El Segundo Punto del Arminianismo: Liberado por Gracia (Para Creer); Parte 1

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Segundo punto Liberado para creer parte 1

Introducción

En mi entrega anterior vimos como el Arminianismo no niega el punto doctrinal de la Depravación Total, como muchos maestros y blogs calvinistas lo afirman. Vimos que la controversia entre los dos sistemas del Calvinismo y el Arminianismo no comienza con el punto de la Depravación Total, sino con los cuatro puntos siguientes. En esta entrega veremos el segundo punto del Arminianismo, el cual es: Liberado por Gracia (Para Creer).

Ya que este punto es algo extenso en su contenido, ya que toca doctrinas como La Regeneración, Gracia Irresistible, Gracia Preveniente, entre otras, por lo que decidí dividirlo en dos partes, de la cual, esta entrega es la primera parte, espero sea de bendición.

Liberados por Gracia (Para Creer); ¿Liberados de qué?

En mi entrega anterior, vimos cómo Arminio afirma que en su estado natural, debido a la caída de Adán, el libre albedrío del hombre, no solo está entorpecido, dañado, injuriado, torcido y debilitado; sino al mismo tiempo aprisionado, destruido y perdido y sus poderes no solo se encuentran debilitados y son inútiles, si no que no tiene poder alguno a no ser que sea despertado y asistido por la gracia divina (Arminio, pág. 1). Y siguiendo su declaración inicial en su primer punto, no declara que el hombre está totalmente vivo, o medio vivo, espiritualmente hablando, como he demostrado que han afirmado maestros, como el pastor calvinista Will Graham y blogs calvinistas como Sabiduría Que Clama, sino que Arminio concluyó su primer punto con: Para esto que se considere toda la vida del hombre colocada bajo pecado y se agregue a esto que las Escrituras nos exhiben lo mismo por medio de las descripciones más iluminadoras; y será evidente que nada puede decirse en forma más verdadera concerniente al hombre en su estado, que se encuentra muerto en pecado (Romanos 3:10-19) (Arminio, pág. 2)”.

Así también, los Remostrantes (pastores pertenecientes a la Iglesia Reformada de Holanda que simpatizaban con la postura teológica de Jacobo Arminio), en su Artículo #3 de los cinco artículos que articularon en su defensa ante el Sínodo de Dort, en el año de 1610, afirmaron que: El hombre no posee fe salvadora por sí mismo, ni a partir del poder de su libre albedrío, visto que, en su estado de apostasía y de pecado, no puede, de sí y por sí mismo, pensar, querer o hacer, algo de bueno (que sea verdaderamente bueno tal como es, primeramente, la fe salvadora) (Arminianismo en Español, 2016)”, y afirmaron, como su maestro Arminio, que el Espíritu Santo debe hacer una obra previa en el corazón del hombre para que este pueda ser salvado.

Aquí podemos ver un punto de encuentro entre los dos sistemas del Calvinismo y el Arminianismo, el que el hombre está totalmente depravado y por lo tanto, su libre albedrío inutilizado y también, que el Espíritu Santo debe hacer una obra previa en el corazón del hombre, pero empieza a haber un punto de desencuentro entre ambos sistemas, la cual es esta obra previa del Espíritu Santo, la cual, en el Arminianismo, es la liberación del libre albedrío del hombre de la consecuencia de la caída de Adán, que como vimos en mi entrega anterior, es la Depravación Total del hombre.

Arminio, en su segundo punto llamado “Liberado por Gracia (para creer)”, afirma lo siguiente:

Liberado por Gracia (Para Creer)

Porque por gracia son salvos por medio de la fe; y esto no de ustedes pues es don de Dios. No es por obras, para que nadie se gloríe. Efesios 2:8-9

“Confieso que la mente del hombre natural y carnal se encuentra en tinieblas y oscuridad, que sus afectos están corrompidos y desordenados, que su voluntad es obstinada y desobediente, y que el ser en sí está muerto en pecados. Y agrego a esto, que un maestro obtiene mi más alta aprobación cuando atribuye el mayor mérito posible a la gracia divina; siempre que defienda la causa de ella hasta el límite de no infringir daño a la justicia de Dios, y de no quitar el libre albedrío del hombre específicamente hacia hacer el mal.

De esta manera, atribuyo a la gracia el comienzo, la continuación y la consumación de todo bien, y llevo su influencia a tal extremo que un hombre, a pesar de ser regenerado, no puede concebir, desear, o hacer nada bueno, ni resistir siquiera una tentación, sin la gracia divina.

A raíz de lo anterior, se hará claramente visible, que por ningún motivo hago injusticia a la gracia, atribuyéndole (como se ha dicho de mi) demasiado énfasis al libre albedrío del hombre. Ya que toda la controversia se reduce a la respuesta de la siguiente pregunta: “¿es la gracia de Dios una fuerza irresistible?”, dicho de otra manera, la controversia no tiene que ver con aquellas acciones u operaciones que puedan ser atribuidas o no a la gracia (ya que he reconocido y enseñado cuantas de estas acciones u operaciones un maestro pueda haber enseñado) si no que se reduce estrictamente al modo de operación, si es irresistible o no. Con respecto a lo cual, creo, de acuerdo a las escrituras, que muchas personas resisten al Espíritu Santo y rechazan la gracia que se les ofrece” (Arminio, págs. 2-3).

Así también, los Remostrantes, en su defensa ante el Sínodo de Dort, asentaron algo similar a lo que su maestro, Jacobo Arminio, había articulado en sus obras, al decir en su Artículo #4:

Esta gracia de Dios es el principio, el progreso y la consumación de todo lo bueno, tanto que ni mismo un hombre regenerado puede, por sí mismo, sin esta precedente o preveniente, excitante, progresiva y cooperante gracia, querer o terminar cualquier bien, mucho menos resistir a cualquier tentación al mal. Por ello, todas las buenas obras y buenas acciones que puedan ser pensadas, deben ser atribuidas a la gracia de Dios en Cristo. Pero, en relación al modo de operación de esta gracia, no es irresistible, ya que está escrito sobre muchos que “resistieron al Espíritu Santo” (Hechos 7) y en muchos otros lugares” (Arminianismo en Español, 2016).

Como dije en la introducción a mi artículo, este segundo punto del Arminianismo es algo extenso, ya que, toca diversas doctrinas de ambos sistemas, las cuales son:

  1. La Regeneración (tocada en ambos sistemas).
  2. Gracia Irresistible (perteneciente al Calvinismo).
  3. Gracia Preveniente (perteneciente al Arminianismo).

Por lo cual, decidí dividir este segundo punto en dos partes. En esta primera parte veremos el tema de la Regeneración.

La Regeneración

El Dr. Paul G. Caram, uno de mis maestros en el seminario, en su libro, Fundamentos de la Fe, define el término regeneración, como: “El nuevo nacimiento. Una vivificación, un despertar en su espíritu” (Caram, 2012, pág. 109). Más adelante en su libro, da una definición más exacta del término:

“La regeneración es nuestra experiencia real del nuevo nacimiento. Éste es un milagro soberano de gracia que Pablo expresa en Efesios 2:1: “Y él os dio vida a vosotros cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (ver también Ef. 2:1-5). Nuestro espíritu estaba muerto. La muerte significa separación. Estábamos muertos para Dios y separados de Su presencia y favor. Entonces Él nos resucitó y nos vivificó para Él” (Caram, 2012, pág. 114).

En el punto de vista calvinista, es en el mismo sentir, una resurrección espiritual, pasar de muerte a vida espiritual, solo que con un elemento extra: La regeneración es previa a la fe. Así lo expresa el finado maestro calvinista, el Rev. R.C. Sproul, en su libro Escogido por Dios:

“En la regeneración, Dios cambia nuestros corazones. Nos da una nueva disposición, una nueva inclinación. Planta un deseo por Cristo en nuestros corazones. Jamás podremos confiar en Cristo para nuestra salvación, a menos que primero le deseemos. Esta es la razón por la que dijimos anteriormente que la regeneración precede a la fe, Sin el nuevo nacimiento, no sentimos deseo alguno por Cristo. Sin un deseo por Cristo, nunca escogeremos a Cristo. Por lo tanto, concluimos que antes que alguien crea jamás, antes que alguien pueda creer, Dios debe cambiar primero la disposición de su corazón” (Sproul, 1992, pág. 80).

Esto lo podemos ver en el “Ordo Salutis” (Orden de Salvación) Calvinista, que muestro en la siguiente imagen. Note como los calvinistas apuntan a la regeneración, previa a la justificación, que es por Gracia, por medio de la fe (Efesios 2:8).

ordo-salutis calvinista

Lo que dice la Biblia acerca de la Regeneración: ¿Previa o seguida a la fe?

En el Evangelio según San Juan, en su capítulo 20, de los versículos 19 al 22 se relata el encuentro de Jesús con sus discípulos, después que Él había resucitado. En este encuentro, Jesús sopla sobre ellos y reciben el Espíritu Santo.

“Cuando llegó la noche de aquel mismo día,  el primero de la semana,  estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos,  vino Jesús,  y puesto en medio,  les dijo: Paz a vosotros. Y cuando les hubo dicho esto,  les mostró las manos y el costado.  Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor. Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros.  Como me envió el Padre,  así también yo os envío. Y habiendo dicho esto,  sopló,  y les dijo: Recibid el Espíritu Santo” (San Juan 20:19-22).

Es muy de notar, el simbolismo que Cristo usó en este episodio bíblico. Dice el evangelista San Juan, que Jesús sopló sobre ellos. Es igual a lo que Dios hizo en el Génesis cuando le dio vida al hombre, soplo sobre él.

“Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra,  y sopló en su nariz aliento de vida,  y fue el hombre un ser viviente” (Génesis 2:7).

La palabra hebrea para la palabra aliento, es la palabra neshamá,  la cual significa literalmente espíritu (Strong’s H5397). Hay que notar, que en el Evangelio según San Juan, la palabra griega que el evangelista uso para la palabra sopló, es la palabra griega enfusáo (Strong’s G1720), que está compuesta por el prefijo griego “en” (Strong’s G1722), que se usa para denotar posición, y por la palabra griega fusáo, que proviene de la palabra griega fúo (Strong’s G5453), que es un verbo que literalmente significa “germinar o crecer (brotar, producir)”, que dentro de sus sinónimos esta la palabra nacer. Por lo que después de este análisis lingüístico, podemos ver que lo que realmente sucedió en el relato del evangelista San Juan, es que a los discípulos se les dio un renacer espiritual, es decir, fueron regenerados. En este pasaje de San Juan 20:19-22, tenemos los mismos elementos de Génesis 2:7 que Dios uso para darle vida natural al hombre: Aliento y vida.

Ahora, siguiendo el pasaje bíblico, en el versículo 24 del capítulo 20 de San Juan, nos podemos dar cuenta que el Apóstol Tomás no estaba presente en el episodio del renacer espiritual de los discípulos de Cristo.

“Pero Tomás,  uno de los doce,  llamado Dídimo,  no estaba con ellos cuando Jesús vino” (San Juan 20:24).

Siguiendo leyendo, podemos encontrar el célebre relato de donde se inspiró el refrán popular: “Yo como Santo Tomás, “hasta no ver, no creer””.

“Le dijeron,  pues,  los otros discípulos: Al Señor hemos visto.  Él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos,  y metiere mi dedo en el lugar de los clavos,  y metiere mi mano en su costado,  no creeré. Ocho días después,  estaban otra vez sus discípulos dentro,  y con ellos Tomás.  Llegó Jesús,  estando las puertas cerradas,  y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros” (San Juan 20:25-26).

La explicación del porque el Apóstol Tomás no pudo creer sin ver, la explicó muchísimos años después el Apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios al decir:

“Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden;  pero a los que se salvan,  esto es,  a nosotros,  es poder de Dios” (1ª de Corintios 1:18).

Es decir, a diferencia de los otros discípulos y Apóstoles, Tomás no había sido regenerado, ya que el no estuvo con ellos en el momento que ellos fueron regenerados (v 24.) por lo que Tomás estaba siendo incrédulo.

Ocho días después, el Señor Jesús le dio a Tomás la prueba que el le había pedido, el poder meter su mano en las heridas de Jesús.

“Ocho días después,  estaban otra vez sus discípulos dentro,  y con ellos Tomás.  Llegó Jesús,  estando las puertas cerradas,  y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo,  y mira mis manos;  y acerca tu mano,  y métela en mi costado;  y no seas incrédulo,  sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío,  y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto,  Tomás,  creíste;  bienaventurados los que no vieron,  y creyeron (San Juan 20:26-29)”.

¡No me imagino que razonamientos lógicos estaba formulando Tomás en su débil mente por ocho largos días! ¡No podía creer que después de muerto, estaba viendo otra vez a su amado Maestro! ¡Algo muy grande para procesar en su débil mente! Pero al leer el pasaje bíblico, podemos  leer que después de meter su mano en las heridas de Jesús, Tomás hace una bella profesión de fe: “¡Señor mío y Dios mío! (San Juan 20:28b)”, haciendo referencia a uno de las doctrinas baluartes del Cristianismo: La Deidad de Cristo. Después de hacer su bella profesión de fe, Santo Tomás fue un fiel discípulo y apóstol de Cristo. La Tradición Cristiana afirma que fue a predicar el Evangelio a tierras tan lejanas como Persia y la India, y fue muerto por las lanzas de los sacerdotes enfurecidos hindús, el 3 de Julio del año 72 D.C. (EWTN, 2004).

Ahora, la afirmación de Jesús “Bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (San Juan 20:29), no significa que para creer no debemos ver, o que el creer viendo sea algo malo, sino que Dios en su omnisciencia sabía de la debilidad de la mente del hombre, como la de Santo Tomás. Esto lo explica el evangelista San Juan, en los versículos 30 y 31 del mismo capítulo, que en la Biblia de Estudio Scofield le ponen los editores como título a este pasaje “Propósito del Evangelio de Juan”.

“Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos,  las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo,  el Hijo de Dios,  y para que creyendo,  tengáis vida en su nombre” (San Juan 20:30-31).

En este precioso pasaje, se nos da un Ordo Salutis, un orden para la Salvación del hombre por el mismo Apóstol San Juan, inspirado por el Espíritu Santo, el cual expresaré en la siguiente tabla.

Calvinismo

Biblia

1)  Tener Vida (ser regenerado). 1) Ver las Señales de Cristo (San Juan 20:30-31ª)
2) Ver las Señales de Cristo. 2) Creer que Jesús es el Cristo (San Juan 20:31a).
3)  Creer en Cristo.  3) Tener vida creyendo en su Nombre (en Cristo) (San Juan 20:31b).

¿A quién quieres creerle más? ¿A la Biblia o a Calvino? Aquí podemos ver claramente y sin tapujos que el creer, es previo al tener vida, no al revés como lo enseña el calvinismo.

Charles Spurgeon desechó la “Regeneración Previa”

Uno de los más grandes predicadores cristianos que Dios usó para traer a miles de almas a los pies de Cristo fue el pastor Charles H. Spurgeon. Spurgeon fue un calvinista que prefirió creer en el Ordo Salutis Bíblico y desechó al Ordo Salutis Calvinista.

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Rev. Charles H. Spurgeon

En su sermón #531, La Garantía de la Fe, Spurgeon hace unas observaciones a la creencia calvinista de la regeneración previa. Una de estas observaciones que hizo Spurgeon en su sermón es esta:

  • Predicarles a “pecadores regenerados” es algo verdaderamente absurdo y hasta ridículo.

“Aquí mi primera observación es que cualquier otra forma de predicar el fundamento del Evangelio es absurda. Si he de predicar a un hombre que es regenerado la fe en Cristo, entonces ese hombre, siendo regenerado, ya es salvo, y es algo innecesario y ridículo que yo le predique a Cristo y que le pida que crea para ser salvo, cuando ya ha sido salvado, ya que es regenerado. Pero ustedes me dirán que yo debo predicarles únicamente a los que se arrepienten de sus pecados. Muy bien; pero como el verdadero arrepentimiento del pecado es la obra del Espíritu, cualquier persona que sienta arrepentimiento es salva de manera sumamente cierta, porque el arrepentimiento evangélico no puede existir nunca en un alma no regenerada. Donde hay arrepentimiento ya hay fe, pues nunca pueden estar separados. Entonces, sólo he de predicar la fe a los que la tienen. ¡Eso es absurdo, ciertamente! ¿No equivale esto a esperar hasta que el enfermo sea curado para llevarle la medicina? Esto es predicar a Cristo a los justos y no a los pecadores. “No” –dirá alguien- “pero queremos decir que un hombre tiene que tener algunos buenos deseos respecto a Cristo antes de que tenga algún fundamento para creer en Jesús”. Amigo, ¿no sabes que todos los buenos deseos contienen algún grado de santidad? Pero si un pecador tiene algún grado de verdadera santidad en él eso tiene que ser el resultado de la obra del Espíritu, pues la verdadera santidad no existe nunca en la mente carnal, por tanto, ese hombre ya es regenerado, y por tanto, es salvo. ¿Hemos de ir corriendo de arriba para abajo por el mundo proclamando vida a los vivos, arrojando pan a los que ya han sido alimentados, y levantando en alto a Cristo sobre el asta del Evangelio para los que ya han sido sanados? Hermanos míos, ¿Dónde está nuestro incentivo para trabajar en donde nuestros esfuerzos son tan poco necesarios? Si yo he de predicar a Cristo a los que no tienen nada bueno, a los que no tienen nada en ellos que los califique para recibir la misericordia, entonces siento que tengo un Evangelio tan divino que lo proclamaría con mi último aliento clamando en voz alta que “Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, a los pecadores como pecadores, no como pecadores penitentes o como pecadores que han despertado, sino a los pecadores como pecadores, pecadores “de los que yo soy el primero” (Spurgeon, 2018, págs. 5-6).

  • Spurgeon consideraba a la “Regeneración Previa” como “otro plan” y “una teoría”.

“El mandamiento evangélico es un fundamento suficiente para que un pecador crea en Jesucristo. Las palabras de nuestro texto implican esto: “Este es el mandamiento”. Hermanos míos, ¿necesitan algún fundamento para hacer una cosa que sea mejor que el mandamiento de Dios para hacerla? Los hijos de Israel les pidieron prestadas joyas de plata y joyas de oro a los egipcios. Cuando leen la Biblia muchos desaprueban esta transacción; pero, para mí, si Dios les indicó que lo hicieran, fue una justificación suficiente para ellos. Muy bien; si Dios te ordena que creas –si este es Su mandamiento: que creas- ¿necesitas un mejor fundamento? Yo digo, ¿hay alguna necesidad de algún otro? Ciertamente la Palabra de Dios basta. Hermanos, el mandamiento de creer en Cristo tiene que ser el fundamento del pecador, si consideran la naturaleza de nuestra comisión. ¿Qué dice? “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”. Debería decir, de acuerdo al otro plan, “predicad el evangelio a toda persona regenerada, a todo pecador convicto, a toda alma sensible”. Pero no es así; es a “toda criatura”. Pero a menos que el fundamento sea un algo en el que puede participar toda criatura, no hay tal cosa como predicarlo consistentemente a toda criatura. ¿Entonces cómo es expresado? “El que creyere y fuere bautizado será salvo; mas el que no creyere, será condenado”. ¿Dónde hay una palabra acerca de los prerrequisitos para creer? Ciertamente el hombre no podría ser condenado por no hacer aquello para lo que no contaba con ningún fundamento. Nuestra predicación, según la teoría de la preparación previa, no debería ser: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo”; sino “Prepárense para la fe, sensibilícense a su pecado, regenérense, logren señales y evidencias, y luego crean”. Vamos, ciertamente, si no he sembrar la buena semilla en pedregales y entre espinos, sería mejor que renunciara a ser un sembrador y que me dedicara a arar o a algún otro trabajo” (Spurgeon, 2018, págs. 13-14).

Conclusión

¿Quieres seguir ciegamente creer en el Ordo Salutis Calvinista?  O ¿Quieres seguir el noble ejemplo de Charles H. Spurgeon al apegarse al orden bíblico para la Salvación del hombre a pesar de que contradecía su posición doctrinal?

Cuando me presentaron las Doctrinas de la Gracia contactos que conocí en Facebook en grupos de convivencia de jóvenes cristianos de mi ciudad, entre en una grande confusión. Venía llegando de los Estados Unidos donde estudié teología en un seminario teológico pentecostal, y donde me enseñaron el arminianismo en la versión simplificada del pentecostalismo clásico (tema que ya toque en mi artículo Introducción al Arminianismo”, donde explique las variantes o diferentes ramas del Arminianismo), pero como explique en tal artículo, la versión del arminianismo en el movimiento pentecostal es simplificada y al momento de defenderlo tiene varios “huecos” en su defensa, a diferencia del arminianismo wesleyano.

En una noche de desvelo después de haber debatido en un grupo cristiano en Facebook, entre en grandes dudas de mi posición sobre la Salvación y la elección del hombre, por lo que antes de dormir oré: “Señor, tú dices en tu Palabra que nos guiarás a la verdad y nos santificarás en tu verdad; por favor, guíame a tu Verdad”. Esa noche, el Señor Jesús fue mi Maestro de teología, y me enseñó muchas cosas por las cuales decidí alejarme del calvinismo. Espero que tu oración sea igual a la mía.

Espero haya sido de bendición este pequeño artículo,

Tu hermano en Cristo,

Rafael Stringel

 

Bibliografía

Arminianismo en Español. (13 de Julio de 2016). Los Cinco Artículos de la Remonstrancia en 1610. Recuperado el 12 de Mayo de 2018, de Arminianismo en Español: https://www.facebook.com/ArminianismoHispano/posts/578694932300343:0

Arminio, J. (s.f.). Obras de Arminio: Las Doctrinas Bíblicas de la Gracia. Editado por Alejandro Hincapie.

Caram, P. G. (2012). Fundamentos de la Fe. Guatemala Guatemala: Instituto Bíblico Jesucristo.

EWTN. (26 de Octubre de 2004). Santo Tomás Apóstol : Señor renuevanos la Fe. Recuperado el 3 de Junio de 2018, de EWTN Español: https://www.ewtn.com/spanish/saints/Tom%C3%A1s_ap%C3%B3stol_7_3.htm

Sproul, R. (1992). Escogido por Dios. Miami Florida USA: Editorial Unilit.

Spurgeon, C. (26 de Mayo de 2018). La Garantía de la Fe. (A. Román, Ed.) Recuperado el 26 de Mayo de 2018, de http://www.spurgeon.com.mx: http://www.spurgeon.com.mx/sermon531.pdf

 

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