Libertad del Pecado que nos Asedia.

Libertad del pecado que nos asedia

Este domingo no pude asistir a mi iglesia local pero tuve un espacio de devocional que hace mucho no tenía. Estaba leyendo un libro que es uno de mis favoritos y he leído como tres veces el cual se titula, “El Hombre Frente al Espejo”, de Patrick M. Morley. En el capítulo 24 del libro, el autor hace referencia a las últimas palabras antes de morir de ciertas figuras históricas de la Humanidad. Una de estas figuras históricas que es el político y filósofo romano Séneca, el cual en su lecho de muerte dijo:

“Toda mi vida me he esforzado inútilmente por salir del abismo de los pecados que me asedian; y no podré hacerlo a menos que una mano descienda y me rescate” – Séneca (Morley, 2002, pág. 429).

Séneca fue un filósofo romano y pagano; el no conoció la Verdad del Evangelio de Cristo. ¡Que tremendo que Séneca pedía ayuda y no la pudo conseguir! La historia nos muestra que su muerte fue trágica, murió suicidándose por órdenes del emperador Nerón, (el mismo que mató a Pedro y a Pablo), cortándose las venas de los brazos y los pies.

El hombre ha sido excluido de la Gloria de Dios por la caída de Adán y caído en un estado que la teología le ha llamado “Depravación Total”. Es decir, el hombre no tiene nada de bueno en sí, y no puede ganarse la Salvación por sí mismo, ya que ha sido excluido de la Gloria de Dios.

“¿Qué,  pues?  ¿Somos nosotros mejores que ellos?  En ninguna manera;  pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles,  que todos están bajo pecado. Como está escrito: No hay justo,  ni aun uno; No hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron,  a una se hicieron inútiles;  No hay quien haga lo bueno,  no hay ni siquiera uno” (Romanos 3:9-12).

“Por cuanto todos pecaron,  y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23)

Pero al arrepentirnos, hemos sido justificados por la fe en Jesucristo.

“Siendo justificados gratuitamente por su gracia,  mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre,  para manifestar su justicia,  a causa de haber pasado por alto,  en su paciencia,  los pecados pasados” (Romanos 3:24-25).

“Justificados,  pues,  por la fe,  tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes,  y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios” (Romanos 5:1-2).

Pero, ¿Qué significa ser justificado? ¿Significa que el cristiano ya nunca va a pecar en su vida terrenal? No, para nada, la justificación, solamente nos declara justos delante de Dios, como lo explica el Dr. Paul Caram:

“La justificación es una experiencia instantánea de ser declarados justos. No significa que seamos justos, solamente que somos contados como justos” (Caram, 2012, pág. 109) .

Entonces, ¿Tampoco es una licencia para pecar?, para nada, esto es una enseñanza de una nueva doctrina llamada Hypergracia, la cual enseña que somos “Salvos, por siempre salvos” (favor de no confundir con el Calvinismo; que aunque la Hypergracia toma prestados elementos calvinistas, también toma elementos arminianos, aunque rayando en el pelagianismo dentro de su doctrina). La justificación es tanto instantánea como progresiva. A la experiencia instantánea que nombro el Dr. Caram, se le llama “Justicia Imputada”, somos contados como justos, aunque todavía no somos justos (Caram, 2012, pág. 109).

“¿Qué,  pues,  diremos que halló Abraham,  nuestro padre según la carne? Porque si Abraham fue justificado por las obras,  tiene de qué gloriarse,  pero no para con Dios. Porque  ¿qué dice la Escritura?  Creyó Abraham a Dios,  y le fue contado por justicia. Pero al que obra,  no se le cuenta el salario como gracia,  sino como deuda;  mas al que no obra,  sino cree en aquel que justifica al impío,  su fe le es contada por justicia. Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, Y cuyos pecados son cubiertos” (Romanos 4:1-7).

Pero también la justificación es progresiva, a esto se le llama Justificación Impartida, lo cual es ser hechos justos (Caram, 2012, pág. 109)

“Siendo justificados gratuitamente por su gracia,  mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre,  para manifestar su justicia,  a causa de haber pasado por alto,  en su paciencia,  los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia,  a fin de que él sea el justo,  y el que justifica al que es de la fe de Jesús” (Romanos 3:24-26).

Esta manifestación de la Justicia Divina en nosotros es por medio del proceso de la Santificación. La palabra hebrea y griega para santo o santificado, da el significado de ser apartado, consagrado. Al momento de ser justificados por la Gracia de Dios somos santificados; apartados o consagrados. Esto en teología, del lado wesleyano o metodista que es de donde provengo yo, se le llama “Santificación Instantánea” , ya que en el mismo momento de ser justificados somos santificados o apartados para el servicio exclusivo de Dios. Pero la santificación es una obra tanto instantánea como gradual (Wesley , 1993 – 2011 ), pero también me gusta más la definición reformada, que le llaman ellos Santificación Posicional, ya que están apuntando a la verdad de cómo somos santificados por nuestra posición en Cristo. Cristo con su Obra Redentora, nos fue hecho santificación y glorificación.

“Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús,  el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría,  justificación,  santificación y redención” (1ª de Corintios 1:30).

“Porque a los que antes conoció,  también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo,  para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó,  a éstos también llamó;  y a los que llamó,  a éstos también justificó;  y a los que justificó,  a éstos también glorificó” (Romanos 8:29-30).

El camino para la Salvación completa, la justificación, la santificación y por consiguiente la glorificación (el ser libres de todo pecado y enfermedad ya que tendremos un cuerpo glorificado el día de la resurrección al final de los tiempos) ya está predestinado, pre-ordenado por el Padre. Es por eso que Pablo se dirige a la Iglesia de Corinto en su primera epístola “a los santificados en Cristo Jesús” (1ª de Corintios 1:2ª). Esta gran verdad de la Santificación Posicional y de la Obra Completada en el Calvario por Cristo ha sido sobrevalorada por los maestros de la Hipergracia, al decir que como somos santificados por Cristo en la Justificación, ya no hay necesidad de obedecer o ser santificados, pero esto es una mentira, ya que está lejos de la verdad, como lo dice el Rev. Steven Lawson en su artículo Solo Necesitas Obedecer:

“Lejos de ser opcional, la obediencia motivada por la gracia es absolutamente necesaria para ser semejantes a Cristo. ¿Hay alguna necesidad de orar acerca de si obedecer o no la Palabra de Dios? Solo necesitas obedecer” – Rev. Steven Lawson.

Los corintios estaban muy lejos de ser santos. La primera epístola de Pablo a la Iglesia de Corinto es más de regaño que de consolación. Había problemas de chismes, mal entendidos, inmoralidad sexual, abuso de los dones del Espíritu Santo y muchas otras cosas. Es por eso que Pablo les dice en su salutación a los corintos:

“A la iglesia de Dios que está en Corinto,  a los santificados en Cristo Jesús,  llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo,  Señor de ellos y nuestro” (1ª de Corintios 1:2).

Eran santificados en Cristo Jesús, pero todavía les faltaba llegar a ser santos; esto es la Santificación Gradual. Sin santificación (purificación en griego), no podremos ver cara a cara al Señor (Hebreos 12:14).

“¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo?El limpio de manos y puro de corazón; El que no ha elevado su alma a cosas vanas, Ni jurado con engaño” (Salmos 24:3-4).

Aquellos que tienen una sinceridad total al Señor (limpio de manos y puro de corazón) , y un amor completo a su prójimo (ni jurado con engaño) verán al Señor en su Presencia. Esta sinceridad total en amor ágape es lo que la Biblia llama Perfección, y es a lo que el cristiano está llamado.

“Sed,  pues,  vosotros perfectos,  como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:48).

El griego para la palabra perfecto, es la palabra griega telleios, la cual significa maduro, pleno. Si leemos el contexto del versículo 48 de Mateo 5, nos habla del amor ágape, o sacrificial, por lo que la madurez a la que el Señor llama es en el amor a Él y al prójimo, ya que el que llega a hacer esto ha cumplido TODA la Ley y los profetas (Mateo 22:37-40).  Es por eso el llamado a ser perfecto, o maduro delante de Dios.

“Por tanto,  dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo,  vamos adelante a la perfección;  no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas,  de la fe en Dios” (Hebreos 6:1).

O como Wesley la definía:

“En un sentido es pureza de intención, dedicación de toda la vida a Dios. Es darle a Dios todo nuestro corazón, es decir, el permitir que El gobierne nuestra vida. Es, además, dedicar no sólo una parte, sino toda nuestra alma, cuerpo y bienes a Dios. Bajo otro punto de vista, es tener toda la mente que hubo en Cristo, que nos capacita para andar como El anduvo. Es la circuncisión del corazón de toda inmundicia, tanto interior como exterior. Es una renovación del corazón a la completa imagen de Dios, a la completa semejanza de Aquel que nos creo. Por otra parte es amar a Dios con todo nuestro corazón, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos” (Wesley , 1993 – 2011 ).

Pero, me podrás decir: Oye, todo esto se lee muy bien, pero fíjate que yo caigo y caigo en tal o cual pecado. Déjame decirte que la batalla contra el pecado es la batalla de cada día del cristiano. El mismo Pablo escribió de cómo es esta batalla contra este cuerpo de muerte, o la naturaleza pecaminosa del hombre al exclamar:

“Porque sabemos que la ley es espiritual;  mas yo soy carnal,  vendido al pecado. Porque lo que hago,  no lo entiendo;  pues no hago lo que quiero,  sino lo que aborrezco,  eso hago. Y si lo que no quiero,  esto hago,  apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello,  sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí,  esto es,  en mi carne,  no mora el bien;  porque el querer el bien está en mí,  pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero,  sino el mal que no quiero,  eso hago. Y si hago lo que no quiero,  ya no lo hago yo,  sino el pecado que mora en mí. Así que,  queriendo yo hacer el bien,  hallo esta ley:  que el mal está en mí. Porque según el hombre interior,  me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros,  que se rebela contra la ley de mi mente,  y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí!  ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios,  por Jesucristo Señor nuestro.  Así que,  yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios,  mas con la carne a la ley del pecado” (Romanos 7:14-25).

Muchos cristianos que quieren justificar su vida de pecado o su carnalidad citan este versículo para defender que no se puede vencer al pecado. Pero es porque no han leído la continuación que es el capítulo 8 de Romanos.

“Ahora,  pues,  ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús,  los que no andan conforme a la carne,  sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley,  por cuanto era débil por la carne,  Dios,  enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado,  condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros,  que no andamos conforme a la carne,  sino conforme al Espíritu. Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne;  pero los que son del Espíritu,  en las cosas del Espíritu.  Porque el ocuparse de la carne es muerte,  pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.  Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios;  porque no se sujetan a la ley de Dios,  ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas vosotros no vivís según la carne,  sino según el Espíritu,  si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros.  Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo,  no es de él. Pero si Cristo está en vosotros,  el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado,  mas el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros,  el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. Así que,  hermanos,  deudores somos,  no a la carne,  para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne,  moriréis;  mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne,  viviréis” (Romanos 8:1-13).

El “llamados a ser santos” que Pablo les decía a los corintios es el no vivir conforme a la carne. Debemos hacer morir las obras de la carne y esto es a través de la crucifixión constante de la carne y sus pasiones y deseos (Gálatas 5:24). El tomar la cruz no es opcional, es algo diario que el cristiano debe hacer, es la marca del verdadero cristiano (Romanos 2:29) la circuncisión del corazón que nos libra de confiar en nuestra carne (Filipenses 3:3). Esto es como los corredores olímpicos, que se liberan de todo peso, corren casi desnudos, así debemos despojarnos de todo lo que no le agrada a Dios, al morir a nosotros mismos. Es una batalla diaria y difícil, Cristo nunca prometió una vida cristiana fácil o tapizada en pétalos de rosa. La vida cristiana es una carrera hacia la Jerusalén Celestial, a la perfección en Cristo.

“Por tanto,  nosotros también,  teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos,  despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia,  y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante” (Hebreos 12:1).

¡Esto era lo que Séneca anhelaba con todo su corazón y no lo encontró y los cristianos lo tenemos a nuestro alcance! ¿Te sientes desanimado por el pecado que te asedia cada día? ¡Corre sin mirar atrás! Como aquella escena inmortalizada en la película de Forrest Gump, cuando le gritan a Forest: ¡Run Forrest, Run! Mientras que los chicos bullies perseguían al pobre de Forrest. Así, el pecado nos persigue, pero el Señor nos dice: ¡Corre hijo, Corre!, ¡No te detengas!

Saludos y bendiciones,

Rafael Stringel

 

Bibliografía

Caram, P. G. (2012). Fundamentos de la Fe. Guatemala Guatemala: Instituto Bíblico Jesucristo.

Morley, P. M. (2002). El Hombre frente al Espejo. Miami Florida USA: Editorial Vida.

Wesley , J. (1993 – 2011 ). La Perfección Cristiana, Juan Wesley. Recuperado el 17 de Abril de 2017, de The Wesley Center Online: http://wesley.nnu.edu/espanol/la-perfeccion-cristiana-juan-wesley/

 

 

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