida” (Weinberg zt, © 2019 AishLatino).

De hecho, para los judíos, es herética la creencia que Dios quita el libre albedrío del hombre. Jonathan Rosenblum, un columnista del Jerusalem Post, en su artículo para Aishlatino.com, llamado El libre albedrío y sus detractores, dice que: “La creencia en la elevación del hombre por sobre los animales está siendo atacada en occidente. La negación del libre albedrío –y con ella la posibilidad de la moralidad— es central en este ataque” (Rosenblum, © 2019 AishLatino).

Es decir, que los liberales, atacan el libre albedrío del hombre, ya que si es igual a un animal que sigue sus instintos, pierde todo sentido de responsabilidad moral por sus actos. Si es igual a un animal, el aborto, genocidio y todo tipo de atrocidades se pueden justificar, por eso Rosenblum dice: “Si el hombre no posee la libertad de elegir, no es más moralmente culpable de sus actos que un león por comerse a su presa. Al final de cuentas, es sólo otro animal cuyas acciones están determinadas por sus instintos” (Rosenblum, © 2019 AishLatino).

La controversia del endurecimiento del corazón de Faraón provocada por Dios, registrada en Éxodo 7:3: “Y yo endureceré el corazón de Faraón, y multiplicaré en la tierra de Egipto mis señales y maravillas”, que al parecer indica una pérdida del libre albedrío del Faraón, fue debatida ampliamente por los antiguos rabinos judíos, de la talla de Maimónides y Nahmánides, rabinos sefarditas (judíos de origen español) contemporáneos pero que diferían por razones filosóficas, aunque se apreciaban y admiraban mutuamente. Maimónides creía firmemente que la jurisprudencia de Dios, había decidido privarle la Teshuvá (el retorno al buen camino) al Faraón, por eso Dios le había endurecido el corazón (Hoffer, 2004 – 2014 ©). Pero en el debate, Nahmánides le respondió a su maestro Maimónides:

“En las primeras plagas, el Faraón mismo por propia voluntad endureció su corazón y no quiso dejar salir al pueblo. Como está escrito: “Y se fortaleció el corazón del Faraón”.

Pero cuando las plagas se intensificaban y se cansaba de soportarlas, se ablandaba, se arrepentía y quería mandarlos. Esto no ocurría por su voluntad, sino de lo intolerable de las plagas; por miedo y no por libre albedrío. Para que su libertad de elección esté regulada, HaShem endureció su corazón, para que los enviara por su propia voluntad y su libre albedrío” (Hoffer, 2004 – 2014 ©).

Nahmánides, está apelando a que la palabra hebrea para endureció, es la palabra hebrea kjazak (Stróng’s H2388), la cual se traduce fortalece. De hecho, el Diccionario Strong’s ofrece como sinónimo la palabra ayudar, es decir, Dios, para que se cumpliese su propósito, pero que no se violentara su justicia y soberanía, Dios uso y fortaleció, o ayudó (impulsó) la misma terquedad que el mismo Faraón había usado para endurecer su propio corazón en las primeras cinco plagas de Egipto, para traer juicio sobre su persona y cumplir el propósito de Dios, dejar libres al pueblo de Israel. Dios, fiel a su carácter misericordioso y que es “lento para la ira” (Éxodo 34:6ª), le da muchas oportunidades al hombre para que se arrepienta, pero el ser “lento para la ira”, no quiere decir que no se enoje. Es por eso que el autor anónimo de la epístola a los Hebreos, pone de ejemplo a Esaú que “deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas” (Hebreos 12:17b). El rabino Moshe Hoffer, explica este mismo principio, aunque sin citar la epístola a los Hebreos y en el contexto del endurecimiento del corazón del Faraón.

“HaShem (Dios) le advierte al ser humano una, dos y tres veces, y si este no vuelve, le cierra su corazón para castigarlo por lo que peco. Así ocurrió con el perverso el Faraón, después de cinco veces que HaShem le advierte del castigo que iba a tener, el Faraón fue indiferente y HaShem le dijo: Tú endureciste tu cabeza y tu corazón; he aquí te voy a aumentar más impureza sobre tu impureza” (Hoffer, 2004 – 2014 ©).

Es interesante ver como el rabino Yohanan Ben Zakai, testigo de la destrucción de Jerusalén en el año 70D.C. y fundador de la escuela rabínica de Yavne, se expresa sobre los que creen que el libre albedrío  fue suprimido del Faraón y fue predestinado a la perdición eterna: “De aquí que los herejes podrán argumentar que el Faraón no tuvo posibilidad de volver en Teshuvá (en hebreo arrepentimiento)”. Le dijo Resh Lakish: “Que se cierren la bocas de los perversos” (Hoffer, 2004 – 2014 ©).  

¿Los Padres de la Iglesia creyeron en el libre albedrío al igual que el judaísmo?

R= Si.

Los Padres de la Iglesia, tanto de oriente como de occidente creyeron firmemente en el libre albedrío al igual que el judaísmo.  David W. Bercot, dice sobre la creencia de los Padres de la Iglesia en el libre albedrío del hombre:

“Los cristianos primitivos creyeron firmemente en el libre albedrío. Por ejemplo, Justino propuso el siguiente argumento a los romanos: “Hemos aprendido de los profetas, y lo afirmamos nosotros, que los correctivos, los castigos y los galardones se miden conforme al mérito de los hechos de cada uno. De otra manera, si todo sucediera sólo por suerte, no hubiera nada a nuestro poder. Porque si un hombre se predestinara a lo bueno y otro a lo malo, el primero no mereciera la alabanza ni el segundo la culpa. Si los hombres no tuvieran el poder de evitar lo malo y de escoger lo bueno según su propia voluntad, no fueran responsables por sus hechos, sean buenos o malos… Porque el hombre no sería merecedor de recompensa o alabanza si él mismo no escogiera lo bueno, o si sólo fuera creado para hacer lo bueno. De igual manera, si un hombre fuera malo, no merecería el castigo, ya que él mismo no hubiera escogido lo malo, siendo él capaz de hacer sólo lo que fue creado para hacer.

Clemente escribió de semejante manera: “Ni alabanza ni condenación, ni recompensa ni castigo, sería justo si el hombre no tuviera el poder de escoger [lo bueno] y evitar [lo malo], si el pecado fuera involuntario.” (Bercot, Copyright © 2006).

Tanto Justino, uno de los primeros apologistas cristianos del primer siglo, como Clemente Romano, un discípulo del Apóstol Pablo, fueron creyentes firmes del libre albedrío, y no creían en una predestinación o elección incondicional.

El problema o tensión entre la soberanía de Dios y la libre voluntad del hombre, ha sido tema de discusión en la teología cristiana por muchísimos años. Mildred Bangs Wynkoop, en su libro, Bases Teológicas de Arminio y Wesley, presenta la solución de esta tensión poniendo un par de ejemplos prácticos. Primeramente pone una balanza equilibrada, la cual nos muestra que la Voluntad de Dios, está en completo equilibro con la Voluntad del hombre. “En esta ilustración, la voluntad de Dios esta contrarrestada por la del hombre o la de este por la de Dios” (Bangs Wynkoop, pág. 96), pero esto es presentado por Bangs, como un modelo poco satisfactorio (Bangs Wynkoop, pág. 95).

 

Balanza libre albedrio soberania

En una segunda ilustración, Bangs nos muestra un modelo, el cual para ella es más bíblico. Muestra un gran círculo con un rectángulo pequeño. El círculo grande representa a la Voluntad de Dios, y el rectángulo pequeño a la Responsabilidad del hombre (no a la Voluntad del hombre).

 

Grafico circulo voluntad de Dios

En este modelo, Bangs presenta que “el hombre es genuinamente libre dentro de los límites de Dios” (Bangs Wynkoop, pág. 97), y esto, dice Bangs, es “en su amor soberano” (Bangs Wynkoop, pág. 97). Para Bangs, hay dos órdenes absolutos en el universo: 1) El orden natural, es decir en la creación, como las leyes de la física; ya que Dios es el Creador, y 2) El orden moral, las leyes morales de Dios (Bangs Wynkoop, pág. 97).  El hombre por lo tanto, “no está libre de no hacer constantes decisiones morales” (Bangs Wynkoop, pág. 97). Dios le dio en su amor al hombre, libertad moral. La libertad que Dios le dio al hombre es moral, no inmoral (Bangs Wynkoop, pág. 97). Por lo tanto, el hombre “no puede escoger el mal y cosechar lo bueno, ni dictar sus propias reglas para la vida moral. No puede señalar los términos de su propia salvación. Debe elegir que servidumbre (o consecuencias) aceptará” (Bangs Wynkoop, pág. 97).

El libre albedrío para decisiones morales, Dios mismo lo habilitó parcialmente por pura gracia (en el arminianismo se le llama gracia preveniente, o antecedente). Dios puso reglas morales en la cual se gobernaría el mundo con la libertad moral que Dios le dio al hombre. Dios mismo le pide al hombre que escoja a quien servir, a Dios o al pecado: Escogeos hoy a quien sirváis (Josué 24:15), y Jesús complementa esto al decir que “ninguno puede servir a dos señores” (Mateo 6:24). El Apóstol Pablo también dice este mismo principio: “¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?” (Romanos 6:16). Bangs termina su exposición con esta conclusión: “Todo esto define los límites de la libertad del hombre y revela las reglas divinas que la rigen. Los hombres son libres para elegir a quien servirán, pero no son libres para escoger las consecuencias” (Bangs Wynkoop, pág. 97).

Esta exposición de Bangs sobre la controversia entre la Soberanía de Dios y el libre albedrío del hombre, esclarece mucho, aunque para mí en lo personal, la que más esclarece esto y es muy parecida a la de Bangs, es la exposición del teólogo autodidacta y predicador de inicios del siglo 20, A.W. Tozer, en su libro Los Atributos de Dios, Volumen 2. Esta posición propia de Tozer (y muy cercana a la de Bangs) cuenta el que la expuso predicando en presencia de Martin Lloyd Jones, y dijo que “el (Jones) no la cuestionó, solamente sonrió. No dijo que la creyera, pero ¡no dijo que no la creyera!” (Tozer, 2014, pág. 150). En su postura, Tozer, que no la identifica ni con Arminio ni con Calvino (Tozer, aunque pertenecía a una denominación de orígenes reformados, era un teólogo autodidacta), ya que decía que: “Por tanto puedo tomar a Juan Calvino en una mano y a Jacobo Arminio en la otra caminando por la calle. (Ninguno de ellos caminaría conmigo, estoy seguro, porque Calvino diría que soy demasiado arminiano, ¡y Arminio diría que soy demasiado calvinista!). Pero soy feliz en el medio. Creo en la soberanía de Dios y en la libertad del hombre.”  (Tozer, 2014, pág. 151). La postura “media” de Tozer (¡que es muy similar a la de Bangs!), dice así:

“El Dios todopoderoso es soberano, libre de hacer  lo que le plazca. Entre las cosas que a Él le place hacer esta el darme libertad para que yo haga lo que me place a mí. Y cuando hago lo que me place, estoy satisfaciendo la voluntad de Dios, no la estoy contradiciendo, ya que Dios en su soberanía me ha dado soberanamente la libertad de tomar una decisión libremente. Aunque la elección que haga no sea lo que Dios hubiera hecho por mí, su soberanía está satisfecha porque hice mi elección. Y puedo tomar la decisión porque la gran soberanía de Dios, que es completamente libre, me dijo: “En mi soberana libertad te confiero un poquito de libertad. Ahora (elige hoy mismo a quien servirás) (Josué 24:15 NTV). Se bueno o se malo como gustes. Sígueme o no me sigas, avanza o retrocede. Ve al cielo o al infierno”. La soberanía de Dios ha puesto la decisión en el regazo de usted y ha dicho: “Esto es tuyo; tú debes tomar la decisión”. Y cuando tomo una decisión, estoy satisfaciendo la soberanía, en que El soberanamente quiere que yo sea libre de tomar decisiones. Si elijo ir al infierno, eso es lo que su amor hubiera elegido, pero no contradice ni anula su soberanía” (Tozer, 2014, págs. 150-151).

Más adelante, Tozer da una ilustración de un barco trasatlántico que hace un viaje de Nueva York hacia Liverpool. El capitán del barco tiene el timón, y los pasajeros durante el viaje pueden hacer lo que les plazca dentro de las comodidades del barco. Así, dice Tozer, Dios nos dice:

“Te he lanzado al mar desde la playa del nacimiento. Vas a ir al pequeño puerto que llamamos muerte. En el ínterin, eres libre de divertirte todo lo que quieras, solo recuerda que cuando llegues allí vas a responder por lo que hayas hecho”. Despotricamos y hacemos demandas, declarando que podemos hacer como nos plazca. Nos jactamos de nuestra libertad. Tenemos un poco de libertad, está bien, pero recuerde que no podemos cambiar el curso del Dios todopoderoso. Dios dijo que todos los que sigan a Jesucristo y crean en El serán salvos, y quienes lo rechacen serán condenados. Eso está establecido, eterna, soberanamente establecido. Pero usted y yo tenemos libertad, mientras tanto, de hacer lo que queramos. Y aunque muchas personas piensan muy poco al respecto, un día vamos a responder por eso, conforme a la soberana voluntad de Dios” (Tozer, 2014, págs. 152-153).

Pareciera, que en la estrecha, finita y retorcida mentalidad calvinista, el Dios soberano que el calvinista pinta, sería el capitán del barco trasatlántico que no solamente maneja el timón del barco, sino que, como un gendarme tiránico, controlara todo lo que cada uno de los pasajeros está haciendo dentro del barco. “Ahora tú y tú, ¡juega al tenis! Y tu mengano, ¡juega al billar! Y tu fulanita, ¡ponte a bailar con fulanito!”.  La estrecha mentalidad calvinista, encierra a Dios en un “corralito”, la cual ellos llaman, “soberanía divina”. Una soberanía, solamente existente en la imaginación filosófica de sus mentes. El calvinista enseña que uno no puede saber el decreto de Dios con respecto a la Salvación del hombre, ya que este decreto está dentro de la “voluntad secreta divina”. Pero pareciera, que el calvinista ignora (o peor aún, voluntariamente ignora), el decreto expreso de Dios respecto a la libertad humana, el libre albedrío.

 “Mira,  yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien,  la muerte y el mal; porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios,  que andes en sus caminos,  y guardes sus mandamientos,  sus estatutos y sus decretos,  para que vivas y seas multiplicado,  y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella. Mas si tu corazón se apartare y no oyeres,  y te dejares extraviar,  y te inclinares a dioses ajenos y les sirvieres, yo os protesto hoy que de cierto pereceréis;  no prolongaréis vuestros días sobre la tierra adonde vais,  pasando el Jordán,  para entrar en posesión de ella” (Deuteronomio 30:15-18).

“Y si mal os parece servir a Jehová,  escogeos hoy a quién sirváis;  si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres,  cuando estuvieron al otro lado del río,  o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis;  pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15).

“El que cree en el Hijo tiene vida eterna;  pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida,  sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36).

Tengo que decir, como nota aclaratoria, que como arminiano, soy un firme creyente de la inhabilidad del hombre por salvarse a sí mismo. Arminio lo mencionó en sus obras, que “en su estado natural, el libre albedrío del hombre hacia las cosas de Dios, no solo está entorpecido, dañado, injuriado, torcido y debilitado; si no al mismo tiempo aprisionado, destruido y perdido. Y sus poderes no solo se encuentran debilitados y son inútiles, si no que no tiene poder alguno” (Arminio, pág. 1), pero como el, soy un firme creyente en la gracia de Dios y el libre albedrío, ya que el libre albedrío solo opera en el hombre “a no ser que sea despertado y asistido por la gracia divina” (Arminio, pág. 1). Es solo por su gracia y soberanía, que Dios nos da la libertad de actuar libremente, y poder escogerlo o rechazarlo, ir al cielo o al infierno.  

En la limitada libertad de acción que Dios nos da, estad la libertad de permanecer en su salvación. Argumentos como los presentados en la publicación: “Cristo se equivoca. Tu eres más fuerte que él, y eres perfectamente capaz de zafarte de la mano más fuerte del universo”. Son argumentos salidos de la imaginación calvinista, ya que el griego koiné jamás indica esto. Ya que, “en el español iniciamos el condicional con la respectiva conjunción “si” para ayudarnos. Más a menudo, en el griego la contingencia está oculta” (Bangs Wynkoop, págs. 125-126). Este es el caso de los famosos versículos de Juan 3:16 y 6:40, ya que “los verbos que significan creer (Pisteuo, Strong’s G4100) están en presente continuo” (Bangs Wynkoop, pág. 127). Los versículos, en una traducción literal, se leen de la siguiente manera:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo,  que ha dado a su Hijo unigénito,  para que todo aquel que en él cree [y continua creyendo],  no se pierda,  mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo,  y cree en él [y continua creyendo en el],  tenga vida eterna;  y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:40).

También es el caso de Romanos 10:9:

“Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor,  y creyeres  [y continuas creyendo] en tu corazón que Dios le levantó de los muertos,  serás salvo” (Romanos 10:9).

Esto en concordancia con el concepto judío (Jesús era judío y no lo podemos desarraigar de sus raíces) de la emuná, fe continua, fidelidad, obediencia, por lo que “no es suficiente ningún acto solo de fe, sino toda una vida de confianza persistente en Dios y obediencia a Él; esta es la declaración del Nuevo Testamento” (Bangs Wynkoop, pág. 127).

Aunque en estos versículos, la condicional está oculta en el español, hay muchos versículos donde se ve claramente que la perseverancia del cristiano está condicionada a la fe continua.

“En su cuerpo de carne,  por medio de la muerte,  para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe,  y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído,  el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo;  del cual yo Pablo fui hecho ministro” (Colosenses 1:22-23).

La palabra permanecéis, en griego es la palabra epimenó (Strong’s G1961), que el Diccionario Thayer la traduce como: “aguantar quieto [por ejemplo, “aguantar las adversidades”], estar aun morando, continuar, permanecer”.

Un versículo muy usado para defender la Seguridad eterna, es la doxología de San Judas, en el versículo 24.

“Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída,  y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría” (Judas v24).

“Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída,  y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría” (Judas v24).

Pero por lo general no presentan el contexto de dice:

“Pero vosotros,  amados,  edificándoos sobre vuestra santísima fe,  orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios,  esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna. A algunos que dudan,  convencedlos. A otros salvad,  arrebatándolos del fuego;  y de otros tened misericordia con temor,  aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne. Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída,  y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios,  nuestro Salvador,  sea gloria y majestad,  imperio y potencia,  ahora y por todos los siglos.  Amén” (Judas v20-25).

La palabra griega para la palabra conservaos, es la palabra Tereo (Strong’s G5083) que el Diccionario Thayer la traduce como: “vigilar”, “guardarse”. Una traducción literal correcta se podría leer como: “guárdense vigilantemente en amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna”.

Para culminar con el versículo en cuestión o central de esta publicación, el teólogo pentecostal, Guy P. Duffield, en su libro Fundamentos de Teología Pentecostal, ofrece una traducción literal de Juan 10:28.

“Meody llama la atención a la traducción literal de Juan 10:28, y dice: Ni por un momento dudo de esta traducción literal: “Mis ovejas continúan oyendo mí voz, y yo las continúo conociendo, y ellas continúan siguiéndome,y yo les sigo dando vida eterna; y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano.” Algunos leen el pasaje como si dijera: “Mis ovejas oyeron mi voz, y yo las conocí, y me siguieron, y yo les di vida eterna.” Los verbos son presente lineal, indicando una acción continua para las ovejas y el Pastor, no la falencia de una acción puntual del tiempo pasado” (Duffield, 2006, pág. 172).

Conclusión

Quedó demostrado, con las raíces judías, las enseñanzas de la Partística,  y con las enseñanzas originales del Arminianismo, que la interpretación de Juan 10:27-29, no significa para nada que una sola declaración de fe en el pasado, nos dé una atracción irresistible continua que no nos permitirá perdernos jamás…esto es solo una fantasía de la imaginación calvinista. Los dejo con una frase del pastor A.W. Tozer:

“El cielo no estará lleno de esclavos. No habrá conscriptos marchando en los ejércitos del cielo. Todos estarán allí porque ejercieron su soberana libertad de elegir creer en Jesucristo y rendirse a la voluntad de Dios” (Tozer, 2014, pág. 162).

Dios nos de su gracia santificadora para poder seguir guardándonos vigilantes en el amor de Dios.

Bendiciones,

Rafael Stringel

Bibliografía

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. pablo órdenes dice:

    Hermano, gracias por su aporte no sólo útil sino muy edificante y esclarecedor también.
    Sólo una pequeña corrección cuando citas a Tozer: pusiste “Si elijo ir al infierno, eso es lo que su amor hubiera elegido, pero no contradice ni anula su soberanía” (Tozer, 2014, págs. 150-151), y es: Si elijo ir al infierno, eso “no” es lo que su amor hubiera elegido, pero no contradice ni anula su soberanía” (Tozer, 2014, págs. 150-151).
    Faltó el “no” que está en el libro de Tozer, y es imprescindible para entender la cita. Sin duda fue un error sin intención.
    Una vez más muchas gracias por el edificante artículo.

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    1. Gracias por la observación

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