El Poder de Resurrección de Jesucristo; El Poder para la Salvación Completa del poder del pecado.

Portada El Poder de Resurrección

Introducción

Durante el culto del miércoles de mi iglesia, a varios de los miembros del equipo de alabanza se nos pidió que en breves palabras describiéramos que era la cruz para nosotros. Lo que el Señor me dio para decir, fue que el Señor Jesucristo al morir, el velo del velo que separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo del Templo de Jerusalén se rasgó “de arriba abajo” (Mateo 27:51). El hecho que se haya rasgado de arriba a abajo, da a entender, que fue el mismo Dios Padre fue el que rasgó el velo. El Lugar Santísimo, representaba la misma plenitud de la Presencia misma de Dios (Hebreos 9:3-5), y que gracias a la Obra Redentora y Completa en la cruz tenemos el camino abierto al Lugar Santísimo, a la misma Presencia de Dios.

“Así que,  hermanos,  teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo,  por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo,  esto es,  de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero,  en plena certidumbre de fe,  purificados los corazones de mala conciencia,  y lavados los cuerpos con agua pura” (Hebreos 10:19-22).

En este pequeño artículo, tratare de describir esta obra completa en la cruz, el Poder de Resurrección de Jesucristo.

“Y Dios,  que levantó al Señor,  también a nosotros nos levantará con su poder” (1ª de Corintios 6:14).

Regeneración por el Espíritu Santo

El término regeneración es simplemente “dar vida al que no tenía”. Nosotros estábamos muertos en delitos y pecados, por el pecado original (Romanos 3:9-12, 23), separados de la gloria de Dios, pero al creen en Cristo, Él nos dio vida.

“Y él os dio vida a vosotros,  cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo,  siguiendo la corriente de este mundo,  conforme al príncipe de la potestad del aire,  el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne,  haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos,  y éramos por naturaleza hijos de ira,  lo mismo que los demás. Pero Dios,  que es rico en misericordia,  por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados,  nos dio vida juntamente con Cristo  (por gracia sois salvos)” (Efesios 2:1-5)

La regeneración ocurre en el momento después de creer, no antes.

“Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo,  el Hijo de Dios,  y para que creyendo,  tengáis vida en su nombre” (Juan 20:31).

La regeneración es una obra exclusiva del Espíritu Santo, por lo tanto de Dios. El hombre no se puede dar vida a sí mismo.

“Y habiendo dicho esto,  sopló,  y les dijo: Recibid el Espíritu Santo” (Juan 20:22).

Al soplar Jesús sobre sus discípulos, lo hizo de manera analógica al relato bíblico de la creación del hombre, al momento que Dios imparte vida en él (Génesis 2:7).

“Nos salvó,  no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho,  sino por su misericordia,  por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo (Tito 3:5).

Justificación

“Y a los que predestinó,  a éstos también llamó;  y a los que llamó,  a éstos también justificó;  y a los que justificó,  a éstos también glorificó” (Romanos 8:30).

Para muchos, el tema de la predestinación es muy problemático, ya que es, de hecho, un tema muy controversial. En los dos “campamentos teológicos” principales del protestantismo, el arminianismo y el calvinismo, la controversia no está en el si somos o no predestinados, sino en el cómo lo somos, aunque para este artículo no tocaré el tema.

La justificación es simplemente: “la absolución divina, perdón y olvido” (Caram, 2012, pág. 109). Es una experiencia instantánea al ser declarados justos (Caram, 2012, pág. 109).

La justificación se divide en dos:

  1. Justificación imputada.
  2. Justificación impartida.

La Justificación imputada, es el hecho de somos contados como justos (Caram, 2012, pág. 109).

“¿Qué,  pues,  diremos que halló Abraham,  nuestro padre según la carne? Porque si Abraham fue justificado por las obras,  tiene de qué gloriarse,  pero no para con Dios. Porque  ¿qué dice la Escritura?  Creyó Abraham a Dios,  y le fue contado por justicia. Pero al que obra,  no se le cuenta el salario como gracia,  sino como deuda; mas al que no obra,  sino cree en aquel que justifica al impío,  su fe le es contada por justicia. Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas,  Y cuyos pecados son cubiertos. Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado” (Romanos 4:1-8).

Simplemente al creer, en ese momento, el contado por justo por la absolución divina. Dios, por el sacrificio de Cristo, olvida nuestras faltas y somos absueltos.

“Ahora,  pues,  ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús,  los que no andan conforme a la carne,  sino conforme al Espíritu” (Romanos 8:1).

¿De que debíamos ser absueltos o perdonados? Del pecado original que manchó a toda la raza humana.

“Así que,  como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres,  de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores,  así también por la obediencia de uno,  los muchos serán constituidos justos” (Romanos 5:18-19).

El pecado original, o adámico manchó a toda la Humanidad, haciéndola culpable (Romanos 3:9-12), y separándola de la gloria de Dios (Romanos 3:23). Hoy es muy común ver predicadores de un Evangelio Antropocéntrico, o de éxito y superación personal, que no mencionan, o incluso niegan la doctrina del pecado adámico, haciendo una “salvación sin necesidad de arrepentimiento”. Pero, la doctrina del pecado original es una doctrina fundamental para el cristianismo. Sin ella, la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo carecería de sentido alguno. Como diría el reverendo John Wesley, fundador de la Iglesia Metodista, sobre el pecado original:

¿Está el humano por naturaleza lleno de toda clase de mal? ¿Está vacío de todo bien? ¿Está totalmente caído? ¿Está su alma totalmente corrompida? O, para regresar al texto, ¿es todo designio de su corazón continuamente el mal? Admite esto, y hasta aquí eres cristiano. Niégalo, y no eres más que un pagano todavía” (Wesley, 1996, pág. 102).

La justificación impartida, es la justicia que ha sido obrada en la vida del creyente (Caram, 2012, pág. 109). Este es un proceso gradual, ya que somos nombrados justos, pero hay áreas en nuestras vidas en las que todavía no somos justos.

“No mintáis los unos a los otros,  habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo,  el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno” (Colosenses 3:9-10).

Somos justificados meramente y solamente por la Gracia de Dios.

“Siendo justificados gratuitamente por su gracia,  mediante la redención que es en Cristo Jesús (Romanos 3:24).

Algo que es una verdad hermosa, es que somos salvos solamente porque Él nos amó primero (1ª de Juan 4:19) y no porque nosotros le amamos primero a Dios o porque Dios vio algo bueno en nosotros. Esto trae mucha confusión en el cristiano, en especial al dar un testimonio de salvación personal al decir, la mayoría de las veces, sin ningún tipo de malicia: “Cuando encontré al Señor”. Esto me pasaba muchas veces, por eso ahora prefiero decir: “Cuando el Señor me encontró, pero esto es una decisión meramente personal.

La Salvación, no es para nada obras, para que nadie se gloríe, sino solo por gracia.

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe;  y esto no de vosotros,  pues es don de Dios; no por obras,  para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9).

Estas obras, Pablo las referencia a las “obras de la Ley”, y hace una diferencia con la justificación por la fe.

Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición,  pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley,  para hacerlas. Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios,  es evidente,  porque: El justo por la fe vivirá” (Gálatas 3:10-11).

Es por eso, que el instar a que el pecador haga una decisión por Cristo, no es errado como muchos calvinistas mencionan, aunque no lo prohíben en sus libros, como lo dice el Dr. Mark Dever, un maestro calvinista, en su libro ¿Qué es una Iglesia Saludable?

“Cuando yo evangelizo, yo intento de transmitir a las personas estas tres cosas sobre el hacer una decisión por el Evangelio:

  1. La decisión es costosa, por lo que debe ser cuidadosamente considerada (Lucas 9:62).
  2. La decisión es urgente, por lo que se debe hacer lo más pronto posible (Lucas 12:20).
  3. La decisión vale la pena, por lo que debes hacerla (Juan 10:10)” (Dever, 2005,2007, pág. 92).

El medio por el cual somos justificados es la fe.

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe;  y esto no de vosotros,  pues es don de Dios” (Efesios 2:8).

La fe es un don de Dios, y no es algo que nosotros naturalmente tengamos, ya que es dado por Dios. Es un tema algo controversial, y me gustaría citar al Dr. Paul G. Caram, que lo explica de manera magistral en su libro Fundamentos de la Fe.

La fe es un don de Dios. No es algo que nosotros podamos producir. Para ser salvos se requiere una impartición de la fe de Dios en el corazón… No debemos decirle a una persona: “Usted debe creer”. Esto no es escritural, ni es posible tener fe por nosotros mismos. Requiere una impartición de la fe de Dios. Para ser salvo, Dios debe impartir Su fe a un pecador para ayudarle a creer. Explíquele la verdad de la salvación. Dígale que clame el nombre del Señor. Haga que le pida al Señor que le dé la fe para creer. La fe viene por el oír la Palabra de Dios (Ro.10:17). La fe es creada en el oyente a medida que la Palabra es predicada” (Caram, 2012, pág. 112).

Y finalmente, el portal de la salvación, o de la justificación, es el arrepentimiento.

“Pedro les dijo: Arrepentíos,  y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados;  y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38).

El arrepentimiento es solo más que dar media vuelta e ir por otro lado del que originalmente ibas.

El Bautismo en el Poder del Espíritu Santo

Pero recibiréis poder,  cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo,  y me seréis testigos en Jerusalén,  en toda Judea,  en Samaria,  y hasta lo último de la tierra (Hechos 1:9).

Con la regeneración, somos bautizados o inmersos, en el cuerpo de Cristo por el Espíritu Santo (1ª de Corintios 12:13), pero con el Bautismo en el Espíritu Santo, somos bautizados por el Bautizante en el Espíritu Santo, Jesucristo, en el Poder del Espíritu Santo y fuego.

“Respondió Juan,  diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua;  pero viene uno más poderoso que yo,  de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado;  él os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Lucas 3:16).

La experiencia del bautismo en el Espíritu Santo es para todo creyente, y es como lo dice el Rev. David Wallis, director de Zion Ministerial Institute, seminario donde estudié, “es una puerta de entrada a la esfera sobrenatural de Dios” (Wallis, 2006, pág. 111).

Para leer más sobre el tema te paso el siguiente artículo que tengo en formato Word, titulado ¿Qué es el Bautismo en el Espíritu Santo?

Cristo el Santificador

“Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús,  el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría,  justificación,  santificación y redención” (1ª de Corintios 1:30).

La santificación, es el proceso por el cual, después de que somos salvos, somos “renovados “a la imagen de Dios “en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4:24)” (Wesley , La Perfección Cristiana, Juan Wesley, 1993 – 2011 ).

La santificación, es una obra tanto instantánea, como progresiva. La santificación instantánea (también llamada santificación posicional), es dada al mismo instante de la Justificación. Somos santificados, apartados, consagrados exclusivamente para el servicio de Dios al momento de ser salvos, somos “santificados en Cristo Jesús” (1ª de Corintios 1:2ª). Pero en nuestro caminar cristiano, debemos avanzar en santidad, a esto se le llama santificación gradual (también llamada santificación progresiva), ya que somos “llamados a ser santos” (1ª de Corintios 1:2b). En la santificación gradual o progresiva, el hombre es purificado de su naturaleza vieja o carnal.

“Tampoco nos atrevemos a afirmar, como han hecho algunos, que toda esta salvación es dada de una vez. Hay realmente una obra instantánea de Dios en sus hijos, como también gradual, y sabemos que existe una nube de testigos quienes han recibido en un momento dado o un conocimiento claro de sus pecados perdonados, o el testimonio del Espíritu Santo. Pero no tenemos conocimiento de un solo caso, en ninguna parte, de una persona que haya recibido, en el mismo momento, remisión de pecados, testimonio del Espíritu, y un corazón limpio y nuevo” (Wesley , La Perfección Cristiana, Juan Wesley, 1993 – 2011 ).

“Seguid la paz con todos,  y la santidad,  sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:1).

La palabra santidad, es la palabra griega jagiasmós, que significa, purificación (Strong’s G38), y esta, en un tiempo continuo.

“Amados,  ahora somos hijos de Dios,  y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser;  pero sabemos que cuando él se manifieste,  seremos semejantes a él,  porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él,  se purifica a sí mismo,  así como él es puro” (1ª de Juan 3:2-3).

El proceso de santificación (en un sentido de purificación) gradual, es una sinergia entre el poder del Espíritu Santo y la voluntad humana.

“Por tanto,  amados míos,  como siempre habéis obedecido,  no como en mi presencia solamente,  sino mucho más ahora en mi ausencia,  ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer,  por su buena voluntad” (Filipenses 2:12-13).

“Digo,  pues: Andad en el Espíritu,  y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gálatas 5:16).

Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros,  el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. Así que,  hermanos,  deudores somos,  no a la carne,  para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne,  moriréis;  mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne,  viviréis” (Romanos 8:11-13).

El proceso por el cual el hombre muere a las obras de la carne, es la crucifixión de su naturaleza carnal, tomando su cruz cada día y negándose a sí mismo.

“Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí,  niéguese a sí mismo,  tome su cruz cada día,  y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida,  la perderá;  y todo el que pierda su vida por causa de mí,  éste la salvará. Pues  ¿qué aprovecha al hombre,  si gana todo el mundo,  y se destruye o se pierde a sí mismo?” (Lucas 9:23-24).

Aquel que lleva una vida crucificada, es alguíen que tiene la circuncisión del corazón, ya que no tiene confianza alguna en su carne (confianza en sus fuerzas o habilidades humanas) para llegar a la santificación.

“Porque nosotros somos la circuncisión,  los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús,  no teniendo confianza en la carne” (Filipenses 3:3).

¿Cuál es el propósito para el hombre al ser purificado gradualmente por el poder del Espíritu Santo a través de la santificación gradual? El llegar a ser perfecto, como el Padre en los cielos lo es.

“Sed,  pues,  vosotros perfectos,  como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:48).

Pero, el ser perfecto, ¿No es algo imposible para el humano? Si estas hablando de perfección sin error o pecado, si es imposible, ya que la perfección absoluta es solo un atributo de Dios. La perfección que habla Jesús en Mateo 5:48, no es una perfección absoluta. La palabra griega que se usa para “perfecto”, es la palabra griega téleios, que significa, ser pleno, alcanzar madurez (Strong’s G5046). En el Antiguo Testamento, tenía una connotación de sinceridad, integridad, derivado de la palabra hebrea tamím (Strong’s H8549).

“Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado,  hasta que se halló en ti maldad” (Ezequiel 28:15).

Por lo tanto, en la Biblia, el ser perfectos, significa tener una sinceridad plena, total a Dios y también habla de una plenitud en el amor ágape (amor sacrificial) de Dios.

“Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo,  y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos,  bendecid a los que os maldicen,  haced bien a los que os aborrecen,  y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:43-44)

El Rev. John Wesley, definió así a la perfección cristiana, como llamó a esta doctrina.

 “En un sentido es pureza de intención, dedicación de toda la vida a Dios. Es darle a Dios todo nuestro corazón, es decir, el permitir que El gobierne nuestra vida. Es, además, dedicar no sólo una parte, sino toda nuestra alma, cuerpo y bienes a Dios. Bajo otro punto de vista, es tener toda la mente que hubo en Cristo, que nos capacita para andar como El anduvo. Es la circuncisión del corazón de toda inmundicia, tanto interior como exterior. Es una renovación del corazón a la completa imagen de Dios, a la completa semejanza de Aquel que nos crió. Por otra parte es amar a Dios con todo nuestro corazón, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Ahora estudiadla considerando cualquiera de estos puntos (porque no hay diferencia material), puesto que esta es la perfección cristiana que yo he creído y enseñado por los últimos cuarenta años, desde el año 1725 hasta el 1765” (Wesley , La Perfección Cristiana, Juan Wesley, 1993 – 2011 ).

La Glorificación

“Y a los que predestinó,  a éstos también llamó;  y a los que llamó,  a éstos también justificó;  y a los que justificó,  a éstos también glorificó” (Romanos 8:30).

“He aquí,  os digo un misterio: No todos dormiremos;  pero todos seremos transformados, en un momento,  en un abrir y cerrar de ojos,  a la final trompeta;  porque se tocará la trompeta,  y los muertos serán resucitados incorruptibles,  y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción,  y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción,  y esto mortal se haya vestido de inmortalidad,  entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está,  oh muerte,  tu aguijón?  ¿Dónde,  oh sepulcro,  tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado,  y el poder del pecado,  la ley. Mas gracias sean dadas a Dios,  que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1ª de Corintios 15:51-57).

La glorificación de nuestros cuerpos, es en la resurrección de los santos en Cristo durante la Segunda Venida de Cristo. Es la gran esperanza del cristiano, ya que es cuando nuestros cuerpos se vestirán de inmortalidad (ya no moriremos ni enfermaremos), seremos libres de todo pecado, y lo más importante, ¡Disfrutaremos eternamente de la Presencia de Dios!

Conclusión

Creo que podría hacer más extenso este artículo al estudiar la Obra Completa de Cristo en la Cruz. Podría agregar, que el Poder de Resurrección  de Cristo está presente en la sanidad divina, solo por citar un ejemplo, pero solo cite los puntos más importantes a mi modo de ver. Espero este artículo haya sido de bendición.

“El Señor resucitó, ¡Aleluya!

A la muerte El venció, ¡Aleluya!

Por su fuerza y su virtud ¡Aleluya!

Cautivó la esclavitud, ¡Aleluya!”

Himno de Charles Wesley

Bendiciones,

Rafael Stringel

 

Bibliografía

Caram, P. G. (2012). Fundamentos de la Fe. Guatemala Guatemala: Instituto Bíblico Jesucristo.

Dever, M. (2005,2007). What is a Healthy Church? Wheaton Illinois USA: Crossway Books.

Wallis, R. R. (2006). Manual Para Nuevos Creyentes. Waverly NY USA: Christian Zion Publishers.

Wesley , J. (1993 – 2011 ). La Perfección Cristiana, Juan Wesley. Recuperado el 17 de Abril de 2017, de The Wesley Center Online: http://wesley.nnu.edu/espanol/la-perfeccion-cristiana-juan-wesley/

Wesley, J. (1996). Obras de Wesley, Tomo III (Vols. Tomo III, Sermones III). (J. L. Gonzalez, Ed.) Henrico, North Carolina, USA: Wesley Heritage Foundation Inc.

Todos las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera 1960 a menos que se indique lo contrario.

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