¿Qué le paso al Pentecostalismo? Volviendo a las raíces.

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Portada Que le paso al Pentecostalismo

Mis raíces

Yo me crié dentro del Pentecostalismo Clásico o Tradicional. Mi mamá conoció al Señor dentro de una iglesia interdenominacional que creía en los dones del Espíritu Santo, para luego, después de un tiempo, cambiarse a una iglesia pentecostal que sería mi “iglesia de crianza”. Mi abuelita, al poco tiempo después que mi madre fuera salva, se rindió al Señor y se congregó en el templo Lirio de los Valles en Poza Rica Veracruz, de las Asambleas de Dios, la organización pentecostal más grande del mundo. A la vez, fui educado en escuelas, aun siendo alumno fundador de una, de la organización Castillo del Rey,  una organización carismática interdenominacional de tamaño internacional que se fundó en mi ciudad, Monterrey N.L. México. Por lo tanto, mi infancia transcurrió como un niño asistiendo a una iglesia pentecostal tradicional; cantando himnos del famoso himnario pentecostal Himnos de Gloria y Cantos de Triunfo, escuchando predicas exhortando a la santidad interna y externa y me inculcaban un riguroso estudio de las Escrituras. Aunque mi iglesia de crianza se fue luego a extremos legalistas, su doctrina en un principio fue más que buena, excelente, y les debo todo mi agradecimiento por mi formación. A los 15 años de edad, en mi colegio cristiano fui salvo y a los 17 años, en un culto de mi iglesia, después de una serie no planeada sobre el Espíritu Santo, su bautismo y sus dones, recibí después de un llamado al altar el bautismo con el Espíritu Santo con la señal externa de hablar en otras lenguas, experiencia que marcó mi vida para siempre. En Septiembre del año 2014, abandoné un trabajo de ingeniería muy lucrativo e invertí todos mis ahorros para estudiar teología en un seminario pentecostal llamado Zion Ministerial Institute en Waverly Nueva York.

Un Poco de Historia

Estudiando la historia del movimiento pentecostal, uno se puede dar cuanta que el movimiento pentecostal tiene raíces teológicas fuertes, especialmente de orígenes wesleyanos (metodistas), de santidad y bautistas, y es notable que los primeros First_General_Council_of_Assemblies_of_Godpentecostales estudiaban teología. Podemos ver como las Asambleas de Dios, se formaron principalmente por el debate teológico sobre la santificación; si esta debía de ser una Segunda Obra de Gracia, como los primeros pentecostales creían pues eran de extracción wesleyana, o si debía ser ya una Obra Completada en el Calvario como lo expuso el pastor bautista reformado convertido a pentecostal William H. Durham durante la Convención Pentecostal en la ciudad de Chicago Illinois en 1910 (Synan, 2006, págs. 154-155).

También podemos ver, como en la formación de las Asambleas de Dios, estos acordaron que serían una organización que dentro de sus enseñanzas básicas serían un ala pentecostal evangélica no wesleyana, dispensacionalista y que la doctrina que las uniría a todas sería el bautismo en el Espíritu Santo con la evidencia de hablar en otras lenguas (Synan, 2006, págs. 157-158). Podemos ver como también enfrentaron otro cisma doctrinal cuando desde 1913 a 1915, se enfrentaron a una controversia con respecto a la doctrina de la Trinidad, apareciendo la rama no- Trinitaria, también apodados “Solo Jesús” (Synan, 2006, pág. 158). También podemos ver como el movimiento pentecostal, lanzó en sus primeros años misioneros a todo el mundo teniendo un éxito en muchos países donde muchas otras denominaciones clásicas no tuvieron mucho éxito, como es el caso de China, el país comunista donde el cristianismo es una religión prohibida, pero donde expertos calculan que para el año 2030, China será el país con mayor número de cristianos del mundo y es el país que manda más misioneros a países como Corea del Norte, donde misioneros extranjeros no pueden llegar (Protestante Digital, 2014). Gran parte de este gran crecimiento es debido al “sistema” de iglesias en casa clandestino chino, que ha llevado a preocupar al gobierno comunista chino por su exponencial crecimiento (NoticiaCristiana.com, 2009), y donde la gran mayoría de estas iglesias en casa, son de origen pentecostal (Consejo Mundial de Iglesias, 2017). Esto es solo el fruto de misioneros pentecostales salidos del avivamiento de la calle de Azuza que literalmente dieron sus vidas, como el caso de Cora Fritsch, que fue enviada en Septiembre de 1907 a China, quien escribió a sus padres:

“¡Oh, mis queridos, vivan cerca de Jesús, y algún día feliz podré verlos a todos otra vez! ¡Oh, querido papá, mi mayor deseo y oración es que vuelvas a encontrarte con tu querida Cora en el Cielo!” (Synan, 2006, págs. 102-103).

En efecto, Cora Fritsch murió poco tiempo después sin regresar a los Estados Unidos (Synan, 2006, pág. 103). Actualmente, el pentecostalismo es la denominación cristiana que se expande más rápidamente en el mundo. Actualmente las iglesias pentecostales son más de 400 millones en el mundo y creciendo exponencialmente en una tasa de 19 millones por año; tanto, que expertos calculan que para el año 2025, las iglesias pentecostales/carismáticas llegarán a un número de 800 millones de iglesias en el mundo (NoticiaCristiana.com, 2013).

¿Qué está pasando hoy en el pentecostalismo?

Solamente repasando la historia de la formación de la organización pentecostal más grande del mundo, las Asambleas de Dios, podemos ver a pentecostales debatiendo doctrinas cristianas fundamentales como la santificación, escatología y debatiendo una de las doctrinas más fundamentales del cristianismo, la Trinidad, por más que el  Dr. John MacArthur y los ahora llamados Nuevos Reformados en Facebook quieran poner a los pentecostales como unos ignorantes desde sus inicios (MacArthur, 1995, págs. 34-35), podemos ver que no es así. Pero…¿Que le paso al Pentecostalismo? ¿Dónde quedaron aquellos pentecostales que debatían profundamente temas teológicos para fundamentar las declaraciones doctrinales de sus nuevas y florecientes organizaciones? Actualmente, especialmente en Latinoamérica, podemos ver como las críticas de John MacArthur y sus seguidores son más que ciertas y fundamentadas debido a los excesos de los pentecostales y neopentecostales contemporáneos. Por un lado, podemos ver al Neopentecostalismo y al Movimiento de Tercera Ola, también llamado, Movimiento Neo-Carismático, arrasando con herejías como el mal llamado Evangelio de Prosperidad, G12, Manifestaciones extra-Escriturales del Espíritu Santo como la “Risa Santa” o el empezar a correr despavoridos por todo el templo. Por el otro lado, en el lado más tradicional, o mejor conocido como Pentecostalismo Clásico, podemos ver como hay un movimiento que se ha denominado Sana Doctrina, que ha secuestrado el término de  Sana Doctrina en el pentecostalismo clásico, dándose el título como los únicos que predican el Evangelio completo. Este grupo o tendencia se formó como una respuesta dentro del pentecostalismo clásico a las herejías predicadas dentro del movimiento neopentecostal liderado en Latinoamérica por personajes como Cash Luna, el Apóstol Guillermo Maldonado y Apóstol Ronny Chávez. El movimiento de Sana Doctrina, liderado actualmente en Latinoamérica por personajes más que conocidos en el mundo del YouTube y las redes sociales. Con honrosas excepciones de siervos que son catalogados como “Sana Doctrina” del pentecostalismo, pero parecería que este grupo o movimiento, su entendimiento por el término bíblico de Sendas Antiguas, es regresar a la liturgia pentecostal de hace 40 o 50 años atrás o el énfasis excesivo a la doctrina de santidad externa imponiendo reglas de vestimenta, en forma especial a las mujeres, como el no maquillarse, vestirse con faldas largas hasta los tobillos, no usar blusas pegadas, no cortarse el pelo, ni teñirlo, ni cortarlo, ni alaciarlo o enrizarlo, no usar joyería, uso obligatorio de velo y muchas otras reglas que no se pueden rastrar la mayoría bíblicamente.  Este movimiento, en los últimos años se ha visto envuelto en escándalos de prácticas judaizantes, inmoralidad sexual, adulterio,  fraudes financieros, hipocresía y otros asuntos. Estos personajes, han querido llenar los vacíos dejados por buenos pastores y evangelistas pentecostales ya fallecidos como es el caso de Yiye Ávila (aunque el hermano Yiye  tendía al legalismo, tenía un entendimiento de la doctrina de santificación mucho mejor que los pentecostales de “Sana Doctrina” actuales) o David Wilkerson, pero ni a los talones les llegan en conocimiento bíblico o pasión por las almas. Todo esto me ha llevado a hacer esta reflexión… ¿Qué le ha pasado al Pentecostalismo?    

Estudiando la historia para no repetir los mismos errores

En la escuela preparatoria, estudiando en una Universidad Bautista, en un municipio cercano a Monterrey, uno de mis maestros que impartía una de mis materias favoritas, Historia de México, el Prof. Urbina, dijo una frase que me impacto tremendamente:

“Es importante estudiar nuestra historia para no repetir los mismos errores del pasado”.

Estudiando tanto la historia pentecostal, como las raíces teológicas del pentecostalismo, nos podemos dar cuenta que en unanimidad, los teólogos pentecostales dicen

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John Wesley

que la teología de John Wesley, el padre del Metodismo en la Inglaterra del siglo XVIII, es el punto de partida para la teología pentecostal (Dayton, 1991, págs. 19-20), y aún más, Vinson Synan, en su libro El Siglo del Espíritu Santo, dice que Wesley es el padre teológico de todos movimientos de la santidad y pentecostales (Synan, 2006, pág. 26). Si la teología de John Wesley es tan importante para el pentecostalismo, ¿Por qué es tan ignorada dentro de los círculos pentecostales? Es simple, debemos dar una mirada a la historia pentecostal, para que la misma historia nos de la respuesta.

 

 

 

Tanto como Charles F. Parham como William J. Seymour, los padres del movimiento pentecostal eran de orígenes wesleyanos. Parham era un ex-ministro metodista de la Iglesia Metodista de Linwood (Synan, 2006, pág. 58), Mientras Seymour que era un metodista desde su nuevo nacimiento; era ministro ordenado por la Iglesia de Dios de Anderson Indiana, una denominación con fuertes raíces wesleyanas de santidad (Synan, 2006, pág. 61). Por lo que vemos, efectivamente la cuna del Movimiento Pentecostal es el Metodismo y el Movimiento de Santidad, ¿Qué paso para que el Movimiento Pentecostal olvidará casi por completo a Wesley y su doctrina?

William H. Durham y la “Obra Consumada en el Calvario”

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William H. Durham

William H. Durham (1873-1912), fue un pastor bautista reformado que llegó al avivamiento de Azuza primeramente como un escéptico, pero recibió el bautismo en el Espíritu Santo un 2 de Marzo de 1907 (Synan, 2006, pág. 82). Dado su trasfondo reformado (calvinista) y bautista, empezó a chocar con la doctrina wesleyana y/o de santidad, que se predicaba en la Misión Apostólica de la calle de Azuza. El Movimiento de Santidad, padre directo del pentecostalismo, enseñaba, basados en las enseñanzas de Wesley, pero con cambios propios de sus maestros del siglo XIX, que añadieron a la doctrina de Perfección Cristiana (perfección o plenitud en amor ágape, no sin pecado), enseñada por Wesley, le llamaron Segunda Bendición, o Segunda Obra de Gracia, como la santificación como una obra inmediata y separada de la Salvación y aparte, era una santificación que libraba al cristiano de la naturaleza adámica, o de todo pecado (Dayton, 1991, pág. 42), como Adam Clarke, un teólogo metodista enseñaba esto desvirtuando la misma enseñanza de Wesley. La doctrina de santificación wesleyana aboga por una santificación instantánea (Wesley, 2008, reimpresíon , pág. 25), al momento de la justificación  (Wesley, 2008, reimpresíon , pág. 33), pero que también es una obra de santificación gradual (Wesley, 2008, reimpresíon , pág. 25) (algo que más tarde en el artículo explicare más a detalle),esto fue algo que gente que se llamaba así misma “wesleyana” como Phoebe Palmer, una de las principales maestras del Movimiento de Santidad, con su Teología del Altar, contradijo al mismo Wesley, al decir que esta experiencia espiritual y mística de la Segunda Obra de Gracia, podría ser obtenida de forma instantánea sin pasar por ningún tipo de proceso, solo por una sola obra de fe, consagrando todo en el altar (Dayton, 1991, pág. 43). Comentando sobre la Teología del Altar  de Phoebe Palmer, el teólogo pentecostal Donald W. Dayton hace el siguiente comentario:

“Esta enseñanza tendía a evaporar la lucha espiritual [proceso, santidad gradual, énfasis mío] que caracterizó al metodismo del siglo XVIII, estimulando una apropiación inmediata de la experiencia. Después de todo, “por cuanto os ha sido obtenida [en Cristo], ya es vuestra. Si no la recibís ahora, la demora no será de parte de Dios, sino totalmente vuestra” (Dayton, 1991, pág. 43).   

Por lo que no es de extrañarse que viniendo de un ambiente totalmente Reformado, Durham empezara a batallar el asimilar (aunque lo trato de hacer) esta teoría de la Segunda Obra de Gracia (Durham, 1912, pág. 10), como el la llama, y que al darse cuenta de lo absurdo que era esta enseñanza, no solo paro de predicarla, sino que dijo: “empecé a escribir y a hablar en contra de esta doctrina que enseña que toma dos obras de gracia para salvar y limpiar a un hombre” (Durham, 1912, pág. 9).

Fue en la Convención Pentecostal de 1910, en Chicago Illinois, que Durham predicó su sermón “La Obra Completada en el Calvario”, donde desafió de forma abierta al Movimiento de Santidad y sus adherentes pentecostales (Shelton, 1973), al decir:

“Yo negué, y aún niego que Dios no trate con la naturaleza pecadora en la conversión. Yo niego que un hombre que es convertido o nacido de nuevo, es por fuera lavado o limpiado pero su corazón sea dejado sucio con enemistad en contra de Dios en el… Esto no sería Salvación. La Salvación es una obra interna; significa un cambio de corazón. Significa que las obras viejas pasaron y todas las cosas son hechas nuevas. Esto significa que toda condenación y culpa es removida. Significa que el viejo hombre, o la naturaleza pecadora y depravada y que era la misma cosa en nosotros que nos condenaba, es crucificada con Cristo” (Durham, 1912, pág. 9).

Esto, no era una refutación a alguno de los maestros del Movimiento de Santidad expuestos anteriormente, sino, era una refutación al mismo Wesley, ya que Wesley en su obra “La Perfección Cristiana”, dijo:

“Tampoco nos atrevemos a afirmar, como han hecho algunos, que toda esta salvación es dada de una vez. Hay realmente una obra instantánea de Dios en sus hijos, como también gradual, y sabemos que existe una nube de testigos quienes han recibido en un momento claro o un conocimiento claro de sus pecados perdonados [Justificación], o el testimonio del Espíritu Santo. Pero no tenemos conocimiento de un solo caso, en ninguna parte, de una persona que haya recibido, en el mismo momento, remisión de pecados, testimonio del Espíritu, y un corazón limpio y nuevo” (Wesley, 2008, reimpresíon , pág. 25).

Durham, no solamente trato de refutar a Wesley, sino que tacho a toda su doctrina como “no bíblica, irracional y dañina” (Durham, 1912, pág. 6). A modo personal, puedo ver que el Rev. Durham se adelantó a tachar absolutamente toda la doctrina wesleyana de errónea al no quitar solo la levadura puesta en la doctrina wesleyana por los maestros metodistas tardíos como Clarke y maestros del Movimiento de Santidad como Phoebe Palmer. En otra ocasión al tratar de explicar el motivo de su controversia contra la doctrina de santificación wesleyana, Durham admite que no está de acuerdo con esta teoría de la Segunda Obra de Gracia, ya que esta no tenía ningún soporte en la Palabra de Dios ya que en la Biblia, no se lee que ningún individuo haya sido santificado con una  Segunda Obra de Gracia definitiva, solo que fueron convertidos y recibieron al Espíritu Santo (Bartos, 2015, págs. 25-26); Durham, admite que Wesley, nunca enseño que un hombre tenía que experimentar esta Segunda Obra de Gracia Instantánea al decir:

“Nosotros creemos que Dios levantó al señor Wesley a predicar santidad al Señor, y que su mensaje fue de gran bendición al mundo, pero no creemos que lo haya enviado Dios a predicar que la santidad o la santificación solo pueda ser recibida por una segunda obra de gracia separada y distinta [a la justificación, énfasis mío]. Lo reitero, yo no puedo por ningún lugar encontrar donde Wesley alguna vez enseño dogmáticamente que la santificación es y deba ser una Segunda Obra Instantánea” (Bartos, 2015, pág. 26).

Para 1915, la mitad de los pentecostales eran simpatizantes de la doctrina Obra Consumada en el Calvario, y actualmente, es la posición doctrinal de la santificación preferida de los pentecostales clásicos (Synan, 2006, pág. 155).

La pérdida irreparable del Pentecostalismo

Al rechazar por completo la doctrina wesleyana sin quitar la levadura del Movimiento de Santidad, tachándola como peligrosa y no bíblica,  Durham y sus seguidores de Obra Completada le hicieron, a mi opinión, un gran daño al movimiento pentecostal. ¿En qué consistió este daño? En que al no solo eliminar la levadura (falsa doctrina) introducida en el siglo XIX por el Movimiento de Santidad,  Durham y sus seguidores eliminaron por completo la teología wesleyana que por 150 años había tenido un avivamiento ininterrumpido. Esta decisión le agregó  al pentecostalismo, elementos teológicos ajenos y no propios de sus raíces teológicas, privándolo de muchos aspectos positivos de la teología wesleyana que enumerare a continuación.

Un sistema teológico sólido

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El Cuadrilátero Wesleyano

Los detractores del Pentecostalismo siempre han acusado a los pentecostales de que no tienen bases teológicas profundas, pero estos mismos detractores no pueden decir lo mismo del Metodismo. Aunque John Wesley fue un prolífico escritor y teólogo, no sistematizó por completo su teología. Fue hasta que en 1964, uno de los más grandes teólogos metodistas, Albert Outler, sistematizó la teología de Wesley haciendo un sistema teológico al cual le llamo El Cuadrilátero Wesleyano. Es llamado así, porque Outler identificó cuatro fuentes de inspiración para  la teología de Wesley, las cuales son (Gastón Isla R., 2013):

  1. La Biblia.
  2. La Tradición.
  3. La Razón.
  4. La Experiencia.

 

a) La Biblia. Para Wesley, la Biblia era la máxima fuente de inspiración y fuente de meditación. Al leer sus obras, podemos leer como se expresaba de este Santo Libro, al decir: “¡Dadme ese Libro! ¡A cualquier precio dadme el Libro de Dios! Lo tengo, me basta con el conocimiento que hay en el” (Wesley, Obras de Wesley Tomo I, 1996, págs. 20-21). Es por eso que Wesley era conocido como “El hombre de un solo Libro”, por su famosa frase en latín “Quiero ser homo unius libri (hombre de un solo Libro)” (Wesley, Obras de Wesley Tomo I, 1996, pág. 21). Pero Outler, al analizar las Obras de Wesley, se dio cuenta que Wesley tenía otras tres fuentes de inspiración secundarias, la Tradición, la Razón y la Experiencia, por lo que la teología wesleyana contrasta con la teología reformada, al tener a la Biblia como Prima Scriptura y no como Sola Scriptura, es decir, La Biblia esta para confirmar lo que la tradición (doctrinas de los Patriarcas apostólicos de la Iglesia Primitiva), la Razón y la Experiencia dicen y ni la Tradición ni la Razón ni la Experiencia pueden contradecir a la Biblia. Para Durham, que venía de un trasfondo doctrinal reformado, no podía aceptar a la Tradición ni la Razón ni la Experiencia por su trasfondo de Sola Scriptura. Su herencia se ve en el hecho que el pentecostal solo quiere adherirse a lo que la Biblia enseña (o cree el que enseña). Por lo general, a un pentecostal se le hace una aberración el usar cualquier método teológico de interpretación de las Escrituras, si no es la Inspiración del Espíritu; esto ha causado un montón de confusiones teológicas dentro del pueblo pentecostal. Es de notar, que para un pentecostal, es hasta herético si alguien usa otras fuentes teológicas como la Tradición para interpretar las Escrituras.

b) La Tradición. La palabra Tradición, es una palabra repugnante para la mayoría de los cristianos en especial, cristianos con trasfondo pentecostal o carismático, ya que siempre que se menciona la palabra Tradición, la relacionan con el pasaje bíblico de Colosenses 2:8, el cual habla sobre las tradiciones de los hombres, y se relaciona con las tradiciones para nada escriturales de la Iglesia Católica Apostólica y Romana, pero para nada es eso a lo que se refiere a la Tradición en el Cuadrilátero Wesleyano.

La Tradición se refiere a las enseñanzas de los Padres de la Iglesia, que fueron obispos de los primeros siglos de la Iglesia, muchos de ellos, alumnos o discípulos de los Apóstoles. Aunque la Iglesia Católica, cataloga como Padres de la Iglesia a aquellos obispos desde el siglo I hasta el siglo VIII, Wesley, para mayor fidelidad teológica, prefería estudiar solo a los padres pre-nicenos (Gastón Isla R., 2013), es decir, solo a los padres de los primeros tres siglos de la historia de la Iglesia Primitiva, desde Clemente Romano hasta Cipriano, como lo expreso al decir:

“¿Puede alguno quien ha pasado varios años estudiando en colegios y universidades, ser excusado si no añade al conocimiento de las lenguas y las ciencias, el conocimiento de los padres, los más auténticos comentaristas de las Escrituras, por estar más cerca de la fuente y ungidos por el Espíritu que inspiró las Escrituras?”(Wesley, Obras de Wesley Tomo IX, 1996, pág. 200).

Aunque Wesley tampoco despreciaba las enseñanzas de padres post-nicenos como lo eran: San Crisóstomo, Basilio, Jerónimo, Agustín y sobre todo el hombre del corazón quebrantado, Efrén el Sirio (Wesley, Obras de Wesley Tomo IX, 1996, pág. 201).

c) La Razón. Algo de lo que se ha hecho de mala fama el Movimiento Pentecostal y el también el Movimiento Carismático, es el desprecio por el intelectualismo y el uso de la razón. Una sobrevaloración de la experiencia de tipo místico, el darle tanta importancia a las palabras proféticas, a los sueños, a la revelación y otras experiencias han sobrepasado el estudio de la Palabra de Dios, y si se estudia, se desprecia todo tipo de teología y hermenéutica y se deja el estudio a la “revelación” que Dios quiera darte. La Biblia habla del desarrollo y el uso de nuestro entendimiento. Por ejemplo, vemos a Pablo diciendo a los corintios, la iglesia con más actividad pentecostal de la Iglesia Primitiva, que él prefería hablar “cinco palabras con el entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida” (1ª de Corintios 14:19). Para Wesley, toda religión irracional (aquella que se desprende del uso de la razón) la catalogaba como una religión falsa (Gastón Isla R., 2013). Wesley trataba siempre de armonizar la revelación del Espíritu Santo con la razón humana santificada por el Espíritu Santo, pero vemos que los pentecostales han hecho casi todo lo contrario.

d) La Experiencia.

“Para Wesley, el cristianismo es la religión de la experiencia. Insistirá en la religión del corazón, en lugar de la ortodoxia (recta doctrina)” (Gastón Isla R., 2013).

Wesley, por su trasfondo como sacerdote anglicano, se basaba en el sistema teológico anglicano que había aprendido mientras que estudiaba en la universidad de Oxford, el cual se basaba únicamente en los primeros tres elementos que hemos visto en este artículo: La Biblia, La Tradición y la Razón, pero Wesley le agrego a este sistema un cuarto elemento: La Experiencia. El Anglicanismo, se estaba convirtiendo en una religión meramente racional y extremadamente ritualista. Wesley veía en las Escrituras que Dios llamaba a algo más que solo entender a Dios, Dios llamaba al hombre a experimentar a Dios. Con su enseñanza sobre el Testimonio del Espíritu, Wesley llamaba al cristiano a sentir la evidencia que en verdad era un hijo de Dios (Romanos 8:16).

La Experiencia, ha sido el legado más importante que Wesley heredó al Movimiento Pentecostal e incluso, al Movimiento Carismático, pero la diferencia que tomo el Pentecostalismo y el Movimiento Carismático, es que la Experiencia se sobrepuso tanto a la Razón como a la misma Escritura, por lo que podemos ver sus nefastos resultados al ver tantas “manifestaciones extra-bíblicas”, como la Risa Santa, Borrachera Espiritual o la Lluvia de polvo de oro, y podemos ver como muchos pentecostales, neopentecostales y carismáticos las adoptan sin el menor discernimiento espiritual.

Una Soteriología basada totalmente en la Gracia de Dios

La soteriología, es la rama de la teología que estudia la doctrina de la Salvación. Es una de las ramas de la teología que más ha dividido al pueblo cristiano, ya que se han levantado tantas controversias como la famosa controversia del arminianismo vs calvinismo.

Wesley se identificaba a sí mismo como arminiano, ya que no estaba de acuerdo con la postura calvinista que su íntimo amigo, George Whitefield había tomado. Aunque Wesley se identificaba como arminiano, Wesley, basado en las Escrituras y en las Obras de Arminio, hizo su propio sistema soteriológico, llamado el Ordus Salutis Wesleyano (Orden de Salvación Wesleyano), el cual es un sistema soteriológico basado totalmente en la Gracia salvífica de Dios. Wesley veía que la Gracia de Dios se manifestaba de cuatro maneras en la vida del hombre, y esta Salvación tenía un carácter totalmente terapéutico, es decir, de retornar al hombre a la completa Imagen de Dios (Dayton, 1991, pág. 27) :

  1. Gracia Preveniente.
  2. Gracia Convincente.
  3. Gracia Justificadora.
  4. Gracia Santificadora.

Este sistema soteriológico, contrasta muchas veces con el decisionismo extremo que se ve en las campañas evangelísticas pentecostales, donde se insta hasta con artimañas psico-emocionales, que el pecador haga una decisión por Cristo. Todo esto, fue herencia del controvertido evangelista del Movimiento de Santidad, Charles G. Finney.

Gracia Preveniente, es la gracia “que viene antes”, o “que antecede”, por eso muchas veces es llamada “Gracia Anticipante”.  Wesley la define como “la atracción al Padre” (Juan 6:44) (Wesley, Obras de Wesley, Tomo III, 1996, pág. 70), también la definía como todos los deseos que se dirigen hacia Dios [de una persona no salva, énfasis mío], los cuales si nos rendimos ante ellos, aumentan más y más, toda aquella luz por la cual el Hijo de Dios “alumbra a todo aquel que llega al mundo” (Juan 1:9), enseñando a todo hombre a hacer “justicia, amar misericordia y a humillarse ante su Dios” (Miqueas 6:8), todas las convicciones de su Espíritu de tiempo en tiempo opera en todo ser humano” (Wesley, Obras de Wesley, Tomo III, 1996, págs. 70-71). Esta Gracia Preveniente, también habilita parcialmente el libre albedrío en las personas (Garrastegui & Jones, 2002, pág. 70). En sí, “prepara la tierra”, para que a la persona se le predique del Evangelio. Para un estudio más profundo de lo que es la Gracia Preveniente, puede leer mi artículo titulado: ¿En realidad, Juan 6:44 enseña la Gracia Irresistible del Calvinismo?

Gracia Convincente, Wesley la definió así:Generalmente denominada «arrepentimiento» en las Escrituras, que nos permite alcanzar un mayor conocimiento de nosotros mismos, y avanzar más en el proceso de librarnos de nuestros corazones de piedra” (Wesley, Obras de Wesley, Tomo IV, 1996, pág. 88). Prácticamente, es el convencimiento de pecado por el Espíritu Santo (Juan 16:18), que convence al pecador de su pecado y lo lleva al arrepentimiento. Su libre albedrío es completamente liberado en esta etapa.

Gracia Justificadora. Wesley la expresó así:

“Luego experimentamos la verdadera salvación de Cristo, mediante la cual «por gracia, somos salvos por fe». Esta salvación comprende dos grandes áreas: justificación y santificación. Por medio de la justificación somos salvos de la culpa del pecado, y recuperamos el favor de Dios. La santificación nos libra del poder y la fuente del pecado, y así recuperamos la imagen de Dios. Sabemos por experiencia y por las Escrituras que esta salvación es al mismo tiempo instantánea y gradual. Comienza en el momento en que somos justificados por el amor santo, humilde y paciente de Dios y el ser humano” (Wesley, Obras de Wesley, Tomo IV, 1996, pág. 89).

La Gracia Justificadora, nos justifica por la fe (Romanos 5:1-2), nos da la calidad de justos, restituidos con el Padre. Nos santifica (consagra) en el mismo instante de nuestra Salvación (1ª de Co 1:2ª, 1:30), pero a la vez, la santificación es un proceso gradual.

Gracia Santificadora. Wesley la definió así:

“Y a partir de ese momento crece lentamente, como el grano de mostaza, el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas, pero lentamente, se hace árbol y las aves hacen nidos en sus ramas (Mat 13:31-32). En un instante el corazón es limpio de todo pecado, y lleno de amor puro hacia Dios y las demás personas. Y este amor se fortalece más y más, hasta que crezcamos en todo en aquel que es la cabeza (Efesios 4:15), hasta que todos lleguemos a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (Efesios 4:13)” (Wesley, Obras de Wesley, Tomo IV, 1996, pág. 89).

Wesley veía que Dios, con su Gracia, nos santificaba hasta legar  a la Plenitud del Espíritu Santo. A esta Plenitud del Espíritu Santo, enseñada en las Oraciones de San Pablo, en la epístola a los Efesios, Wesley la llamó, Perfección Cristiana. Esta es su doctrina más famosa de Wesley y la más mal entendida en el mundo cristiano. Muchos la tildan de herética (más en el lado Reformado),  ya que se cree que Wesley enseñaba la perfección sin pecado. Otros, la abrazan, pero la han mal entendido, hasta convertirla en un monstruo doctrinal amorfo, del cual Wesley muy probablemente, si viviera, la rechazaría completamente.

La Perfección Cristiana de Wesley, y la santificación pentecostal

La doctrina de la Perfección Cristiana, está basada principalmente en el versículo de Mateo 5:48, que dice así:

“Sed,  pues,  vosotros perfectos,  como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:48).

Mucha gente se asusta con este versículo, ya que cree que se está hablando de una perfección absoluta, la cual es imposible en esta Tierra, ya que la perfección absoluta solo le pertenece a Dios. La palabra perfecto, en este versículo, es la palabra griega Telleios, la cual significa, “pleno, alcanzar madurez” (Strong’s G5046). Ahora ¿A qué plenitud, o madurez nos llama Cristo a ser perfectos como su Padre? Si leemos en contexto de este versículo (Mateo 5:38-48), podemos ver que la perfección o plenitud a que nos llama Cristo, es a ser perfectos o plenos en amor ágape, el amor sacrificial de Dios.

“Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo,  y diente por diente. Pero yo os digo:  No resistáis al que es malo;  antes,  a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha,  vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica,  déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla,  ve con él dos. Al que te pida,  dale;  y al que quiera tomar de ti prestado,  no se lo rehúses. Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo,  y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos,  bendecid a los que os maldicen,  haced bien a los que os aborrecen,  y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos,  que hace salir su sol sobre malos y buenos,  y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman,  ¿qué recompensa tendréis?  ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente,  ¿qué hacéis de más?  ¿No hacen también así los gentiles? Sed,  pues,  vosotros perfectos,  como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:38-48).

Pablo, ora, para que nosotros podamos ser llenos de esta Plenitud en amor ágape, el amor de Dios, el cual es su mismo carácter (1ª de Juan 4:8).

“Para que os dé,  conforme a las riquezas de su gloria,  el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones,  a fin de que,  arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura,  la longitud,  la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo,  que excede a todo conocimiento,  para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios” (Efesios 3:16-18).

El tener, en plenitud el amor ágape, nos hace cumplir por completo la Ley de Dios y los profetas.

“Maestro,  ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,  y con toda tu alma,  y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (Mateo 22:36-40).

Esta es la misma definición que le dio Wesley a la Perfección Cristiana, cuando se le preguntó: ¿Qué es la perfección cristiana?

Es el amar a Dios con todo nuestro corazón, mente y fuerza. Esto indica que nada de mal genio, nada contrario al amor, queda en el alma; y que todos los pensamientos, palabras, y acciones, son gobernados por amor puro” (Wesley , La Perfección Cristiana, Juan Wesley, 1993 – 2011 )

John Wesley nunca enseño una perfección sin pecado, es decir absoluta. Cuando se le preguntó si enseñaba esto, el respondió:

¿Es sin pecado? No vale la pena discutir sobre un término o palabra. Es “salvación del pecado” (Wesley , La Perfección Cristiana, Juan Wesley, 1993 – 2011 )

He inmediatamente, Wesley apeló a que era una sinceridad absoluta, más que una perfección absoluta.

“¿Son entonces la perfección cristiana y la sinceridad sinónimas?

Sí, si con el término sinceridad queréis decir el amor inundando el corazón, expulsando el orgullo, la ira, el mal deseo, y la obstinación; estar siempre gozosos, orar sin cesar y dar gracias en todo. Pero dudo que muchos usen el término sinceridad en este sentido” (Wesley , La Perfección Cristiana, Juan Wesley, 1993 – 2011 ).

Por lo tanto, es una falacia decir, que la Perfección Cristiana wesleyana, es una perfección absoluta o sin la posibilidad de error o pecado.

Perfección Cristiana Wesleyana vs. Santificación Pentecostal

El teólogo pentecostal, Donald W. Dayton, en su libro, Raíces Teológicas del Pentecostalismo, dice que la teología pentecostal se erige en cuatro premisas que la controvertida líder pentecostal Aimee Semple McPherson logró resumir en su Evangelio Cuadrangular (Dayton, 1991, pág. 9):

  1. Jesús Salva (Juan 3:16).
  2. Jesús Bautiza con el Espíritu Santo (Hechos 2:4).
  3. Jesús Sana (Santiago 5:14-15).
  4. Jesús, Rey que viene otra vez (1ª de Tesalonicenses 4:16-17).

Dayton menciona que, esto no fue obra original de McPherson, sino que otras tradiciones cristianas ya lo habían mencionado, mas específicamente, el maestro del Movimiento de Santidad, A.B. Simpson, fundador de la Alianza Cristiana Misionera, quien enseñaba estos cuatro puntos con una sola variante (Dayton, 1991, pág. 9):

  1. Jesús Salvador.
  2. Jesús Santificador.
  3. Jesús Sanador.
  4. Jesús Rey Esperado.

¿Cuál es la diferencia entre el Evangelio Cuadrangular de McPherson y el Evangelio Cuadrangular de Simpson? La tarea de Cristo como Santificador descrita en el sistema de Simpson, fue cambiada por la tarea de Bautizante en el Espíritu Santo por McPherson ¿Por qué? Porque McPherson era una seguidora de William H. Durham, por lo que veía a la santificación como una Obra Consumada en el Calvario (Yong, 2010, pág. 96).  Esto ha provocado que la doctrina pentecostal de una sobrevaloración a los dones del Espíritu Santo, que al fruto del Espíritu Santo, que se dan con la santificación gradual del cristiano y a la santificación la vean como en la introducción a este artículo describí, como un montón de reglas y actitudes que seguir (vestimenta y actitudes, legalismo), más que una santificación total, un cambio de carácter volcada en una sinceridad total y completa a Dios.

San Pablo, en su primera epístola a los Corintios, nos insta a caminar en un camino más excelente (1ª de Corintios 12:31). Leyendo el próximo capítulo, podemos ver que Pablo nos insta a caminar en el camino del amor, que es mucho mejor que lo dones del Espíritu Santo y el servicio y caridad cristianos.

“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas,  y no tengo amor,  vengo a ser como metal que resuena,  o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía,  y entendiese todos los misterios y toda ciencia,  y si tuviese toda la fe,  de tal manera que trasladase los montes,  y no tengo amor,  nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres,  y si entregase mi cuerpo para ser quemado,  y no tengo amor,  de nada me sirve” (1ª de Corintios 13:1-3).

La interpretación que he escuchado de pastores pentecostales a este versículo es: “Debemos ministrar los dones del Espíritu Santo en amor”. Pero esto está más lejos de la verdad, ya que Pablo no está hablando de amarnos humanamente, está hablando del amor ágape de Dios (1ª de Corintios 13:4-7), que en su epístola a los Efesios, definió como la Plenitud de Dios. Incluso, en ese mismo capítulo, Pablo insta a la madurez plena del cristiano.

“Cuando yo era niño,  hablaba como niño,  pensaba como niño,  juzgaba como niño;  más cuando ya fui hombre,  dejé lo que era de niño”(1ª de Corintios 13:11) .

Wesley, en su sermón, Un Camino Más Excelente, se declara como un continuista, ya que veía en la historia de la Iglesia que los dones del Espíritu Santo nunca cesaron, sino que fueron apagados por la tibieza y frialdad de hombres impíos que abrazaron la religión, en especial después que el Emperador Constantino dio favores políticos a los ministros cristianos, dejando atrás los días de la persecución romana (Wesley, Obras de Wesley, Tomo IV, 1996, pág. 120). Wesley entendió perfectamente el pensamiento de Pablo al decir, que el camino más excelente que Pablo menciona, es una senda más alta, o sea, un camino de santidad más excelente que tener la mera Salvación.

“A partir de mi experiencia y de lo que he podido observar, me siento inclinado a pensar que toda persona redimida por la sangre de Jesús, toda persona justificada, tiene la opción de transitar la senda más alta o una más baja. Creo que en ese momento el Espíritu Santo lo pone frente al camino más excelente y lo anima a caminar en él, a elegir la senda más angosta dentro del camino angosto, a aspirar a la mayor altura y profundidad de la santidad, a recuperar completamente la imagen de Dios. Pero la persona puede decidir no aceptar esta invitación y quedarse en una categoría más baja de cristianismo. Tal persona continúa en el buen camino, sirviendo a Dios en la medida en que puede hacerlo, y halla misericordia al final de su vida por la sangre del pacto eterno” (Wesley, Obras de Wesley, Tomo IV, 1996, págs. 122-123)

Donald W. Dayton, hace notar en su obra, que el verdadero interés de Wesley, no estaba en los dones del Espíritu, sino en los dones del Espíritu (Dayton, 1991, pág. 26), como el mismo Wesley lo dice en uno de sus escritos:

“En verdad, yo no quiero decir que los cristianos ahora reciben el Espíritu Santo para obrar milagros. Pero sí que lo reciben, sin duda, para abundar en frutos de ese Espíritu bendito. Y que el Espíritu inspira en los creyentes de hoy un grado de la misma paz y gozo y amor que los apóstoles sintieron en sí mismos en aquel día que fueron por primera vez «llenos del Espíritu Santo” (Wesley, Obras de Wesley Tomo VI, 1996, pág. 163).

Muchos pentecostales hoy en día están caminando en esta categoría más baja del cristianismo. Un cristianismo solo centrado en la Salvación y en el Bautismo en el Espíritu Santo, pero sin el querer ir a la perfección, dejando atrás los rudimentos de la doctrina de Cristo (Hebreos 6:1), basando sus vidas en un servir en la Obra de Dios bajo un legalismo riguroso como santificación, que no nos ha llamado el Señor. El legalismo solo produce Ismaeles en nuestras vidas. Cuando Saraí quiso “ayudar a Dios”, para que se cumpliera la promesa del nacimiento de Isaac, el hijo de promesa, su sierva Agar dio a luz a Ismael, padre de los ismaelitas, el pueblo árabe, de donde salió el Islam, el enemigo más poderoso de los judíos actuales y el cristianismo (Génesis 16:3-16). Agar es símbolo de la ley  (Gálatas 4:24), por lo que, al nosotros confiar en la ley para santificarnos, solo producirá mal fruto en nosotros. Casi siempre el fruto del legalismo es la soberbia, el orgullo. Yo de niño, adolescente y joven, me inculcaron este tipo de legalismo en la iglesia donde crecí. El ir a la iglesia de traje, corbata y mi Biblia bajo el brazo, aunque es algo excelente, era visto como si el Señor me estuviera santificando exteriormente. Esto, debo confesarlo para mi vergüenza, que me hacía sentir más santo que los demás miembros de la congregación. Aún, cuando a los 27 años de edad, fui llamado junto a mi familia a salir de mi iglesia de crianza, e ir a una iglesia interdenominacional, tenía aún este sentido de superioridad espiritual, ya que los demás miembros de mi nueva congregación iban vestidos más sencillamente, yo los veía, la mayoría de las veces inconscientemente, como inferiores a mí espiritualmente. Fue hasta que a los 29 años, cuando ingrese a la Iglesia Metodista, cuando llegó a mis manos un libro, este libro fue, La Perfección Cristiana de John Wesley. Este libro cambió mi vida, y entendí por primera vez en mi vida, que la santificación, es una obra del Espíritu Santo en mí, y que yo solo debía mi obediencia a Él, y no ayudarle en su obra.

Tal vez, muchos pentecostales de los ahora susodichos de Sana Doctrina, me querrán crucificar por este artículo, ya que estos abogan más a una santidad exterior, que a una interior. Muchos de los maestros pentecostales que se dicen de este movimiento de Sana Doctrina, tienen como “padre espiritual” al evangelista Yiye Ávila, el cual, aunque tendía a enseñar la santidad externa en la santificación (vestimenta femenina como masculina, actitudes, etcétera), el hermano Yiye tenía un entendimiento, aunque no del todo wesleyano, de lo que acabo de describir como Perfección Cristiana. En su libro “Sin Santidad Nadie le Verá”, dice lo siguiente en cuanto a la perfección descrita en Mateo 5:48:

“Nos llamó a perfección; algo más que santidad. En la santidad aún hay espacio para ser más santos. Podemos estar limpios delante de Dios y limpiarnos más. Pero si se es perfecto, se ha alcanzado la plenitud. Tenemos que seguir esforzándonos hasta alcanzar la altura de la plena bendición de Dios” (Ávila, 1994, pág. 6).

Y aunque el hermano Yiye predicaba con mucho énfasis la santidad externa, nos dice cómo debemos tratar a la gente que no ha sido santificada exteriormente, algo muy lejos de la actitud de muchos maestros de Sana Doctrina del pentecostalismo actual:

“Muchas veces, caemos en el error de criticar y hasta condenar a personas que están limpios y santificados delante de Dios, pero cuya apariencia nos hace dudar de ello. Les falta limpiarse y santificarse un poco más. Porque si están santificados, no están condenados, ni irán al infierno” (Ávila, 1994, págs. 6-7).

Y sobre los que son como era yo, que mirábamos con desprecio y condenación a los que no estaban tan santificados exteriormente como uno:

“Es una falta de amor mirarlos y juzgarlos; decir que están condenados y que irán al infierno. Algunos de ellos están más cerca de Dios que lo que nosotros pensamos. De nada sirve estar bien por fuera, si el viejo hombre domina nuestras vidas” (Ávila, 1994, pág. 20).

Por lo que podemos ver, el hermano Yiye, aboga más a una santidad interna, la crucifixión del yo, a que solo sea una santificación solo pro el exterior. Esto, aunque no es lo óptimo en cuanto a santificación, está muy lejos del legalismo que se ve entre los pentecostales en la actualidad.    

Espero este artículo te sea de bendición a tu vida,

Tu hermano en Cristo,

Rafael Stringel

Bibliografía

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Todas las citas bíblicas usadas son de la versión Reina Valera 1960 de las Sociedades Bíblicas Unidas, a menos que se diga lo contrario.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Muchas gracias por el trabajo de escribir este artículo.

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    1. Que bueno que te fue de bendición. Saludos!

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